
Época hermosa, época de gracia. ¿Cómo has preparado tu corazón? ¿Estás listo para ir a Belén y darle al Niño tu corazón? ¿Has vivido plenamente el Adviento?
Son preguntas que merecen la pena detenernos a responder. Piensa en el Adviento como un camino, un surco que hay que recorrer. Un camino se hace para andar, no para detenerse. Vamos juntos presurosos a Belén, vamos juntos preparando nuestro corazón para la Navidad.
Tengo que decir que la Navidad es mi época favorita. La espero con ansias: los villancicos, la corona de Adviento, la familia, Jesús. Es todo lo que hace esta época demasiado especial. Me traslado a mi infancia y recuerdo las posadas en mi hogar, momentos donde, con una pandereta, cantábamos, orábamos y preparábamos el camino que nos llevaba a Belén.
Quiero invitarte a que hagas especial esta Navidad. No nos acostumbremos a estas fiestas, no pensemos que cada año es una Navidad más. Juntos dispongamos el corazón para que la venida de Jesús la podamos celebrar con todo fervor. Traslada tu mente a tus años de infancia y trae la alegría de los momentos que vivías en estas fiestas.
Hoy quiero pedirte que meditemos juntos en un villancico que, personalmente, es mi favorito, uno que resuena en mi corazón y que, para mí, describe cómo debemos prepararnos para Navidad.
Escucha su letra, traslada tu mente y tu corazón a aquella noche fría de Belén, y juntos meditemos en lo que el pequeño tamborilero nos quiere enseñar hoy.
El tamborilero, los pastorcitos, tú y yo, queremos ver al Rey…
El relato nos lleva a aquella noche donde la luz iluminó las tinieblas: ha nacido Jesús, el Mesías esperado. Los pastores han sido avisados. ¿Dudaron? ¿Acaso fueron indiferentes al llamado del ángel? Los pastores son maestros de docilidad, de fe, de esperanza. Lo dejaron todo por ir a encontrarse con el Mesías. Hoy te invito a que dejemos de lado todo lo que nos pueda distraer y vayamos juntos a ser parte de esta dicha sin par: la eternidad nos llega.
No solo lo dejaron todo, sino que, como la canción lo expresa, los pastores tienen un anhelo inmenso de encontrar a Jesús. El anhelo es lo que los mueve, la esperanza su motor, la fe su soporte.
¡Cuánto tenemos que aprender tú y yo de ellos! Pidamos en oración que nuestro anhelo más grande en Navidad sea encontrar al Niño en el portal; que nada nos desvíe de Belén, que nada tape la estrella que nos conduce al establo, y que el amor nos mueva a acelerar el corazón.
«…no poseo más que un viejo tambor»
Llegan al portal, no quieren ir con las manos vacías. Todos juntan lo mejor que tienen, no lo que les sobra: lo dan todo. Qué ejemplo encontramos aquí. Nuestro tiempo, nuestras acciones, nuestros espacios de oración y recogimiento, debemos darle todo al Señor, sin medida, sin miramientos.
Realmente me conmueve el relato: «Yo quisiera poner a tus pies algún presente que te agrade, Señor». Todos quisiéramos darle a Dios maravillas, cosas grandes, pero el amor es lo que le da valor a cuanto hagamos. «Mas tú ya sabes que soy pobre también».
Es preciso que reconozcamos nuestras limitaciones, pero que las superemos. Esta Navidad, Dios quiere de ti tu corazón, tu esfuerzo, que vivas en gracia. ¡Qué regalos para el Niño Jesús!
«Su ronco acento es un canto de amor»
Te pido que, con tu familia, escuches el «Tamborilero» y tomes 30 segundos para interiorizar cada palabra. Todos tenemos luchas, todos tenemos dificultades, todos tenemos miedos y dudas; pero la alegría debe reinar, y la esperanza debe impulsarnos.
Dios sabe lo que hay en tu corazón y quiere amar a través de ti. El pequeño tamborilero lo exclama: «Nada mejor hay que te pueda ofrecer».
Esto quiere Dios de nosotros: que le demos lo mejor, que le entreguemos nuestras luchas y renuncias.
Preparemos el corazón, oremos, entreguemos todo al Rey de Reyes, de manera que, «cuando Dios me vio tocando ante él, me sonrió». Que, al final, en el portal, logremos hacer sonreír al Señor.

Excelente vivamos ya la alegría de la llegada de ésta maravillosa NAVIDAD que debe ser única, exclusiva y muy especial. Feliz Navidad para todos y todas. Bendiciones