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«Los Niños de Windermere» es un drama dirigido por Michael Samuels que narra la experiencia de un grupo de niños sobrevivientes a los campos de concentración nazis. La película está basada en hechos de la vida real y cuenta con testimonios que ablandan el corazón (y las lágrimas) de cualquiera. 

La historia se desarrolla en un centro de acogida del gobierno británico que tenía como objetivo rehabilitar a estos niños para ayudarlos a reintegrarse a la sociedad. Es un excelente recurso para hablar del sentido del dolor y el sufrimiento.

De la capacidad que tenemos los seres humanos de reinventarnos, volvernos a levantar y luchar por alcanzar la felicidad. Es una película dura, que mezcla la más dolorosa y cruel realidad con la alegría y la esperanza que solo Dios puede poner en nuestro interior para recuperarnos de heridas que parecen no tener cura. 


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Volver a nacer

«Los Niños de Windermere» es una de esas buenas cachetadas de realidad que a veces nos hacen tanta falta. Recordar lo que sucedió en el holocausto duele, duele siempre. Y si nos duele a nosotros, ahora imaginemos todo lo que puede seguir doliendo en el corazón de los sobrevivientes, de sus familiares, amigos o conocidos cercanos.

Pensar en que todo lo que sucedió no fue parte de una película de terror, sino de la realidad, siempre nos lleva a cuestionarnos. ¿Cómo pudo pasar todo esto?, ¿cómo pudo el ser humano cometer semejante cosa?, ¿cómo puede sanarse tanto dolor, tanto sufrimiento, tantas cicatrices?

Ver esta película me hizo pensar en el dolor de Jesús en la cruz, en la soledad que sintió y en la que sintieron todas estas personas en los campos de concentración. En la humillación que tuvo que soportar, y que era el pan de cada día de miles de personas judías. En el desprecio, la tristeza, el abandono, y el silencio, el silencio que mata.

Si este acontecimiento duele desde cualquier ángulo, puede doler muchísimo más si nos centramos en el que llevaban a rastras estos niños. 732 niños sobrevivieron a la más espantosa pesadilla, 732 almas lastimadas hasta lo más hondo, 732 infancias robadas.

¿Se puede volver a nacer? «Los Niños de Windermere» nos demuestran que incluso luego del más desgarrador sufrimiento la vida puede tener sentido. Puede haber un nuevo horizonte, un nuevo despertar, un nuevo comienzo, si es que así lo decidimos.

El dolor, la esperanza y la reconciliación

La película retrata muy bien estos tres temas, y se centra en uno que me tocó mucho: la pérdida del «yo». ¿Qué pasa cuando pierdo mi identidad? Cuando ya no soy Nory o Carlos o Ana o Martín, sino un número, o peor aún: siento que no soy nada.

Los protagonistas de «Los Niños de Windermere» son conscientes de que lo han perdido todo, su identidad, su familia, su rumbo. Pero hay algunas cosas que nadie nos puede arrebatar, sin importar lo que hayamos vivido:

La esperanza, las ganas de salir de la oscuridad, de recuperar la libertad interior, de abrazar a nuestro verdadero yo y de reconciliarnos con nosotros mismos.

Basta un pequeño gesto de misericordia para cambiarlo todo. Estos niños encontraron una mano generosa que les hizo ver que no todo en el mundo tenía que seguir siendo igual, el centro de acogida de Windermere les permitió volver a nacer.

Volver a respirar sin miedo, volver a correr más no a huir, a trabajar por lo que querían más no a ser esclavos, a amar y ser valorados por el simple hecho de ser seres humanos. Muy pocas veces hablamos del «después», de lo que pasa luego de un profundo dolor.

«Los Niños de Windermere» nos demuestran que es ese mismo dolor el que nos impulsa y nos pide a gritos libertad. La película es un recurso invaluable para hablar de esta capacidad hermosa que solo Dios puede darnos de empezar de cero. De levantarnos una mañana, mirarnos al espejo y reconocernos dignos de tocar la felicidad con las manos.

Frases de almas recuperadas

El final de la película es hermoso, tomé algunas frases que me conmovieron mucho y que no hacen parte del guion, sino de los mismos sobrevivientes:

— «Y aún si luchan con el más oscuro de los pensamientos, estén abiertos a las maravillas que la vida puede ofrecer».

— «Sentí como si volviera a vivir, todo se abrió para mí. Me empecé a sentir como un ser humano otra vez” eso es lo que Windermere hizo por mí».

— «Los recuerdos son absolutamente indescriptibles. Después de todas las dificultades, el hambre y las enfermedades, en Windermere comenzaron las cosas buenas».

— «Hice muchos amigos, esto es lo más importante, porque ya no estuve más solo».

— «Windermere es mi primer hogar en Inglaterra, lo que significa que siempre le sido leal. Soy ciudadano de un estado, estoy orgulloso de eso, mucho. Cuando muestro mi pasaporte británicos, se quién soy».

— «Soy una persona feliz y también ayudo… trato de ayudar a mis semejantes tanto como puedo».

Espero que puedan ver la película y saquen su propia reflexión. Es apta para ver en familia, incluso con niños (mayores de 10 años) está disponible en Amazon y Movistar+. ¡Cuéntenme en los comentarios si ya la vieron! 🎬

Los Niños de Windermere: lecciones de la película