Esperar en Dios

A veces pasa que nos sentimos desbordados, consumidos por la ansiedad o atravesando momentos de angustia; momentos en los que incluso nos cuesta un poco confiar y esperar en Dios porque carecemos de la paciencia suficiente y queremos que todo se solucione ya mismo. Pero aunque nos cueste horrores el desierto que atravesamos, sabemos muy bien que lo que realmente necesitamos es parar y simplemente orar.

Cuando vayas a hacerlo, te recomiendo comenzar tu oración con una canción que refleja claramente estos sentimientos y nos inspira a esperar en Dios, a retornar a Él con confianza. Así es como Aldi Canale nos enseña que si damos Un paso a la vez alcanzaremos nuevamente la luz:

Esperar en Dios

Esta canción resulta ideal para el tiempo que estamos atravesando. Como cada tiempo litúrgico durante el año está planificado, preparado y pensado para nuestra santificación, la Cuaresma constituye, especialmente, un tiempo para detenerse, para adentrarnos en nuestro propio desierto, así como lo hizo Jesús durante 40 días.

El desierto es un lugar de prueba y preparación; son todas las batallas que atravesamos, pero no significa que debamos atravesarlas solos.

Como fue mencionado en un mensaje del papa Francisco, «la Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y esperanza en el Señor, […] La fe no nos libra de las dificultades de la vida, pero nos permite afrontarlas unidos a Dios, con la gran esperanza que no defrauda».

Él nos guía en medio del desierto, nos acompaña incluso cuando no sintamos nada. Como canta Aldi Canale: «En ti espero y aun cuando no vea el final, un rayo de tu luz me bastará, caminaré un paso a la vez». Por todo esto es que podemos esperar en Dios confiadamente.

Él es fiel

Gracias a la Palabra, descubrimos hace tiempo cómo Dios nos ama y lo sabe todo sobre nosotros: las batallas más profundas de mi alma, los miedos y preocupaciones que me atormentan. Dice Lucas en su Evangelio: «Ustedes tienen contados todos sus cabellos».

Y ya en el salmo 139 cantamos: «Señor, tú me sondeas y me conoces; tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso». Estos son solo dos ejemplos de entre la cantidad enorme de frases en la Biblia que muestran que Dios nos conoce completamente y así nos ama.

Dios es fiel, Dios nos ama, ¡por supuesto que sí! Porque Él es nuestro Padre bueno, por eso en Él podemos encontrar calma, como Aldi Canale nos ayuda a recordar en su canción: «Si te miro, esta noche no es tan larga».

Dios siempre nos cuida y nos sostiene, incluso si cruzamos las oscuras quebradas. En una catequesis de Benedicto XVI se aseguraba que, mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, «Él escucha el grito de quienes tienen hambre de paz, de alegría y de amor, y no permite que predomine la oscuridad».

Dios es fiel y no puede negarse a sí mismo. La fidelidad es su naturaleza, su modo de ser. En la Biblia vemos incontables veces la misma lógica: Él promete, Él acompaña, Él cumple.

Por eso podemos esperar en Dios y confiar en su fidelidad, incluso cuando no vemos inmediatamente el resultado. Su amor no cambia y sus promesas siempre se cumplen; por eso Dios permanece fiel, incluso cuando nosotros nos alejamos, y Él siempre espera nuestro regreso.

Permanecer

Sabemos que Jesús estuvo 40 días en el desierto antes de comenzar su ministerio. Por un lado, al vencer las tentaciones nos enseña a confiar en Dios frente al mal. Por otro lado, esos 40 días emulan los 40 años que pasó el pueblo de Israel en el desierto; Jesús «repite» ese camino pero permaneciendo fiel a su Padre.

Podemos pasar por muchos desiertos a lo largo de nuestra vida; son tiempos de prueba, pero si los sabemos aprovechar pueden llegar a ser fuertes momentos de encuentro con Dios. Como bien explicaba el papa Benedicto XVI en una de sus audiencias:

El desierto del que se habla tiene varios significados. Puede indicar el estado de abandono y de soledad, el «lugar» de la debilidad del hombre donde no existen apoyos ni seguridades, donde la tentación se hace más fuerte. Pero puede también indicar un lugar de refugio y de amparo […] en el que se puede experimentar de modo particular la presencia de Dios.

Siempre que atravesemos un desierto, tratemos de pedir al Señor que nos purifique y aumente nuestra fe, ya que por medio de su gracia permaneceremos en Él. Seguramente nos cueste, seguramente tropecemos muchas veces, pero no nos rindamos. Como dice Lucas en su Evangelio: «El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho». Busquemos siempre permanecer fieles a Dios, aunque solo sea un paso a la vez.

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