
En un artículo anterior hablamos sobre la virtud de la prudencia y cómo su práctica puede ayudarnos a construir un noviazgo con propósito. Hoy te quiero hablar de una virtud distinta, pero igual de poderosa: la fortaleza.
Y es que si hay una virtud que puede salvar cualquier relación de las batallas más duras, es esta.
El miedo al compromiso y la esperanza

Se suele decir que uno de los grandes males de las nuevas generaciones es el miedo al compromiso. Aunque esta idea puede sonar pesimista, me gusta darle un giro esperanzador: muchas personas no huyen del amor por frivolidad, sino porque temen fracasar en un proyecto tan importante como el matrimonio.
Es ahí donde la fortaleza se vuelve clave. Todos tenemos miedo al fracaso, en mayor o menor medida. Pero cuando confiamos en nuestras capacidades y, sobre todo, en el obrar de Dios, entendemos que si bien existe el riesgo de caer, también hay una gran posibilidad de que todo salga bien.
¡Y quienes anhelamos un gran matrimonio sabemos que vale la pena intentarlo!
¿Qué es la fortaleza, según el Catecismo?

El Catecismo de la Iglesia Católica define la fortaleza como una virtud moral que asegura firmeza y constancia en la búsqueda del bien.
Practicar esta virtud cotidianamente prepara el corazón para el matrimonio. Nos entrena para resistir las tormentas, para levantar cabeza después de una caída, para no dejarnos vencer por la tristeza ni por la desesperanza. No para hacernos perfectos, ojo.
Fortaleza y humildad: una combinación poderosa

La fortaleza no es orgullo. Tampoco es pensar que podemos todo por nuestras propias fuerzas. La humildad es parte esencial de esta virtud: reconocer que necesitamos de Dios para perseverar en el bien y sobre todo a reconocerlo (no todo en lo que queremos perseverar es bueno).
Cuando uno se sabe limitado, pero confía en la ayuda de la gracia, puede seguir adelante incluso en medio de la oscuridad.
Cuando las motivaciones externas desaparecen

En el matrimonio hay momentos en que no hay aplausos, ni mariposas, ni romanticismo de película. Ahí cuando todo se tambalea, la fortaleza sostiene y permite avanzar hacia la meta incluso en medio de la tormenta.
Porque sí: llegarán crisis. Habremos de enfrentar miedos, inseguridades, dudas profundas. Y si no estamos preparados, podría invadirnos la idea de que «ya nada tiene sentido».
Pero es justo en ese punto donde la fortaleza se manifiesta: cuando todo grita que te rindas, pero tú decides volver a intentar, volver a creer, volver a amar.
En resumen
La fortaleza no es una virtud para los momentos heroicos, sino para la vida diaria. Se entrena en lo pequeño para resistir lo grande.
Si estás en un noviazgo o ya casado, pregúntate: ¿estoy dejando que esta virtud crezca en mí? Porque no hay amor maduro sin fortaleza. Y ninguna relación sana se construye sin esfuerzo.
Pero con Dios y con una decisión firme del corazón, todo es posible. Aun las batallas más duras.
✍️ La autora de este artículo, Inna Muñoz, es creadora de contenido sobre educación afectiva para solteros y parejas. Puedes conocer más sobre su contenido y proyectos en @elamorenteoria
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Me encantó este artículo. Muy necesario, todos tambaleamos en el matrimonio. Con fortaleza y gracia alcanzaremos la meta🙏🏻