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¡¡¡Es Black Friday!!! El impulso por salir a comprar y sumergirme en la infinita oferta de millones de productos que el comercio online ha puesto al alcance de un click (o varios) es casi irresistible.

He planificado el día con detalle, tengo una lista de compras interminable. No me juzguen, «casi» nada es para mí. Lo hago para economizar, hay que ser responsable con el dinero. Son solo regalos para Navidad… En el fondo de mi cartera, mi tarjeta de crédito tiembla.

Una ola de consumismo masiva, que a ratos se asemeja más a un tsunami, parece calmarse frente a las excusas nobles que trato de inventar para silenciar mi conciencia y proceder con paso firme.


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¿Suena familiar?

Ojo, no estoy diciendo que, si compras en Black Friday, o lo promueves, o eres parte de él te vayas a condenar irrevocablemente. ¡No! Quién soy yo (o cualquiera) para juzgar el proceder de tus actos, con las justas puedo con los míos. Somos frágiles, y yo frente a un par de zapatos ya ni les cuento (sin críticas por favor).

Lo que he querido hacer con este post es generar algo de conciencia y contribuir con esta reflexión a fortalecer (si cabe esa palabra) un poquito la templanza y ser más congruentes con el tiempo litúrgico que empezamos a vivir.

1. Black Friday. ¿Qué es lo que realmente necesito?

Black Friday, ¡Black Friday! 6 puntos que debes tener en cuenta para no morir de culpa mañana

Resulta inconsistente que al día siguiente de haber dado las gracias por todo lo recibido (tradición norteamericana que se va extendiendo por todo el mundo), salgamos casi a quitarnos los ojos y empeñar la vida. Como bien lo decía Monseñor Munilla, la estrategia consumista es «generar el ansia por comprar lo que no necesitamos, con el dinero que no tenemos, bajo la ensoñación de aliviar nuestras frustraciones».

Personalmente creo que fechas como esta son una oportunidad clara para pensar en qué es lo que realmente necesitamos. Nos podemos llenar la boca con juicios, escandalizarnos frente a la forma en que compra «esa gente», y nos creemos libres de tales prácticas o inmunes a tales deseos. Y luego casi a escondidas, comprar compulsivamente cuando nadie ve. Lo cierto es que todos somos débiles y todos necesitados de misericordia, hasta en las compras.

Los deseos del ser humano se orientan a adquirir, a tener. Más aún en esta época donde casi todo se compra y se vende. Donde te dicen qué debes tener para considerarte exitoso, bello, respetable, a la moda. Recibimos tanta información que poco es el tiempo que nos tomamos para procesarla y reflexionar en qué es lo que verdaderamente necesito. ¿De dónde viene ese deseo enorme por más?

2. Prepárate con anticipación para recibir el mayor de los regalos

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Eso que casi a ciegas buscas, se encarnó hace dos milenios y más. Una vida eterna se hizo pequeña. Apenas arropado con pañales, entre pajas y heno. Lo quiero todo. ¡Sí! Lo quieres todo, pero ese todo que anhelas no tiene que ver con lo material, más bien con lo sobrenatural. Es algo que no se puede acumular, sino que rebasa, es incontenible y lo tienes que comunicar y compartir inevitablemente.

El mayor de tus bienes ya lo tienes. Eres libre de recibirlo y acogerlo en tu corazón. Prepararte para el Adviento es fundamental, este tiempo que empieza en apenas unos días, es una ocasión hermosa para hacerlo.

3. Si realmente necesitas algo material, sé inteligente en tu adquisición

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Somos testigos de la miseria que reina en el mundo. Imágenes que contrastan escandalosamente con la bonanza y exceso que se vive por otros lados. A veces pienso, y es solo una sugerencia, si toda esa ansia por comprar pudiéramos canalizarla y dirigirla hacia los que más lo necesitan.

No te digo que no compres nada, compra lo que necesites, compra lo que te pueda gustar, pero hazlo con sobriedad. Con agradecimiento por tener la posibilidad de hacerlo y con la generosidad de, tal vez, comprar para aquellos que más lo necesiten.

No me cabe duda de que debe haber mucha gente que espera este día para hacer compras pensando en los demás. ¿Cuántos abrigos, comida, zapatos podría comprar para aquellos que no lo tienen?

4. Si tengo un negocio, ¿aprovecho el Black Friday?

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¿Y si tengo un negocio debo resistirme a participar de las ofertas del Black Friday? Si tienes un negocio, en Black Friday o en cualquier momento, lo único que debes hacer es ser honesto y proceder con ética. Es loable buscar el éxito de tu negocio, pero nunca engañando al otro.

Las utilidades y el sostenimiento del negocio son importantes. De ello depende, en no pocos casos, el sostén de familias completas, la economía de los países. La ley de la oferta y demanda rige el mercado, pero no tu alma. Infórmate y contribuye desde dónde te toque para el bien.

5. Consumir y consumismo

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Hay una gran diferencia entre consumir y consumismo. Se necesita consumir de algunos bienes no solo para subsistir, sino también para desarrollarte en todas tus capacidades. Los bienes que contribuyan a eso están bien. Tú sabes cuáles son.

El consumismo por otro lado es el consumo excesivo y absolutamente innecesario de bienes y servicios. Consumo desmedido que te lleva prácticamente a la esclavitud. A la ansiedad de tener y tener cada vez más hasta el punto en que irónicamente pierdes todo. ¿En cuál de los dos te estás enfocando?

6. Hay un Black Friday que se va imponiendo entre los católicos

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¡Únete! «Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas». (Mt 10, 16)

Siempre hay oportunidad para hacer el bien a tiempo y a destiempo. Desde hace unos años, con el ingenio que tenemos los católicos, los amigos de «Arguments», propusieron un Black Friday para rezar por los «Men in black» (los hombres de negro), haciendo alusión a la vestimenta típica de los sacerdotes.

Que tal si hoy, en lugar de hacer compras innecesarias, le dedicas un tiempo de oración a nuestros amigos sacerdotes. Ellos lo necesitan y todos nosotros necesitamos de ellos. Fieles, valientes y firmes en su vocación. Son el camino y el medio por el cual accedemos a Cristo Eucaristía, el bien más preciado que el hombre pueda tener. Sin ellos… ¿qué haríamos?

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