la sociedad de la nieve

Llegamos un poco tarde, pero llegamos. Es casi un deber para nosotros recomendar la película «La sociedad de la nieve». Lejos de lo que muchos hemos sabido sobre esta historia, la tragedia de estos chicos no se reduce a un grupo de muchachos uruguayos de un equipo de rugby que sobrevivieron un accidente aéreo en medio de los Andes y comieron carne humana.

Recordar esta tragedia como «apenas eso», ha sido resultado de una cultura mediática centrada en el sensacionalismo que, hasta el día de hoy, no nos deja. 

He visto la película dos veces, aún hay frases y diálogos que siguen resonando en mi mente y en mi corazón, y escenas que aún me cuestan procesar. Quisiera consolidar en palabras lo que esta película me ha dejado, pero me es imposible.

Solo sé que, hace mucho tiempo, una película no me llevaba a reflexiones filosóficas, éticas y espirituales tan profundas como «La sociedad de la nieve».

Intentaré dejarles algunas razones por las que necesitan ver «La sociedad de la nieve», hoy nominada a dos premios Oscar. No garantizo que estas razones estén libres de spoilers, así que si aún no la han visto y ya leyeron hasta aquí, están advertidos. 

1. A veces necesitamos un golpe duro de realidad

No sé si son mis circunstancias personales, pero percibo este momento de la historia lleno de bonanza. Cualquier deseo puede ser satisfecho, o está al alcance de la mano de alguna manera. 

Nuestros anhelos muchas veces se quedan en lo material, en los sueños de la casa que quieres, los viajes que sueñas, el cuerpo perfecto, el éxito laboral, económico, en fin.

Sumado a la rapidez con la que la información nos llega y como en la pantalla de un celular podemos pasar en segundos de una noticia trágica sobre la guerra a comprar zapatos con solo mover el dedo pulgar de la mano, me llena de escalofríos.

Mirar esta película es sumergirse en el agua fría (o en nieve fría) de la realidad. 

No digo que sea terapéutico verla, ni mucho menos. Pero es una película hermosa, incluso con esas escenas tan fuertes y difíciles de digerir que nos llevan, en automático, cuestionarse la propia existencia. Nos damos cuenta de que hay situaciones tan duras y extremas. Nos damos cuenta de que, a veces, nos ahogamos en sin sentidos.

2. Conocer el verdadero sentido de una sociedad de amor

Estos chicos que, en su mayoría, oscilaban entre los 19 y 25 años venían de un lugar común. No solo pertenecían a un equipo de rugby, la gran mayoría venía del mismo colegio y compartía la fe. Era un grupo que se conocía de alguna manera y creo esto sumó tanto a favor: Nadie ama lo que no conoce.

Estos chicos sin saberlo ya se amaban, o por lo menos tenían la materia prima para elegir hacerlo. Tenían un horizonte en el que sus vidas se entrelazaban y se entrelazarían irrevocablemente, luego del accidente.  

Escuchaba a uno de los protagonistas decir: «cómo es que en un contexto donde lo perdés todo surge el amor como un motor de vida que te impulsa y te hace salir de cualquier situación posible e inimaginable».

En esta historia hay innumerables momentos para entender la importancia del grupo, entender cómo es que los amigos pueden amarse hasta el extremo (así, como nos amó el Gran amigo).

Podemos también ver cómo el amor permite ver belleza en una naturaleza que los tiene atrapados, pero que aun así es hermosa y quita el aliento. En esta historia uno mismo puede reflexionar en cuánto ama a los suyos y como el amor a la familia, a los orígenes no es poca cosa, como ese amor, esos lugares-personas pueden llegarse a convertir en el combustible para alimentar las ganas de querer seguir vivo.

3. Comprender la importancia de una educación para el amor, para el amor al prójimo

Esta película me ha llevado a tratar de entender aún más la relación de todos sus protagonistas. En una sociedad en la que la convivencia se hace difícil, me llama tanto la atención la manera en que este grupo de jóvenes, varones, resolvían sus conflictos de la manera en que lo hicieron. Es impresionante ver cómo llegaban a acuerdos, incluso en su impulsividad e imprudencia. 

Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes, cuenta que esta «hermandad de la nieve» se gestó años antes en el corazón de cada uno a través de la formación cristiana que habían recibido ya desde el colegio por parte de los hermanos irlandeses del Stella Maris al que muchos habían asistido. «Nos enseñaron valores, especialmente la lealtad, la amistad y la solidaridad… trabajamos codo a codo como nos habían enseñado los brothers».

Estos chicos ya llevaban dentro suyo el material necesario, «solo» hizo falta su libertad para orientar esa voluntad al servicio de la vida y de la vida de todos. 

Esto se ve en la compresión de la dignidad de cada uno, del honrar a sus muertos, de los conflictos ético-morales que sortearon para lograr sobrevivir. Y como siempre, Dios y su fe estuvieron presentes como los referentes máximos para cada una de sus decisiones.

4. La vigencia de las enseñanzas de Jesús

«No hay mayor amor que el de dar la vida por los amigos». Esta frase marca la historia de «La sociedad de la nieve». Es la frase que impulsa a los expedicionarios a dejarlo todo y salir a buscar ayuda atravesando cualquier montaña.

Siguiendo el sol, sin brújula alguna, porque había amigos que los necesitaban, porque había amigos que los esperaban y porque había amigos que seguro desde el cielo los acompañaron en esa ruta que nunca fue fácil. 

En esta película, podremos ver acciones y diálogos del amor genuino incomparable. Acciones que incluyen oración, tanta oración constante, infatigable.

Los diálogos entre los protagonistas son diálogos tan libres de interés personal, el interés más grande es la de sobrevivir, pero no a costa de otros, sino de sobrevivir juntos. Esto los convierte más que en sociedad en una comunión de amor. 

5. Con Dios nos podemos enojar… y Él nos ama

Uno de los sobrevivientes le reclama a Dios. «¿Por qué sucede esto?». Creo que en algún momento de la película y de nuestras vidas todos nos haremos esa pregunta. ¿Por qué un Dios que es amor, permitió tanto sufrimiento?, más allá de las respuestas personales que cada uno tenga, la respuesta de otro de los sobrevivientes me quedó retumbando: «¡Dios no tiene nada que ver con esto!».

Hasta ahora no sé por qué esa respuesta me descolocó tanto, tal vez sigo pensando en la magnitud de la libertad que Dios nos regaló. Y aún no comprenda bien, hay algo de esta película que me reconforta, Dios es Padre, un padre que nos hizo libres.

Y así, como uno se enoja con su padre, así esos chicos pudieron reclamarle, revelarse, incluso en algún momento perder la esperanza y la fe, pero Dios nunca dejó que el amor, la caridad se pierda. Aun cuando estuvieran enojados con Él.

Hay un diálogo en particular entre Arturo Nogueira y Numa Turcatti que es una verdadera pieza. Arturo le dice a Numa que lo disculpe, pero que él ya no creía en el Dios en el que Numa creía. Que su fe había cambiado, que era imposible seguir creyendo en el mismo Dios luego de haber pasado por la experiencia de la montaña.

Yo no creo que Arturo haya dejado de creer en Dios, creo que su fe ha dado un salto. Pasó de creer en ese Dios en el que creemos cuando somos niños, ese Dios que nos «dicta el qué hacer» para pasar a ver un Dios con rostro humano, un Dios que se hace concreto en el amor de nuestros seres queridos:

«Creo en el Dios que tiene Roberto en la cabeza cuando viene a curarme las heridas, en el Dios que tiene Nando en las piernas para salir a caminar sin condiciones. Creo en la mano de Daniel cuando corta la carne y Fito cuando la reparte sin decirnos a qué amigo perteneció y así poderla comer sin tener que recordar su mirada…»

6. La vida nunca muere y se defiende siempre

Numa Turtcatti, la voz que relata esta historia no es un sobreviviente. Él muere, se queda ahí en la montaña, soñando con su familia, soñando con volver a casa, amando incansablemente.

Es un personaje entrañable y creo que no hay mejor acierto de Juan Antonio Bayona, el director, que hacerlo el narrador de esta historia. Así hayan sobrevivido solo 16, lo cierto es que los otros 31 pasajeros de ese vuelo viven y vivirán eternamente, porque esa promesa ha sido cumplida.

Podría seguir escribiendo tanto sobre «La sociedad de la nieve», hay temas hermosos para tratar como la vida después de un trauma tan grande, la vida luego de las decisiones que tomamos, la culpa, el arrepentimiento, en fin.

Tantas aristas que «La sociedad de la nieve» nos abre. Dense un tiempo, mírenla, más de una vez y compartan con nosotros todo aquello que han descubierto en esta aventura resumida en algo menos de dos horas.