Hace apenas unos días la BBC y el New York Times se cubrieron de titulares afirmando que el papa Francisco había tildado de egoístas a los que prefieren adoptar mascotas antes que tener niños. Los comentarios no se hicieron esperar, miles en el mundo se sintieron ofendidos. 

Por otro lado, con un día de diferencia, los titulares de la prensa española nos comunicaban que España legislaba a favor de las mascotas considerándolos seres sintientes con todo lo que esto implica (desde herencias hasta la custodia compartida, entre otros)

Nuevamente los extremos. Para los amantes de los animales España se convierte en un ejemplo a seguir y para otros esta legislación es un desperdicio en recursos cuando existen necesidades más grandes en el mundo. 

¿Cómo conjugamos estos dos eventos? Vayamos en orden.

¿Qué dijo el papa Francisco? ¿Realmente hubo ofensa?

mascotas, Mascotas en lugar de niños. El papa Francisco los llama egoístas y España legisla a favor de ellos. ¿Cómo entender esto?

No es la primera vez que el pontífice se ha expresado sobre este tema. Como tampoco es la primera vez que han sacado de contexto sus afirmaciones.

Efectivamente en la audiencia general del 5 de enero el papa Francisco habló, en su catequesis sobre San José y la paternidad adoptiva de Jesús, sobre el valor grande de la adopción.

Es una catequesis, que vale la pena leer con detenimiento, el papa Francisco en un momento hace una reflexión sobre la orfandad en nuestros días y lo que socialmente se vive, diciendo:

«…Y hoy con la orfandad también hay un cierto egoísmo. El otro día, hablaba sobre el invierno demográfico que hay hoy: la gente no quiere tener hijos, o solamente uno y nada más. Y muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos».

Si leemos solo este extracto, las interpretaciones pueden ser miles. Ciertamente las palabras han sido sacadas de contexto. No es lo mismo decir que es egoísta que decir «hay cierto egoísmo». Hay muchas otras razones (y honrosas además) para la adopción de una mascota cuando no se tienen niños y el papa lo sabe.

La realidad de un invierno demográfico algo más complejo que el egoísmo

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Definitivamente el adoptar a un niño es algo muchísimo más serio, comprometido y demandante que adoptar una mascota.

La afirmación del papa encierra un problema mucho más complejo que el egoísmo. El egoísmo es parte del problema, pero hay más.

El invierno demográfico al que el papa hace referencia es una preocupación para todo occidente, especialmente para Europa, para el mundo entero en realidad.

No solo se trata del sistema económico que tambalea por una población disminuída que no logra cubrir las demandas de una población en edad de retiro (o jubilación).

El invierno demográfico es un síntoma de una «enfermedad» grave que va más allá de no tener hijos o no querer tenerlos y que, tal vez tenga que ver con una sociedad que impide el despliegue de lo humano.

Preferir una mascota sobre un niño

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El preferir una mascota sobre un niño tanto en lo práctico, como en la legislación nos habla de dónde estamos colocando nuestras prioridades los seres humanos.

Prioridades que tienen que ver en primer lugar con la supervivencia y en segundo lugar con la libertad. Y no podemos dejar de lado, lo difícil que es hoy conciliar el hogar con el trabajo y que todos los miembros de la familia se desarrollen adecuadamente. Por ejemplo, que las madres no tengan que ser dejadas de lado o no contratadas laboralmente por el hecho de ser madres.

El problema es complejísimo. Y claro, frente a la necesidad de apego de dar, de darse, y de otras necesidades afectivas más, nuestros amigos peludos, a los que tanto queremos se convierten hoy por hoy en una posibilidad concreta de afecto (para dar y recibir). 

Cuando las cosas se salen de proporción

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No hay nada de malo con adoptar una mascota y quererla, protegerla e incluso velar porque la legislación proteja la creación de abusos contra ella.

Somos los administradores de la creación por encargo de Dios. Es nuestro deber cuidarla. Cómo podría ser malo adoptar animales e incluso sentir un llamado especial a cuidarlos de cerca y evitar el maltrato de la creación en su conjunto.

El problema empieza cuando las cosas se salen de proporción. Cuando olvidamos la jerarquía que en la naturaleza hay y el justo valor que hay entre los seres vivientes.

Hay personas que nos desvivimos en atenciones hacia nuestras mascotas. El gasto de dinero es exagerado y el tiempo que se le dedica aún más. Tiempo que podría dedicarle a mis padres, a mis amigos, a mis hermanos, a mis hijos, ¡a mi esposo/a! Tiempo que podría dedicar en cultivar mis dones a ayudar a otros. 

Por mucho que amemos a nuestros cachorros, jamás podrán tener un valor más alto o siquiera igual al de una persona humana. Y esta es una verdad. 

Muchos dirán que sus mascotas son sus hijos. Lo cierto es que no lo son. Así el afecto sea enorme y profundo, y que lo es, nadie puede meterse con el afecto. Pero si es importante distinguir el orden de ellos.

Mirar las cosas con ojos de realidad y entender la libertad

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Necesitamos aprender a mirar las cosas con objetividad. Dejar el sentimentalismo a un lado y hacer valoraciones objetivas y reales sobre lo que hoy en día estamos viviendo.

No se trata de leer un titular y «jalarse de los pelos». Se trata detenerse un poquito y pensar qué hay detrás de esa afirmación. Mirar la realidad, de evaluarla, contrastarla y aplicar el pensamiento crítico.

¿Es egoísta preferir un perro antes que a un niño? Si hago oídos sordos a mi llamado de madre o padre y pongo por encima de este llamado a mi comodidad, y el hacer solo lo que quiero, pues sí es egoísta. Y hay que aceptarlo.

Muchas veces la adopción de mascotas se hace por escoger un cierto estilo de vida cómodo, sin sacrificio, y lejos de una vocación maternal o paternal. Y todo esto dependerá de la escala moral de la persona que tome la decisión y su grado de libertad. 

Si eres católico y practicas tu fe, esta reflexión se convierte en más profunda y más demandante. Pero esta reflexión no es solo válida para creyentes sino para cualquiera. Hay valores y escalas jerárquicas que son comunes a todos.

La libertad de hacer lo que quiero

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He leído a muchos detractores del papa que dicen que el Papa Francisco le está diciendo a la gente lo que tiene que hacer y que cada uno tiene la libertad de hacer lo que quiera con su vida.

Muchos autores hablan de la libertad y grados de ella. Tradicionalmente, se distinguen tres dimensiones de ella:

La libertad fundamental u ontológica que reside en la inteligencia y la voluntad del ser humano, el hombre es capaz de todo.

La libertad psicológica o de libre arbitrio que es esa libertad que entendemos por hacer lo que se quiera, libre de coacción. Es decir cuando uno se siente libre de obstáculos, cuando puedo elegir libremente.

Y la libertad moral que es la que se construye y conduce a la realización personal. Implica aprendizajes, crecimiento personal, valoración entre lo bueno y lo óptimo, etc.

Por tanto, cuando hago lo que quiero ejerzo un cierto grado de libertad. Hay que ver si podría tomar esa decisión con mayores grados de libertad a medida que voy creciendo como ser humano.

Creo que el papa Francisco en sus catequesis no dice lo que hay que hacer, enseña criterios que alimenten nuestra fe y nuestro criterio para poder tomar decisiones cada vez más libres. 

Antes de salir a responder, mirémonos primero

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Antes de salir a señalar a todo aquel que adopta una mascota antes que a un niño como egoísta y antes de salir a malinterpretar al papa, o defenderlo visceralmente, primero revisemos cómo nos comportamos nosotros a nivel personal.

Tenemos clara nuestra vocación. ¿Hacemos los intentos por vivirla?, ¿qué pasa si no podemos tener hijos?, ¿qué pasa si no es una posibilidad adoptar?, ¿qué pasa si es posible tenerlos, pero aun así no quiero? ¿Qué implican las respuestas de estos cuestionamientos en mi vida? 

No se trata de si el papa Francisco señala a uno o a otro, sino se trata de escuchar y revisar, como católicos, lo que la iglesia a través del magisterio nos va mostrando y hacer una reflexión crítica sobre cómo cada uno está viviendo estas enseñanzas a la luz de la fe.

Las enseñanzas de la iglesia nos permiten pararnos frente al mundo y analizar lo que sucede para desde donde estemos aportar con un poquito de luz.