La muerte de Charlie Gard, el año pasado fue un aviso. La muerte de Alfie Evans, este año, fue un recordatorio. ¿Tendremos que esperar otra muerte para comprender el mensaje? Quieren a nuestros hijos. Pero no solo eso: quieren la vida de nuestros hijos.

¿Cómo comienza esta locura? Con la regulación, por parte del estado, de leyes que son contrarias a los intereses de las familias. Todas, por supuesto en nombre de la misericordia y el amor, porque a las cosas feas hay que pintarlas con palabras bonitas. Cuando comenzaron con la anticoncepción, lo llamaron “salud reproductiva”, siendo que ni era salud, ni era reproductiva. Era nada más que esterilización (medianamente) voluntaria de las mujeres.


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Cuando pidieron el aborto lo llamaron “interrupción voluntaria del embarazo” porque asesinato con premeditación y alevosía de tus hijos sonaba un poco fuerte. Nos creímos que este “derecho” era para que las mujeres pudieran “decidir” sobre sus cuerpos, cuando también, le estábamos dando derechos a los hombres para que siguieran ejerciendo su derecho de sexo libre. Luego, vino la eutanasia, la muerte dulce. Otro nombre bonito para lograr que pasara un trago amargo: la eliminación de los más débiles que se convierten en una carga. Y no nos dábamos cuenta, porque el lenguaje “con un poco de azúcar” nos hacía pasar la píldora amarga.

Y nos creemos que nada de esto es orquestado o adrede, cuando hay pruebas palmarias de que no solo es orquestado, sino que además es un plan sistemático para reducirnos y dominarnos, un plan pensado hace más de 40 años para reducir la población mundial, por las buenas, o por las malas. Todo está relacionado. La “revolución sexual” de la década del ‘60 trajo muchos “embarazos inesperados” como si fuera inesperado que un bebé surgiera luego de una relación sexual. Aprobaron el aborto, y naturalmente, entre los químicos y los quirúrgicos, bajó la tasa de natalidad. En los próximos años, los sistemas previsionales de todo el mundo colapsaron, y por lo tanto necesitaban una herramienta para deshacerse de los viejitos, que hay muchos y molestan a los pocos descendientes que tienen. Y claro, como se seguía predicando la “revolución sexual”, se hizo obligatoria la “educación sexual”, y con eso la normalización del sexo entre los menores, porque si los niños comienzan a tener sexo cuando aun no definieron su personalidad, y los podemos convencer de que el sexo es “normal”, y hasta “cool”, entonces es mucho más fácil hacer proselitismo pro-gay en las escuelas. ¿Dije que venían por nuestros niños?

¿Les parece exagerado esto que cuento? Pueden hacer el seguimiento, desde el informe de seguridad nacional de Kissinger, de 1974, Estados Unidos primero, y luego todos los países desarrollados están abocados a la reducción de la población mundial. Nunca han dicho que cambiaran su política exterior, ni nunca la han cambiado. La enmienda Kemp – Kasten, creada durante el gobierno de Reagan en 1985 pareció frenar el ímpetu abortista y esterilizador de los gobiernos de Estados Unidos, pero los demócratas, cuando están en el gobierno, no la respetan (véase el caso de Obama) y además, actualmente utilizan entidades intermedias, como la IPPF para seguir con su política genocida cuando los republicanos no los dejan.


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Los gobernantes de nuestros pobres países pobres,  son forzados a aprobar leyes contrarias al interés de sus poblaciones, y a contrariar a sus electores en las promesas de campaña, a cambio de créditos que hagan gobernables a los países. Parece una trampa de hierro: los fondos que permiten la gobernabilidad provienen de entidades que quieren reducir la población, aun contra el deseo de los propios ciudadanos. La imagen de los gobiernos que quieren imponer estas agendas contrarias a los intereses de sus poblaciones caen, y a veces caen los gobiernos, como el caso de Pedro Pablo Kuczynski en el Perú. Y los ciudadanos vemos cómo nuestros gobernantes faltan a sus promesas electorales y no tenemos alternativas válidas, porque los que no son corruptos dependen de los fondos del exterior para financiar sus planes de gobierno, y no pueden entonces ofrecer planes viables a sus pueblos.

El Papa Francisco denunció este estado de situación diciendo:

«Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro. Viven en el momento, no en el tiempo, y por esto no pueden prometernos nada […] con esta actitud de que todos sean iguales y borrar las diferencias cometen el pecado malísimo de la blasfemia contra Dios creador. Cada vez que se produce una colonización cultural e ideológica se peca contra Dios creador porque se quiere cambiar la Creación como la ha hecho Él».

¿No queda esperanza? ¡por supuesto que sí! ¡la esperanza es lo último que se pierde! ¿Qué es lo que debemos hacer?

1. Involucrarnos

Hay que formarse, profundizar y generar conciencia. Hay que formar redes de padres, aliarse con las escuelas que promuevan una educación sana y denunciar a las que no lo sean, denunciar las posturas ideológicas equivocadas y presentar recursos judiciales para detener cualquier intento de avance sobre nuestra patria potestad.

2. La lucha es nuestra, la victoria de Él

Está claro que tenemos que luchar. Puede ser que nosotros no veamos el final del partido. Tal vez nuestros hijos tampoco… pero no importa. Juan Pablo II comenzó a luchar contra el comunismo siendo un anónimo curita polaco en Cracovia. 40 años más tarde, pudo ver a su enemigo derrotado ceder en todas sus pretensiones sobre Polonia. Nosotros tenemos que luchar y ofrecerle nuestra lucha al Señor, que es finalmente el Señor de la historia y nos dará la victoria… si quiere.

3. Recuperar la paternidad y la maternidad. Ejercerlas sin complejos

¡Hay que plantarse y recuperar a nuestros hijos! No ceder ante las presiones. Los padres de Alfie estaban solos, con 20 y 21 años, y pudieron hacer frente… si unos pocos padres del mundo pusieran la mitad del esfuerzo de Tom y Katie Evans, los poderosos del mundo temblarían inmediatamente. Hay que ser buenos padres, que comienza siendo buenos esposos y buenos cristianos. ¿No rezan? ¡comiencen a rezar! ¿rezan? ¡recen más! ¿Tienen dificultades conyugales? ¡esfuércense en resolverlas! A los varones: ejerzan un liderazgo positivo en el hogar. A las mujeres: ayuden a los hombres en ese liderazgo positivo. Numerosos estudios demuestran que la falta de padre es devastadora para la familia y la sociedad. Los hijos en hogares sin presencia paterna tienen cuatro veces más posibilidades de ser pobres, tienen un riesgo dramáticamente más grave de caer en abuso de alcohol y drogas y representan El 71% del abandono escolar.

4. Dejar que los niños sean niños, y las niñas, niñas

No solo que sigan sus inclinaciones naturales, sino fomenten, desde una paternidad responsable y presente, las actividades propias de los niños y de las niñas. Es un error promover a los  “drag kids” o a las “niñas modelo”. ¡Déjenlos que jueguen, que se ensucien, que hagan campamentos y que se diviertan con juguetes (y no con consolas o pantallas). Una niñez con juegos, con padres presentes y que muestran sus roles naturales con alegría y entrega son el mejor antídoto contra toda esta “colonización cultural” que denuncia el Papa Francisco.

Esta batalla no puede encontrarnos indiferentes. Tenemos que ser parte, y parte activa. Tenemos que dejarnos guiar por el ejemplo de feminidad y masculinidad, de la nueva Eva y el nuevo Adán: María y por Jesús. Y la victoria está garantizada… si Ellos quieren.

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