
Algo que no me deja de sorprender de los cristianos de Estados Unidos es lo dispuestos que están para invertir en la producción de contenido cultural cristiano, independientemente de su calidad. Quieren publicar cosas que evangelicen, que den testimonio de la fe. Quieren que el mundo conozca la verdad de lo que vivimos en la privacidad de nuestras casas.
Tal es el caso de una pequeña productora llamada «Industrious Family», que está por estrenar una película llamada Fabiola, que cuenta la historia de una noble del Imperio romano, Fabiola, que se rodeó sin saberlo de cristianos clandestinos de todas las clases: esclavos, pretorianos e incluso alumnos de la escuela.
Entre los cristianos con los que entra en contacto se encuentra santa Inés, virgen y mártir, de quien se hace amiga y a quien ve entregar su vida con tal de no romper su consagración a Cristo.
La productora se encuentra en producción de la película, y solo publicó la escena en la que Inés se encuentra en prisión y dialoga con Fabiola.
La idea de publicar esta escena es recaudar plata para poder continuar el proyecto y llevarlo a término.
En su web, Industrious Family comenta:
«En la actualidad vivimos en una sociedad poscristiana y vemos sorprendentes similitudes con la sociedad precristiana que se encuentra en Fabiola. Nos rodea un hambre de verdad. Muchos han probado lo que el mundo tiene para ofrecer y han encontrado el vacío. Sienten la ausencia de Dios y complacen sus otros sentidos para aliviar el dolor. Tenemos la cura para la enfermedad de la sociedad y es a través del ejemplo de los mártires que podemos proporcionarla. Esto se compone de ejemplo paciente, firmeza en nuestra fe y voluntad de sacrificarnos para preservarla».
Más claro, imposible. Los cristianos de hoy estamos llamados a una renovación en nuestro apostolado, no por innovar con métodos nuevos, sino retomando la posta legada por nuestros antepasados…¡tanto nos han legado los mártires!
En los 20 siglos que tenemos de historia, tenemos que volver nuestra mirada a Cristo y sus testigos (eso significa la palabra los «mártires»). Ellos nos dan la hoja de ruta para poder ser felices en esta vida y alcanzar la gloria en la eterna.
¿Qué llena tu corazón cuando todo parece vacío?
Fabiola es un personaje que no necesita nada, lo tiene todo. Sin embargo, no está tranquila. Algo no la deja en paz. En contraste, su esclava Inés, que está a punto de ser condenada a muerte con apenas 13 años, se encuentra en un estado de paz, claramente permitido por la gracia.
Solo Cristo tiene el agua que nos sacia. Inés está tranquila porque sabe que, al haberlo perdido todo ya, solo le queda el Señor, o sea, lo tiene todo.
Solo el amor de Cristo puede reconciliar los corazones heridos.
¿Te sientes realmente pleno con lo que tienes?
La clave está en, al igual que Inés, sabernos valiosos porque Jesús dio su vida por mí.
Si mi valor está en lo que hago reír a mis amigos, o en que juego bien a algún deporte, o pasando en casa tiempo con mis hermanos, me voy a encontrar con una cualidad mía, pero eso no me da más o menos valor que está en compañía.
¿De qué sirve ganar el mundo si pierdes lo esencial?
Muchas veces ni nos frenamos a pensar en esto. Nada de esta vida se va a presentar en el momento de mi muerte, solo el amor que di y que supe recibir. Inés tuvo la oportunidad de escapar a la muerte y tener una vida cómoda, si renunciaba a su credo.
Fue firme con su fe, sostenida por el Espíritu Santo. Nosotros la tenemos un poco más difícil que Inés en algunos aspectos. Hoy en día trabajamos con tecnología de punta y redes sociales que nos sacan de foco y ayudan a crear ideas que nada que ver.
Si algo se puede rescatar del clip de Fabiola, es el hecho de que todos están aferrados a lo suyo, con la excepción de Inés que está en proceso de entregarle la totalidad de su vida al autor mismo de la vida.
Cristo hacía esta misma pregunta en su predicación: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?». La respuesta: en nada, para ambas preguntas.
Ni saber cuándo es el fin del mundo ni dar algo a cambio. Solo entregando nuestra vida al amor, como hicieron los mártires, es que se vuelve una vida con sentido pleno.
«Dormía y soñé que la vida es gozo. Desperté y descubrí que la vida es servicio. Serví y me di cuenta de que el servicio es gozo».
La manera de ser testigos (mártires) en Occidente hoy es a través del servicio. ¡Pidamos la gracia de ser testigos fieles hasta el final!
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