”banner_academia”

«Historia de un matrimonio» es una película protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver (disponible en Netflix). Nominada al Globo de Oro, amada por muchos y odiada por otros. Quiero empezar diciendo que decidí escribir este artículo porque esta película representa una realidad que muchos se niegan a aceptar y porque lo único que deseaba gritarle a los protagonistas era: ¡Su matrimonio sí se podía salvar!

Los matrimonios se acaban por falta de amor, bondad, humildad y esfuerzo, se diluyen, se deshacen como el azúcar en el café. Se quiebran como un plato y se echan a la basura. Mientras la veía cierta rabia me invadía, no por la producción, la estética, la música o la admirable actuación de los protagonistas —que por cierto les otorgó a ambos la oportunidad de entrar en la categoría de mejor actor—, sino porque retrata lo que ocurre hoy en millones de matrimonios.

Que impotencia, que triste es ver cómo una pareja se rinde. Las excusas suelen ser infinitas, mientras que el esfuerzo por recuperar lo que algún día los unió es casi nulo al primer tropiezo. «Historia de un matrimonio» nos permite reflexionar sobre lo que no debemos permitir que pase en nuestro matrimonio: rendirnos.


”banner_academia”

Estas son algunas reflexiones a las que llegué luego de verla. También es una película que puede servir para debatir en pareja y en grupos que se estén preparando para dar el sí definitivo. Mediten juntos la siguiente pregunta: ¿Nos rendiríamos nosotros si fuéramos ellos?

1. Qué dulce es recordar lo que nos enamoró del otro

«Historia de un matrimonio» empieza con la voz de Adam Driver, enumerando una a una las cosas que ama de su esposa, luego es el turno de Nicole (Scarlett Johansson) quién narra con dulzura todas esas cosas que hacen de Charlie un esposo y un padre ejemplar.

La lista de ambos es hermosa y conmovedora, al principio parece que ambos han decidido ir a terapia para tratar de salvar su matrimonio. Pero luego como una bofetada te das cuenta que ocurre todo lo contrario, acuden allí para terminar de la manera más «pacífica» su matrimonio.

Y es justo ahí donde pienso, qué importante es saber escuchar. Escuchar incluso cuando no queremos hacerlo o cuando creemos que nada de lo que nos digan nos hará cambiar de opinión. Nicole se niega a leer la lista que describe a su esposo en voz alta. Se niega tal vez por temor, porque en el fondo sabía (como muchos matrimonios de hoy) que con esfuerzo se podía evitar llegar a pronunciar esa oscura y repudiada palabra: divorcio.

Me invade la impotencia y tal vez piensen «Nory cálmate, es solo una película». Pero qué bien retrata esta historia la cotidianidad y la rutina que se vive en pareja. Mientras la veía pensaba, qué gran paso dieron haciendo esa lista. Qué logro más grande fue pensar en lo bueno del otro y olvidar por un momento lo malo. Qué valiente fue cada uno al plasmar en ese papel lo que los enamoró alguna vez. ¡El matrimonio podía salvarse!

Me gustaría estar ahí para decirle a Nicole y a Charlie: (como a cualquier matrimonio que se encuentre en crisis) esfuérzate, pelea por él, lucha por ella, deja tu orgullo y tu egoísmo por una puñetera vez y lánzate a enamorarla/o de nuevo.

Aquí muchas parejas tal vez puedan pensar, esta niñita quién se cree para venir a hablar así, qué sabrá ella de matrimonios, de penas o infidelidades al escribir este artículo. Pero aquí vengo a escudarme en Dios, y en la gracia que derrama sobre cada matrimonio, para que esa unión voluntaria no sea cualquier «vámonos a vivir juntos a ver qué pasa», sino un sí de tres.

2. El egoísmo y el orgullo a la orden del día 

La razón por la que Nicole y Charlie deciden separarse se basa en estos dos enemigos: el egoísmo y el orgullo. Es curioso ver cómo en la película jamás hubo reclamo alguno respecto al amor. No hay frases como: ¿ya no me amas?, ¿cuándo dejaste de hacerlo?, ¿por qué ya no me quieres como antes?, ¿qué nos ocurrió?, ¿en qué te fallé?

Toda la crisis de esta pareja es por el trabajo. Porque uno se siente pisoteado por el otro, porque ambos no se sienten tan grandes juntos, porque tus logros al final no son tan míos o porque jamás pensaste que quería llegar más lejos. ¿Qué ocurre con el diálogo, con la comunicación?, ¿dónde quedó en Nicole y Charlie el verdadero y genuino interés por el otro?

¿No es eso por lo que estamos juntos? Estamos casados porque además de amarnos, nos prometimos estar en las buenas pero también en las malas. En esta historia gana la avaricia, la sed de poder, el querer ser más que el otro a toda costa. Olvidan por completo que son uno, para guiarse, para apoyarse y para luchar juntos por los sueños que les roban el aire.

Este matrimonio, claramente se hubiera salvado si ambos se hubieran comunicado. No una semana antes de dar por terminada su historia, sino desde un inicio. Nuestro ascenso laboral no debería ser motivo de divorcio, no son socios de una empresa, son marido y mujer. Unidos en matrimonio, alimentados con un regalo que no se puede obtener en ningún otro lugar, más que en el corazón de Cristo que ha derramado en el altar las gracias especiales para que esa unión sea eterna.

3. ¿Por qué en vez de esforzarse tanto en el proceso de divorcio no se utiliza esa fuerza para recuperar la unión?

Hay una conmovedora escena en la que Nicole y Charlie tienen una discusión. Ambos parecen competir por saber quién puede gritar e insultar más al otro. Pronuncian palabras horribles, deseos destructores, dicen cosas que jamás se habían dicho. Se lastiman hasta lo más profundo.

Pero luego Charlie cae de rodillas al piso, en un horroroso lamento que parece romper en diminutos trozos su corazón. Se deja caer, rendido tal vez por el dolor y el agotamiento emocional. Llora como lo haría un niño pequeño, frustrado y confundido.

Llora con el alma, porque sabe que todo está mal. Nicole habría podido salir y cerrar la escena con un portazo, pudo haber corrido despavorida por el dolor que le causaron las palabras pronunciadas por su esposo. Pero decidió quedarse y al verlo allí naufragando entre su tristeza, se acerca a él y lo consuela.

Ambos se piden perdón. Se arrepienten de esas palabras que nunca debieron salir de sus bocas. ¡Se piden perdón! Que linda escena, Nicole y Charlie se despojan por unos segundos de su rabia y orgullo. Por un momento ambos son salvados por su amor. Pero luego todo se derrumba de nuevo, Nicole no da marcha atrás con el proceso de divorcio y Charlie parece perderse cada día más en el desconsuelo y en la absurda idea de mirar a su esposa y encontrar en ella a una completa desconocida.

Me pregunto qué hubiera pasado si todo el tiempo, la dedicación, la pensadera y el esfuerzo empleado en el divorcio, se hubieran puesto en reconstruir su matrimonio. Qué habría ocurrido si ambos dedicaran toda esa fuerza no para terminar sino para volver a empezar. Si tu matrimonio está en crisis, tal vez es tiempo de pensar: ¿qué puedo hacer para no perder a mi esposo?, ¿qué puedo sacrificar o cambiar para que nuestro matrimonio no se vaya al olvido?, ¿será tiempo de buscar ayuda (un consejero matrimonial o un sacerdote)?, ¿de verdad quiero rendirme y tirar por la borda todo lo que hemos construido juntos?

4. El perdón y el amor puestos a un lado

¿Qué hay detrás de tu matrimonio?, ¿hijos, la familia que nunca tuviste, el calor de hogar? Hay que recordar que la historia de cada pareja es diferente y que hay motivos por los que es válido anular un matrimonio. Pero la única opción que tenemos si nos hemos unido bajo el sacramento del matrimonio, es luchar por el otro.

Perdonar aunque nos cueste, amar hasta que duela. Nicole y Charlie se enfrentan el uno al otro por obtener la custodia de su hijo y es curioso ver cómo la idea de separarse lo más «tranquila y silenciosamente» termina en un estallido de emociones y culpas que ambos no vieron venir.

De pronto ambos se convierten en expertos detectores de defectos. Cualquier comentario y comportamiento es una nueva oportunidad para hacer quedar mal al otro y para que los abogados se llenen la boca de argumentos para ganar de la manera más sucia. Entonces si te tomas unas cuantas copas de vino, ya no eres digna de llamarte buena madre, porque tienes altas probabilidades de ser alcohólica ¿y qué madre puede serlo y seguir llamándose buena? Esto me lleva a la reflexión del siguiente punto.

5. La perfección de la madre vs la figura de padre imperfecto pero aceptado socialmente

Una de las escenas más importantes de la película ocurre en el despacho de Nora Fanshaw «la abogada estrella». Cuando Nicole practica las respuestas que debería dar en relación a su hijo. Con total tranquilidad Nicole acepta que tiene algunos defectos (como todo ser humano sobre la faz de la Tierra) y comenta que una que otra vez no se toma una sino varias copas de vino.

Es entonces cuando Nora pronuncia un discurso que me erizó la piel. Dice así: «Te voy a parar ahí. La gente no tolera a las madres que beben y le dicen a su hijo «cabroncete». Lo entiendo, yo soy igual. Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fuesen callados, ausentes, poco fiables y egoístas. Claro que queremos que no sean así, pero en el fondo los aceptamos.

Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre de Jesús, que es perfecta. Es una virgen que da a luz, apoya incondicionalmente a su hijo y sostiene su cadáver al morir.

El padre no aparece. Ni para echar un polvo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios no se presentó. Tú tienes que ser perfecta, pero Charlie puede ser un puto desastre. A ti siempre te pondrán el listón más alto. Es un desastre pero es lo que hay».

Cuando Nora termina su histérico discurso casi sin aire, tuve que pausar la película y pensar un momento en las palabras que acababa de escuchar. No era la primera vez, ni la segunda, ni la tercera que escuchaba esta comparación y aceptación de la figura del padre y la madre. No era solo tener a María y a Dios Padre involucrados en el tema. Era otra cosa.

María fue, es y será siempre nuestro modelo de madre. No importa si eres de otra religión, este modelo de mujer, esposa y madre nos ha acompañado ¡siglos! Desde Atenea en la mitología griega hasta Anahita en la tradición persa. No hace falta una clase de religión para que todos tengamos en mente cómo debe ser una madre. ¿Acaso no pensamos todos que la nuestra es una santa?, ¿no la defenderíamos a capa y espada?

Pero parece que la idea nos incomoda, nos hace retorcernos en la silla, nos pica algo en no sé donde. La idea de tener a María como ejemplo causa cierta molestia porque nos cuesta entender que Dios Padre quiso elegirla dentro de todas las mujeres para ser ejemplo para la humanidad.

Si somos madres sabemos que no somos perfectas, y si pensamos en la nuestra decimos «nadie como ella sabe consolar, alimentar, acoger, unir, amar». Es cierto que hay malas madres, las hay, debemos aceptarlo. También hay malos padres, ¿pero qué hay de malo en tener a María como referente?

Nicole, como muchas otras madres, como yo que soy madre también, es consciente de sus defectos. Sabe que en algunos aspectos falla, nadie nos dijo que sería fácil y ¿adivinen quién nos lo demostró? María, no hay ser que haya sufrido más en la tierra por su hijo que Ella.

Es fácil señalar a otras madres y atrevernos a juzgar su modo de crianza. Lo que no es fácil es vernos a nosotras mismas y aceptar que no somos María, pero que nos gustaría imitarla. Que tomamos vino, que gritamos, que perdemos la paciencia, que nos arrepentimos del regaño que le pegamos a nuestros hijos a causa de nuestros propios miedos, inseguridades  y frustraciones.

Todas cometemos errores, porque somos seres humanos. Porque no fuimos concebidas por obra y gracia del Espíritu Santo, pero no fuimos arrojadas al mundo sin una guía, sin un ejemplo a seguir. Dios Padre nos ha dado a María y que bien sabe amarla, que bien es quererla imitar, siendo conscientes de que nuestra humanidad y fragilidad solo nos permitirá hacer lo mejor que podamos pero siempre con una ayuda extra.

Nicole ha sido una buena madre, una muy buena, y Charlie también ha sido buen padre. ¿Por qué carajos no pensaron en eso en medio de todo el alboroto que causó el divorcio?, ¿por qué no pensaron que no eran sus vidas las únicas que cambiarían, sino la de su hijo también? Por qué no dijeron: nos amamos, somos buenos padres, somos buenas personas, somos capaces, tenemos defectos pero podemos trabajar en ellos. Por qué no pensaron ¡somos un equipo! ¡somos marido y mujer! (me dan ganas de gritar).

6. No olvidemos a Dios en medio de las crisis

No lo olvidemos, no lo dejemos de lado, porque si eres católico el matrimonio es de tres. Quiero terminar diciendo que la película es para amarla y odiarla al mismo tiempo. Que buen trabajo hizo Noah Baumbach (director), al permitirnos entender a través de este matrimonio y de la admirable actuación de Scarlett y Adam que renunciar al amor, a tu esposo/a, a tu pareja, es sencillo, pero no cosa de valientes, no cuando Dios está en el medio.

Pueden pensar «Nory ha perdido la cabeza. Le recomienda a los matrimonios en crisis que vean una película donde el divorcio es el protagonista». Pero deseo todo lo contrario, ojalá esta película le permita ver a esas parejas o a ti que me lees. Que tu crisis tal vez no se compara con la de Nicole y Charlie, luego de verla puedes pensar ¿la sigo amando?, ¿he dado todo de mí en este matrimonio?, ¿estoy dispuesto a no solo cambiar mi vida sino la de mis hijos y el resto de mi familia con esta decisión?, ¿le he pedido ayuda a todos menos a Dios?

Tal vez puedan empezar por hacer una lista con las cosas que los enamoraron del otro, tener la valentía de compartirlas, de mirarse a los ojos y de darse otra oportunidad.

Historia de un matrimonio, «Historia de un matrimonio». La película que toda pareja en crisis debería ver para salvar el suyo