libro de Eclesiastés

¿Cuánto sabes sobre los libros de la Biblia? Si solo has leído los Evangelios o sabes el comienzo del Génesis… ¡hoy quiero animarte a conocer un poco más! ¿Qué te parece si hoy hablamos un poco sobre el libro de Eclesiastés?

Hace poco tiempo, te compartía una reflexión acerca del sufrimiento y el libro de Job. Hoy quisiera que, juntos, diéramos un paso más y nos acerquemos a otro tema igualmente importante, que se puede encontrar en el libro de Eclesiastés.

Te comparto un video que nos habla de este libro y del sentido de vida, algo muy importante para todos nosotros.

El libro de Eclesiastés ante el mundo al revés

Resulta muy interesante una cosa que dicen los autores del video sobre el libro del Eclesiastés: Qohélet, el que habla en el libro, busca poner nuestra perspectiva del mundo y de la vida patas arriba.

Ciertamente, cuando se lee este libro, la impresión es bastante fuerte. Incluso, podría decirse, deprimente. (A primera vista, pareciera escrito por un absoluto «nihilista»)

Sin embargo, siendo un libro sapiencial, esto es, un libro de la Sabiduría divina, sabemos que el objetivo es muy diferente.

Como bien señalan los narradores en el video, Qohélet anuncia tres grandes realidades que son bastante fuertes. Por mi parte, pienso que son muy útiles porque nos cuestionan profundamente. Algo que necesitamos mucho.

La primera realidad que anuncia el hijo de David es que la vida del hombre en la tierra es como un soplo. O mejor, como un punto en el gran acumulado de la historia. Más concretamente, Qohélet señala que «nadie se acuerda de los antepasados, ni de los que vengan después se acordará ninguno de sus sucesores» (Qo 1, 11).

La segunda gran verdad que pronuncia es que «la suerte de los hombres y la suerte de los animales es la misma: como muere el uno muere el otro… todos van al mismo lugar, todos vienen del polvo y todos vuelven al polvo» (Qo 3, 19-20).

La tercera y, para mí, la más diciente de todas, es la impredecibilidad de la vida. El Eclesiastés señala, con indecible agudeza, que nunca sabemos lo que pueda pasar. A un rico le llega la bancarrota, al justo una condena injusta. Es decir, nada está asegurado. No tenemos el control de la vida.

Hasta aquí los tres grandes anuncios de Qohélet que destaca el video a propósito del libro. Sin embargo, hay un cuarto que se señala en el libro y que me parece que merece la pena considerar:

La soledad

Qohélet encuentra «otra vanidad bajo el sol: uno que está solo y no tiene a nadie, ni hijos ni hermanos, y pese a todo trabaja sin fin y no se da por satisfecho con sus riquezas» (Qo 4, 7-8). En mi opinión, esta se conecta maravillosamente con las tres anteriores. Nos deja una lección importantísima: ¿de qué le sirve al hombre toda la preocupación por esta vida si, 1) su vida es un soplo, 2) morirá irremediablemente y, 3) nada está bajo su control?

Esto plantea irremediablemente la cuestión sobre el sentido propio que tiene la vida del ser humano. De cada uno de nosotros, de ti y de mí. Hoy, más que nunca, estas consideraciones cobran una importancia particular.

Estamos en un mundo que, gracias a la tecnología, está más interconectado que nunca. Y, sin embargo, no exagero al aventurarme a decir que es la sociedad más solitaria que ha existido en toda nuestra historia. La soledad no se da solo por la ausencia de otros sino, sobre todo, cuando no hay encuentro real entre nosotros.

Podemos estar rodeados de mucha gente, como de seguido pasa, y, sin embargo, estar más solos que nunca. Esta puede ser la crisis más profunda de nuestro tiempo. Y una que merece mucho la pena atender. El tema es que sólo se atiende poniéndole mucha atención a estas realidades pronunciadas por Qohélet y reflexionando, en nuestra vida particular, qué significado tienen.

El libro de Eclesiastés y el sentido de la vida

Retomando lo dicho en el video de Proyecto Biblia, me parece apropiado lo que señalan ahí: al leer todas las cosas que dice Qohélet, puede sentirse uno como que, a la larga, siendo estas 4 cosas muy ciertas, la vida no tiene el más mínimo sentido.

Sobre esto, meditaba hace poco algo que nos puede ayudar un poco a sacar buen fruto:

Vivimos en una época, en general, de abundancia. Toda la sociedad está volcada a acumular todos los bienes posibles, a alcanzar un estilo de vida «alto». Y, hasta cierto punto, este objetivo se ha conseguido en líneas generales. Aunque todavía haya mucha gente en pobreza extrema, la media de la población occidental vive en un estilo de vida relativamente abundante.

El problema no está aquí sino en el hecho de que, a pesar de esta realidad, pareciera que no nos damos por satisfechos. Seguimos intentando acumular riquezas y mejorar nuestra «calidad de vida», tal como señala Qohélet en el libro del Eclesiastés.

El tema central de todo esto es que, curiosamente, esta sobreabundancia y concentración en la producción y el consumo está haciendo más patentes las verdades que pronuncia este hijo de David en este libro que estamos comentando.

Es decir, cada día veo a más y más personas cuestionándose sinceramente sobre el sentido que tiene la vida. Y lo hacen habiendo experimentado, ya que esta que buscamos en nuestro tiempo definitivamente no cumple con las expectativas. Porque, además, es en gran medida la culpable de la soledad que sufrimos actualmente.

Este puede ser el mensaje central de todo el libro del Eclesiastés: que el sentido de la vida va muchísimo más allá que asegurarse una vida rica y placentera aquí en la tierra.

Ahora, lo que más sorprende es que, en el fondo, como bien dicen los autores del video, se nos está señalando agudamente que no hay un único sentido para la vida. Cada uno de nosotros debe descubrirlo haciendo lo único que sí vale la pena, que es «temer a Dios».

El comienzo de la sabiduría: el temor de Dios

El uso del término «temor» puede prestarse para malos entendidos y, por eso, quisiera reemplazarlo por «amor». Es, en últimas, lo que realmente significa. Esto, sin embargo, no se extrae de este libro por sí solo. Como bien sabemos, todo el Antiguo Testamento sólo cobra su auténtico sentido en el misterio de Jesucristo.

En Cristo se realiza ese intercambio que acabamos de hacer entre «temor» y «amor». Esto plantea una parte del tema del sentido que tiene la vida que es, directamente, amar a Dios.

Sin embargo, la Sabiduría que Dios nos dejó en el libro del Eclesiastés nos aclara que esto resulta muy genérico. No somos seres parte de una masa de individuos que no se relacionan entre sí. Somos personas y, como tal, tenemos una identidad, personalidad y corazón únicos. Tenemos también la necesidad de relación con otros, de apertura y de encuentro íntimo en el amor.

Esto quiere decir que el sentido de la vida tiene dos dimensiones. Una genérica, que acabamos de mencionar, y otra particular y única, que se deriva del mismo hecho de que somos persona. Lo interesante es que este sentido más propio y único no se puede dar sin el primero.

En ese sentido, podemos concluir que el sentido que tiene tu vida lo encuentras en el momento en el que empieces a amar a Dios por encima de todo. Ya tienes los lineamientos con estas cuatro grandes verdades que hemos expuesto aquí.

Todas tienen en común un mensaje muy bien expresado en el video: como no tenemos control sobre la vida, no nos preocupemos por las riquezas ni por el estilo de vida. Más bien, preocupémonos por disfrutar cada momento que tenemos. A cada amigo, a cada hermano, a nuestros padres, a nuestra pareja.

Amemos con todas nuestras fuerzas, descubriendo lo más profundo de nuestra naturaleza individual: el corazón. Es allí donde Dios mismo quiere habitar hasta que lleguemos a sus brazos en la vida venidera.

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