
Hace muy poco, vi un video en el canal de YouTube de Proyecto Biblia acerca del libro de Job. Me pareció sumamente interesante y me llevó a ponerte en este breve artículo algunas ideas que he tenido desde hace tiempo acerca del sufrimiento y Dios.
Te comparto el video sobre la historia del libro de Job. Te invito a que lo veas con atención y me acompañes en esta breve reflexión.
Del libro de Job hasta el día de hoy
El tema del sufrimiento puede ser uno de los más controversiales cuando lo relacionamos con Dios. Automáticamente, quizás se nos viene a la cabeza la pregunta que, probablemente, más se ha hecho en la historia: ¿por qué Dios, siendo tan bueno, permite el mal?
Aunque me encantaría responder a esta pregunta en gran detalle, hoy me quiero enfocar en otro aspecto que me parece sumamente importante. Puede ayudarnos a todos a acercarnos más a Él, que sería, para mí, el mejor resultado.
La historia que leemos en el libro de Job es particularmente iluminadora sobre este tema y sirve perfectamente para el enfoque que quiero darle al sufrimiento. Como bien se explica en el video, el lector sabe perfectamente que el sufrimiento de Job, que ignora esto por completo, se debe al reto que el Demonio le ha puesto a Dios: que Job maldeciría a Dios si le quitaran todas las bendiciones que tiene.
Esto levanta un punto muy importante porque el Demonio plantea algo muy real. Es fácil amar y bendecir a Dios cuando hay abundancia y todo anda sobre ruedas. Sin embargo —y esta es la apuesta del Enemigo— en los momentos de dificultad y desespero, las cosas no son tan fáciles, ni siquiera claras.
Como sabemos, Dios acepta la propuesta del Demonio y le permite que le quite todo cuanto tiene. Le advierte, sin embargo, que a él no lo podía tocar (esto será importante más adelante). Poniéndose manos a la obra, el Demonio destruye todo lo que tiene Job. Incluso a sus hijos, dejándolo en la más extrema desgracia, pero a él no lo toca.
Job llora amargamente y sufre profundamente, pero termina pronunciando una de las frases más conocidas de la Biblia: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el Nombre del Señor».
¿Ocasión para maldecir a Dios en la cara?
A mí, sin embargo, lo que más me llamó la atención de esta historia, y de este hombre, es lo que dice después. Cuando su mujer lo incita a que maldiga a Dios y se muera.
Después de que, por segunda vez, el Demonio, con el permiso de Dios, lo atacara dándole las úlceras en todo el cuerpo. Aquí, una vez más, Dios le dice al Demonio que no podía acabar con la vida de Job (reitero, esto será importante después).
En el estado deplorable en el que se encontraba, vemos a Job responderle a su esposa: «Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a aceptar también los males?» (Jb 2, 10). ¡Vaya respuesta! No sé si a ti, pero a mí me interpela en lo más profundo de mi corazón.
¿Por qué? Porque me hace darme cuenta de que esto es lo que realmente implica amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma y con toda la mente (Mt 22, 37).
No solo en el libro de Job… hay más
Un ejemplo similar lo podemos encontrar en la historia de Abraham: Dios le había concedido lo que más deseaba su corazón, su hijo, Isaac.
Cuando Dios le pide que lo sacrifique, surge nuevamente el mismo planteamiento, que se puede formular mediante la siguiente pregunta: ¿amamos a Dios porque nos da todo lo que queremos o incluso cuando nos lo quita? Tanto Abraham como Job son ejemplos de que la prioridad no es lo que queremos, sino Dios mismo.
El tercer ejemplo es, probablemente, el más bello de todos para mí: la Santísima Virgen María. No ha habido en la faz de la tierra, ni habrá, un amor más grande que el de Ella, después, obviamente, del de Dios mismo.
En ese sentido, se me hace imposible imaginar con qué fuerza y profundidad amaba, cuando estaba aquí en la tierra, a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Y, sin embargo, entregada completamente a Dios, acepta sus designios y lo «entrega» al suplicio de la Pasión y Muerte en la Cruz.
En lugar de agitar el puño contra Dios…
¿Qué quiero destacar de todo esto? Lo siguiente: antes de ver el video que te he compartido, estaba viendo una película que me gusta mucho: En Búsqueda de la Felicidad, protagonizada por Will Smith, que cuenta la historia de un reconocido empresario y filántropo estadounidense, Chris Gardner.
La película en sí no es de importancia, más allá de que podemos ver ciertos paralelismos en su vida con la historia de Job. Lo que sí es importante es que hubo una escena en la que veía al protagonista atendiendo un acto religioso protestante en el hogar para personas sin techo en el que se estaba quedando: ahí, veía a muchas de las personas que salen en la escena llorando y con cara de súplica. La petición de estas personas es fácil de adivinar: «Señor, sácame de este suplicio, por favor».
Es la petición más normal y común que podemos hacer y, seguramente, la hemos hecho muchas veces.
¿Existe una mejor forma de afrontar el dolor?
El tema es que, si consideramos los tres ejemplos que hemos citado, se nos asoma la pregunta: ¿es esta la mejor forma de afrontar el sufrimiento?
Es curioso que en esa misma escena, oímos el canto de fondo que recitaba algo paradójico a primera vista, pero que va precisamente en línea con estos ejemplos: «Señor, no muevas esa montaña. Señor, dame fuerza para subirla».
Esto que menciono me parece de absoluta importancia porque la experiencia —estoy dispuesto a apostar que la tuya también— me ha mostrado que el sufrimiento es inevitable.
En ese sentido, lo que queda es plantearnos qué hacer con el sufrimiento cuando nos toca. Es decir, en lugar de agitar el puño al cielo, lo que me parece más acertado es aplicar lo que esa canción dice: pedirle a Dios la fuerza para enfrentar nuestro sufrimiento.
¿Qué conseguimos con esto? Llevar nuestra fe a su nivel más profundo: ya no dependerá de que Dios nos dé cosas buenas y se enraizará sólidamente en la confianza y en la entrega a Él, que es, en últimas, lo que constituye la auténtica felicidad del ser humano.
¡Piensa a largo plazo!
Ahí el sufrimiento cobra sentido. Te decía que el hecho de que Dios le prohibiera al Demonio acabar con la vida de Job resultaría importante, y aquí te diré por qué: ahí se manifiesta plenamente el amor de Dios por cada uno de nosotros.
A pesar de que permite que suframos, siempre vela por nosotros y hace todo lo posible por cuidarnos, por mantenernos y amarnos.
Con Job, al mantenerlo con vida y, a través de la gracia, firme en su fe y amor por Dios (el mencionado «temor de Dios»en la historia), saca un auténtico tesoro, saca lo mejor: la historia cuenta que las bendiciones a Job, al final, son infinitamente más grandes que las que tenía antes.
Esto tiene una lección supremamente importante para todos nosotros. Sin importar qué tan trágica sea nuestra desgracia, al final, si aceptamos también lo malo, como Job, y nos dejamos llevar por Dios y su gracia, siempre, sin excepción, alcanzaremos un tesoro: la santidad.
No puede caber duda, como estos tres ejemplos nos muestran —incluso la historia del protagonista de la película que te mencioné—, que confiar en Dios, en todas las circunstancias, es siempre una ganancia. Pero, además, yo te diría: ¿cómo no confiar en Aquel que derramó hasta la última gota de Sangre por ti en la Cruz?
Mediante nuestros sufrimientos, Dios nos capacita para comprender un poco mejor el alcance de esta verdad de fe. Para que nos abandonemos completamente en sus manos, en las buenas y en las malas.
Y tú, ¿qué otras lecciones has encontrado en el libro de Job?
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Gracias por la reflexión… pero los tiempos de Dios son perfectos y este era el tiempo en que tenía que leer este artículo para la mayor gloria de Dios
❤️
Hola buen día saludos desde Cali Colombia muy buen tema lo leí y ahora entiendo que a pesar de las cosas no tan buenas que nos sucedan Dios siempre nos cuida.
muy bueno, gracias!