En el documental «Vivía en la Avenida Parker» se nos narra la vida de David Scotton. Una historia de adopción de un joven de 19 años, que emprende el camino a conocer a sus padres biológicos. Acabo de terminar de verlo y todavía caen lágrimas de alegría por mis mejillas, ¡qué preciosidad de historia y qué joven tan lleno de amor y de bondad!

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Aunque te recomiendo que lo veas, te contaré, desde mi perspectiva, los detalles que más me llegaron al corazón de esta historia de adopción. Seguramente a ti te lleguen otros ¡comparte los tuyos en los comentarios!

Todos queremos saber quienes somos 

Primero quiero contarte que a lo largo de mi vida he conocido algunas personas que han sido adoptadas. Cada historia es diferente a la otra. Pero todos tienen en común un deseo profundo de buscar su identidad, de saber de dónde vienen, quiénes son sus padres biológicos y las razones por las cuales fueron dejados en adopción. 

La historia de adopción de David no es diferente, él se hace la misma pregunta que la mayoría de las personas que han sido adoptadas. Pero una de las características que hacen esta búsqueda más sencilla, es tener el completo apoyo de su familia adoptiva.

No solamente lo ayudan en la búsqueda, sino que siempre le permitieron saber que era adoptado y que era amado profundamente por una familia que había hecho todo lo que podía por tenerlo. 

En el documental se nos presenta a la mamá biológica de David, que quedó embarazada joven, llena de miedo y de dudas. La primera opción que toma es la de abortar.

Narra su experiencia llegando a la clínica de abortos, cómo la cuidan y protegen de las personas que manifiestan contra el aborto a la entrada de la clínica y cómo la dejan sola cuando va saliendo de la misma. Cuenta, con profundo dolor, lo que sintió al salir y ser abordada por mucha gente que creía que había abortado a su bebe. 

Encuentros con dos puntos de vista 

Uno de los momentos que más me llegó al corazón y en lo que quiero detenerme fue en el encuentro de las dos madres. Me impactó que para la madre adoptiva, que siempre apoyó la decisión de su hijo de buscar a su madre biológica, el momento del encuentro fue de una completa gratitud.

Fue un momento en el que no había miedo o duda, sino agradecimiento. En el abrazo que se dieron percibí un encuentro de dos corazones. Uno lleno de dolor y de vergüenza y otro que acogía, diciendo «sin ti, yo no tendría un hijo». 

Es impresionante ver las diferentes historias que hay dentro de una vida. Tantas decisiones, elecciones y caminos diferentes. Tantas veces que pensamos cómo pudo haber sido mi vida, si esto no hubiera pasado o si esto hubiera sido diferente. Y cómo Dios hace que las cosas sean perfectas, sí, con dolor y tristeza, pero al mismo tiempo con alegría y esperanza.

La madre biológica de David sufría con el hecho de haber pensado en abortarlo. La madre adoptiva no hacía más que agradecer la decisión de huir del abortorio y darle la posibilidad de ser madre de un niño, lo único que deseaba. 

Solo Dios puede sacar bien del mal

Muchas veces no nos damos cuenta de que las decisiones que tomamos afectan a muchas personas que conocemos y a otras que no conocemos. Estamos tan conectados los unos con los otros que mis actos traen felicidad o infelicidad a una gran cantidad de personas. Vale la pena pensar en lo que estamos haciendo y por qué vamos a hacerlo para que nuestras decisiones traigan alegría y vida a los que nos rodean. 

Es verdad, no somos perfectos. Pero sí podemos, con la ayuda de la gracia, amar y dejarnos amar, aprendiendo a perdonar y a ver el bien que solo Dios puede sacar de las cosas «malas» que nos pasan.