Hoy quiero hablarte de un tema un poco álgido dado que cada día crece más la costumbre (tristemente entre los mismo católicos), de acudir a cierto tipo de lugares donde hay videntes, «profetas», lectores de cartas… lo que la cultura popular llamaría «brujos».

Sí y es que esto no es algo que se queda en la literatura y las películas. Aunque no hablemos mucho de ello muchas veces por desconocimiento o por simple falta de atención, olvidamos que como cristianos es nuestra misión, anunciar el Evangelio. Debemos también denunciar todos estos actos de superstición que van en contra del primer mandamiento y que están totalmente desviados del Evangelio (cabe aclarar que son prácticas pecaminosas).

Partamos del hecho de que normalmente confundimos la figura profética con la de este tipo de personas que antes he mencionado. Por esto quiero compartir contigo algunos puntos para que tengamos una idea más clara sobre quién es y quién no es un profeta.

¿Son videntes del futuro?

Los profetas son más que esto, ellos fueron personas que tuvieron un encuentro radical con Dios, y que a partir de esta experiencia vital que transforma su forma de ser, ver, pensar… comienzan a leer los «signos de los tiempos». Y junto con ello a anunciar al pueblo qué es lo que Dios quiere o espera de ellos.

El cardenal Gianfranco Ravasi en su libro «Los Profetas» (que te recomiendo leer), nos trae la siguiente explicación sobre quién es un profeta y su importancia:

«El profeta es el símbolo más auténtico de la religión hebrea que tiene a su base una fe fundada no en abstractos artículos teológicos, sino en una cadena de intervenciones históricas de Dios (Dt 26,5-9; Jos 24,2-13). Sin la voz del profeta, la historia se reduciría a una nomenclatura de fechas, de acontecimientos neutros y destinos imponderables.

Con su voz emerge el esplendor profundo oculto bajo la envoltura contingente de las políticas, de las diplomacias, de la agitación humana. La libertad de Dios que en la historia escoge el lugar privilegiado para revelarse es el tema-base del mensaje profético».

En pocas palabras, para el pueblo de Israel, el profeta marca un desarrollo de la historia presente y futura no por medio de visiones, sino por intervenciones divinas. Es decir es quien muestra al pueblo cómo Dios actúa en su vida constantemente, presentándoles así a un Dios que camina con sus hijos y que interviene en sus historias.

Esto no es algo que se reduce a cientos de años atrás en Israel, sino que llega hasta hoy. Ese Dios que no paraba de actuar en sus hijos, lo sigue haciendo en la actualidad, y es por esto que todos los bautizados al recibir la unción con el Crisma y ser constituidos sacerdotes, profetas y reyes, estamos llamados fuertemente a leer en nuestra historia, esa historia de Salvación que Dios sigue escribiendo en cada uno de nosotros.

¿Qué hace el profeta?

El verdadero profeta como ya se ha dicho no es un vidente. Y debido a ese encuentro cercano con Dios, se convierte en un promotor de la alianza de Dios con su pueblo: «Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios» (Ex 6,7a).

El profeta desarrolla esta misión por medio de tres pasos: Primero el profeta acusa las violaciones que el pueblo hace contra la justicia de Dios, mostrando al hombre cuál es su error, su pecado. Es así como el profeta se convierte en un abogado de la alianza.

En segunda instancia, el verdadero profeta no se queda con esto, sino que llama a la conversión y el arrepentimiento, siendo un promotor de la misericordia de Dios. Y por último, advierte sobre las consecuencias del pecado, lo que bíblicamente se le conoce como «El día del Señor».

¿Qué es el día del Señor?

Bíblicamente es el día en que el Señor traerá al mundo su justicia. Esto es visto por muchos con cierto temor y por esto lo igualan a un pseudo Apocalipsis, destrucción… pero el día del Señor en realidad es todo momento en el que Dios actúa en la vida de cada uno de sus hijos.

Si buscamos en los libros de teología y de estudios bíblicos, nos vamos a encontrar con un tema importantísimo que es el de la historia de la Salvación. Allí vamos a ver todo un desarrollo de la historia del pueblo de Israel, los profetas, patriarcas, éxodo, anuncio del mesías.

Pero no debemos caer en el error de pensar que esto es toda la historia de Salvación, porque cada minuto de nuestra vida es parte de esa historia salvífica que Dios escribe en nuestra vida. Por esto, el día del Señor consiste en su caminar con nosotros en todo momento, no como un Dios inmóvil, sino como un Dios actuante.

Diferencia entre videntes y profetas

Por último, debemos tener claro que un profeta no debe ser confundido nunca con aquellos videntes, lectores de cartas, de manos, de tabaco, de chocolate (o de cuanto se hayan inventado). Es cada vez más común el ver personas que ofrecen este tipo de servicios supersticiosos, sobre todo en lugares turísticos.

Y es triste ver que acuden a este tipo de servicios hasta los mismos católicos. Es lamentable, porque esto desdice absolutamente de la fe que profesamos y del Evangelio que anunciamos.

El verdadero profeta es quien nos demuestra cómo Dios va a restaurar la historia trágica de fracaso y exilio que nos trae el pecado, en una historia de esperanza para el mundo entero. Por tanto, el profeta anuncia un futuro lleno de alegría y de intervención de Dios, más no una serie de enfermedades, ruinas, destrucción familiar… como muchos «videntes» acostumbran anunciar.

Es un error inmenso el comparar o confundir a los profetas con los adivinos, videntes o brujos. Para terminar, quisiera invitarte a hacerte la siguiente pregunta: ¿Tu fe está fundamentada en un Dios esperanzador y misericordiosos, o en un dios que se olvida de sus hijos?

La respuesta a esta pregunta te librará de acudir equívocamente en ese tipo de, en términos bíblicos, falsos profetas.