La fe, como hemos visto en Bartimeo, es un grito; la no fe es sofocar ese grito. Esa actitud que tenía la gente para que se callara: no era gente de fe, en cambio, él sí. Sofocar ese grito es una especie de «ley del silencio».

La fe es una protesta contra una condición dolorosa de la cual no entendemos la razón; la no fe es limitarse a sufrir una situación a la cual nos hemos adaptado.

La fe es la esperanza de ser salvado; la no fe es acostumbrarse al mal que nos oprime y seguir así. — Audiencia general. Biblioteca del Palacio Apostólico. 6 de mayo de 2020