¡Me he topado con un programa maravilloso! Se llama «Mi Gran Familia» …y debo confesar que me he hecho fan. Cada capítulo ha logrado demostrar que es posible crear una programación de calidad, con valores humanistas y centrados en la persona. No obstante, hubo un capítulo que de forma especial ha cautivado mi atención. Se titula «Una historia sobre la adopción» y me recordó el valor de la acogida en familia. 

El programa es conducido por Pedro del Castillo, un joven español que se ha dado a la tarea de mostrar, en cada capítulo, lo que es una institución con muchísimo valor para la sociedad: la familia. ¡Y vaya que lo hace de forma magnífica! 

Este episodio cuenta la historia de Rafa y Mercedes, un matrimonio de 8 hijos, de los cuales 4 de ellos han sido adoptados. Su testimonio me pareció tan lindo e impresionante que no quise perder la oportunidad de reflexionarlo, junto con ustedes.

El deseo de la pareja siempre fue formar una familia, aunque los médicos habían diagnosticado que Mercedes no podría tener hijos. Por ello, desde sus primeros pasos, se involucraron en el proceso de adopción.

Una hermosa sorpresa… otra… y otra

En el proceso de adopción, Mercedes quedó embarazada… ¡de mellizos! Aun así, decidieron también recibir con gran alegría al pequeño niño que, en poco tiempo, les había sido asignado para su adopción.

Siendo tres hijos, se animaron a acoger a otros dos. Uno de ellos con Síndrome de Down, cosa que jamás consideraron que fuera un tema sustancial, sino una oportunidad para hacer crecer más su amor. Así, al poco tiempo crecieron de 3 a 5. Otros 3 hijos llegarían más tarde. 

Adopción y paternidad

«De verdad creemos que la vocación de paternidad tiene que ver con amar a alguien como es y no, como quieres que sea», ha sido una de las frases de Rafa, el padre de familia, que más me ha llegado. Y es que me ha hecho recordar la gran oportunidad que tiene cada matrimonio de donar el amor que les dio fruto como pareja con sus hijos. Ya sea por concepción, por adopción o por acogimiento, pero siempre abiertos a la vida.

Cada familia, con su propia historia y estando bien cimentada en la fe, es un nido de cuidado, amor y esperanza. Es tan impresionante que, a veces, ni siquiera podríamos expresar con palabras lo mucho que merece la pena vivir su experiencia. 

Un proyecto muy divino, muy humano

La Iglesia doméstica es la célula original de la sociedad. Dios así lo ha querido y – como bien sabemos – Él jamás se equivoca. El ser humano está llamado al ámbito familiar, que es el lugar idóneo para crecer. Por ello, su protección e importancia es sumamente valiosa.

Si tu vocación es formar una familia, hoy quiero decirte que oraré especialmente por ti. Para que Dios guíe tus pasos y puedas alcanzar ese anhelo de tu corazón. Espero también que este testimonio refuerce tu gran deseo y agrande el significado y valor de la familia para ti.

 

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