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Ya sea que tengamos poco o mucho tiempo tratando de avanzar en los caminos del Señor, hay una palabra que estoy segura siempre nos ha acompañado: confianza.

La devoción de devociones, es decir, aquella que se le tiene al Sagrado Corazón tiene como motto central: «En vos confío». Más recientemente, en la devoción a la Divina Misericordia vemos un lema parecido: «Jesús, yo confío en ti».

Así, la relación primordial entre El Amado (Dios) y la amada (nuestra alma) es la confianza. Nuestro Dios no parece cansarse de recalcar la importancia que tiene llevar una vida confiando en Él. Sin embargo, ¿es posible desvirtuar esta confianza y distorsionarla?


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El video que les presentamos hoy nos viene de la fundación Liga Contra el Cáncer. Como investigadora de la genética en cáncer de mama, este video cumple para mí dos fines principales: i) animarlas a hacerse su chequeo anual y ii) traer a su atención el error que puede acarrear el deformar nuestro concepto de confianza en nuestro Dios.

¿Pero qué tiene que ver un comercial de la liga contra el cáncer con mi espiritualidad?

El video muestra la conversación imaginaria de dos senos. En ella, vemos que una mama es bastante pragmática y centrada en la realidad, mientras que la otra cree mucho en la meditación, las buenas energías y la relajación.

Piensa sinceramente que, si se conecta con su espiritualidad, todo va a estar bien… que el cáncer nunca sucederá y que, por lo tanto, los chequeos médicos no son tan necesarios.

 Aunque hay evidencia científica que el aspecto psicológico puede jugar un rol importante en la generación y progresión de enfermedades, estas dolencias son multifactoriales y su raíz y campo de acción principal está a nivel biológico.

Es falso, injusto e ineficiente querer atribuir a una sola cosa hechos que tienen su causa en varios aspectos. ¿Qué significa esto en mi fe? Decíamos que confiar en Dios es un requisito de nuestra relación con Él, y es —al mismo tiempo— un regalo hermoso que aligera nuestras cargas y alegra nuestra vida.

Sin embargo, confiar en nuestro Señor no nos exime de nuestra libertad y responsabilidad frente al plan de Dios en nuestros días.

Tomemos como ejemplo al más grande, a Cristo

Cuando estuvo 40 días en el desierto, una de las tentaciones del demonio fue que se tirara de la parte más alta del Templo. El enemigo justificó su pedido citando la Escritura, diciendo: «Dios ordenará a sus ángeles que te protejan. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropiecen tus pies en alguna piedra». Pero Jesús le replicó: «Dice la Escritura: No tentarás al Señor, tu Dios» (Lc 4, 9-12).

El Padre Bernardo Hurault nos explica este pasaje de la siguiente forma: «¿No crees que Dios hará un milagro para ti? —Esta vez, el diablo ha usado las mismas palabras de la Biblia: al leerlas, uno podría pensar que, con mucha fe, siempre tendrá salud y éxito.

Jesús advierte los errores de una «fe» que pretende pasar haciéndole el quite a la cruz. Él no exigirá de Su Padre milagros para no tener que sufrir las humillaciones y los rechazos, que son la parte de los mensajeros de Dios: esto sería poner a prueba a Dios con el pretexto de confiar en Él».

No abusemos de la confianza

Llevando estas palabras a nuestra vida diaria, debemos entender que «tentar a Dios es exponernos imprudentemente a un mal o a un peligro confiando en que Dios nos salvará. Eso es un abuso de confianza» (Pbro. Sergio G. Román).

En el contexto actual, este abuso de confianza se traduce también a no tomar las medidas necesarias para cuidarnos frente a la desinformación imperante en los medios, cuyo antídoto es el pensamiento crítico y la búsqueda activa de fuentes confiables (y no videos dudosos o alarmistas en WhatsApp u otros).

Se traduce a cumplir los protocolos de bioseguridad por responsabilidad con la salud pública y como una forma de amor al prójimo y por amor a Dios: «Hermanos, ¿qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar? Así pasa con la fe si no se demuestra por la manera de actuar: está completamente muerta» (Stgo 2, 14, 17).

Confianza vigilante

Finalmente, comparto las palabras de nuestro papa Francisco, quien nos habla de una confianza vigilante, es decir, vivir con responsabilidad nuestra fe:

«La esperanza vigilante y la paciencia son dos características que definen a quienes se han encontrado con Jesús, estructurando su vida desde la confianza y la espera, consciente de que el futuro no es solo obra de nuestras manos, sino de la preocupación providente de un Dios que es todo misericordia.

Este convencimiento lleva al cristiano a amar la vida, a no maldecirla nunca, pues todos los momentos, por muy dolorosos, oscuros y opacos que sean, son iluminados con el dulce y poderoso recuerdo de Cristo.

Gracias a Él estamos convencidos de que nada es inútil, ni vacío, ni fruto de la vana casualidad, sino que cada día esconde un gran misterio de gracia y de que en nuestro mundo no necesitamos otra cosa que no sea una caricia de Cristo». 

¿Cómo aumentar mi confianza en Dios?