seguir a Cristo

Conversando con uno de mis mejores amigos sobre el desafío que es seguir la voluntad de Dios, pensábamos que, a pesar de amar de manera completa y plena a Cristo, llega un punto en el que sentimos que ya lo hemos dado todo. Entonces, cuando Dios llega a pedirnos más y nos pide ir más profundo aún, pensamos: ¿Más, Señor, más?

Pero si esto que veo ya es maravilloso, y lo que te he entregado hoy se siente como todo lo que tenía y podía hacer por amor a ti. Luego pienso: ¿Cuál es el problema de la profundidad?

Y enseguida conecto con las palabras oscuridad y poca claridad. No se ve muy bien en lo profundo, y eso nos intimida. Pero pienso que esto es como cuando uno aprende a bucear.

¿Qué tiene que ver el buceo con seguir a Cristo? ¡Te cuento!

Open Water Diver

El Open Water Diver es el primer nivel de certificación de buceo; te permite bucear a una profundidad máxima de 18 metros. Al ser el primer curso, considero que es muy duro al inicio, porque todo es nuevo.

En este curso, te enseñan todo lo necesario para bucear de manera segura: montar y usar el equipo de buceo autónomo, controlar tu flotabilidad, acercarte con respeto a la vida marina y gestionar problemas comunes que pueden surgir al bucear con calma y seguridad.

Esto último es especialmente importante, pues una vez en lo profundo, no puedes subir súbitamente en caso de miedo o pánico. Es por esto que, en la parte práctica del curso, hay una lección particular que todo buzo recuerda: quitarse la careta debajo del agua.

Llega el momento de la verdad: pasas de la teoría a la práctica y desciendes por primera vez con el equipo puesto, con algo de torpeza en la flotabilidad y sintiéndote como un astronauta. Te estabilizas y el instructor, que te transmite seguridad y no duda de ti, te da la señal de quitarte la careta bajo el mar. Señala con sus manos que te la quites y te la vuelvas a poner, una y otra vez.

¿En qué momento me apunté a esto? En un segundo, se llena la nariz de agua y el primer instinto es dejar de respirar. Regla de buceo: nunca dejar de respirar, así sea botando burbujas. Luego recuerdas que tienes el regulador (lo que provee el oxígeno desde el tanque) puesto en la boca y, a pesar de sentir que no puedes respirar, respiras por la boca y, ¡oh sorpresa!, ¡puedes respirar!

Sensación extraña, pero puedes respirar. Después de ese susto, uff, como pez en el agua. Esponjas, corales y peces de todos los colores. Es hermoso, no se quiere salir jamás de ahí. Luego te dicen: si crees que esto es increíble… haz el curso avanzado.

Advanced Open Water Diver

Este segundo curso te permite bucear hasta 30 metros. Bucear a esta profundidad requiere preparación; sientes más presión por el descenso y el paisaje ya no es ese amor idílico primerizo.

Es un paisaje nuevo; como no entra tanto la luz, ya no se ven todos los colores que se ven más arriba, pero a la vez, ves mil bichos que no ves a 18 metros. Te das cuenta de que tu cuerpo resiste esa presión y, de nuevo, de que aquí también puedes respirar.

El curso avanzado también te permite bucear de noche… ufff, de lo mejor que he hecho en mi vida. Confianza absoluta, realmente. Entrega de fe al sumergirte en esas aguas en las que no ves nada, nada, nada.

Bajar con la linterna encendida, buscar estabilidad y apagarla solo para sentir el vacío a tu alrededor, flotando sin sentir el peso de tu cuerpo.

De nuevo, entrega absoluta. Volver a encender la linterna y ver todos los animales que normalmente están dormidos en el día salir a cazar, salir de sus cuevas y, por fin, mostrarse.

Tiburones, langostas, pulpos en plena actividad. Volver a apagar la linterna para mover las manos y activar la bioluminiscencia del plancton, darse cuenta de que Avatar es real y mejor, porque es de este mundo y creación de Dios. Es maravilloso… entonces pienso: todo lo que me habría perdido de no haber hecho este curso avanzado… y los que faltan.

Bucear en la fe, seguir a Cristo

seguir a Cristo

Así es Dios, nos invita a ir cada vez más profundo en la fe. La regla número uno del buceo es jamás ir solo, siempre bucear con un compañero. Jesús también lo sabe y siempre está a nuestro lado en cada metro de profundidad que alcanzamos, siempre. Y si algo falla, Él es ese «diving buddy» que te asiste, que está ahí para darte de su oxígeno.

Al inicio escribí que Dios llega a pedirnos más, y sí, siendo Él el creador del universo, anhela nuestro amor y unión profunda a Él. Pero este no es un Dios que quiere, quiere y quiere; de hecho, es un Dios que da, da y da.

Entonces, cuando Dios nos llama a ir a más profundidad, es porque nos quiere dar más y más, y claro, eso implica de nosotros más confianza, más desapego, más fe.

Pero al final, el que da siempre es Dios. Él no solo nos amó primero, sino que nos sigue amando y dando más de lo que nosotros podremos darle a Él.

Quiere nuestro todo, pero también quiere darnos su todo, y para recibirlo hay que confiar e ir más profundo aún. Entonces, ir más profundo no solo se trata de darlo todo, sino también de recibirlo todo de aquel quien es infinito y cuyo amor no tiene límite.

Así que, cuando tu amigo te plantee su incertidumbre y, en ocasiones, incomodidad de seguir a Cristo, dile que comprendes perfectamente. Dile que sabes lo que es tener la nariz llena de agua, sentir que no puedes respirar, sentir la presión creciente y no ver con claridad, pero dile con certeza que podrá respirar y que valdrá la pena, valdrá la vida.

No tengamos miedo de seguir a Cristo, no tengamos miedo de ir más y más profundo con Jesús. ¡Qué emoción pensar que nos mostrará Él ahí!

¿Te animas a seguir a Cristo así? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Artículo elaborado por Angela María Delgado Barrera