Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena vivió en una época que era un auténtico caos (el mega COVID del siglo XIV): pestes, guerras y el Papa «teletrabajando» desde Aviñón porque Roma era un peligro. Ella no era una líder política; era una mujer joven y mística. ¿Imaginas lo poco valoradas que estaban las mujeres jóvenes en ese momento de la historia? Pero su amor por la Iglesia la obligó a salir de su zona de confort, y eso generó un verdadero terremoto espiritual.

Con la ayuda de Dios, se convirtió en uno de los personajes más importantes de su época. Si a veces también te sientes pequeño, te recomiendo seguir su ejemplo. Aquí tres claves para cuando la timidez te intente frenar:

El amor es más fuerte que la vergüenza

Catalina le escribía al papa Gregorio XI cosas como: «¡Sea hombre! ¡No tenga miedo!». No es que ella fuera «lanzada» por naturaleza, es que amaba tanto a la Iglesia que el miedo a quedar mal pasó a segundo plano.

Como menciona la doctora Marian Rojas Estapé en sus estudios sobre la gestión del cortisol y el optimismo, cuando tenemos un «para qué» potente, nuestro sistema de alerta se calma.

La timidez es profundidad, no defecto

No hace falta ser un gritón para cambiar el mundo. Catalina pasaba horas en silencio y oración. Esa «timidez» le daba una vida interior tan brutal que, cuando hablaba, sus palabras tenían un peso que nadie podía ignorar.

Si eres tímido, tu fe suele ser más reflexiva y auténtica; úsala.

Herramientas para el día a día

  • Corta el cortisol con silencio: si el mundo te abruma, haz como Catalina y crea una «celda interior» en tu mente. Diez minutos de oración en silencio bajan las pulsaciones y te dan perspectiva.
  • Busca tu «Persona vitamina»: ella se rodeó de amigos que la apoyaban. No intentes evangelizar solo; busca gente que te dé seguridad.
  • La «parresía» (hablar claro): san Josemaría Escrivá admiraba de santa Catalina que decía las verdades con una claridad pasmosa. No necesitas hablar mucho, solo necesitas hablar con la verdad y por amor.

Dios no te pide que cambies tu forma de ser, sino que la llenes de Él. Santa Catalina no dejó de ser quien era; simplemente dejó que su amor por Cristo fuera más grande que su timidez. ¡Atrévete a ser un tímido con garra!

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