Ante las constantes preguntas sobre la conveniencia de hacer yoga, me informé leyendo, hablando con personas que se han introducido en esta práctica y con algunos que han sufrido sus efectos.

Me gustaría decir que si el yoga se quedara en meras técnicas de respiración no estaría mal, pero como busca el vacío interior, puede ser que dejemos de buscar a Dios por buscarnos a nosotros mismos. Y aquí es donde pasaría a ser incompatible con la fe. Son muchas las voces autorizadas que lo explican (al final te comparto bibliografía útil).

En los últimos años, se han difundido en el mundo occidental una serie de prácticas de origen oriental, tales como el yoga y la meditación trascendental en sus diferentes manifestaciones. Entre las causas de este fenómeno se pueden encontrar el cansancio que viene del activismo técnico, el nerviosismo y los trastornos psíquicos, etc.

Así se explica que muchas personas se vean animadas a iniciarse en estas prácticas, buscando en ellas lo que pueden ofrecer de estimulante. Sin pensar o saber que, no pocas veces, estas prácticas suponen una concepción del hombre y de la vida no compatibles con el cristiano.

1. ¿Qué es el yoga?

¿Yoga y cristianismo son compatibles? Sacerdote responde

La palabra «yoga» sugiere a muchos la práctica regularizada de ejercicios físicos, gimnásticos y mentales. Y ciertamente lo es. Precisamente a esto alude su etimología significativa de «enyugar» los poderes físicos y psíquicos del individuo en orden a conseguir el desarrollo pleno de su personalidad.

El yoga no es solo un sistema elaborado de posturas y de ejercicios físicos, es una disciplina espiritual que pregona llevar el alma al «samadhi», a la unión total con el ser divino. Podríamos resumir diciendo que el samadhi es el estado en el que lo natural y lo divino se convierten en uno, el hombre y Dios llegan a ser uno sin ninguna diferencia.

Como se puede ver, este enfoque es radicalmente contrario al cristianismo en donde claramente hay una distinción entre Creador y criatura, entre Dios y hombre.

Hay que señalar que existen muchos tipos de yoga. El criterio diferenciador radica en su punto de apoyo, unos se fijan más en lo físico y otros en lo espiritual (o interior). De hecho se pueden clasificar dependiendo de lo que uno busca en el yoga: espiritualidad, dinamismo o un momento de relajación, etc.

El yoga exige una serie de recursos gimnásticos y psicotécnicos. Pero son mucho más que eso, quien practique el yoga o el zen, de ordinario se ve progresivamente introducido en su trasfondo ideológico, a no ser que reaccione a tiempo.

2. ¿Tiene algo de bueno?

Como el hombre está hecho a imagen de Dios para Dios, y por tanto, es connatural al hombre buscar la unión con Dios, nada tiene de particular que el yoga, el zen y la meditación trascendental puedan ser considerados como diversas modalidades de esa aspiración natural al perfeccionamiento y felicidad que provienen de alcanzar a Dios.

Muchas personas han comprobado que las técnicas de respiración y los ejercicios de relajación pueden ser eficaces para disminuir el estrés y para recuperar la estabilidad. Naturalmente, no son en sí mismos incompatibles con el cristianismo los recursos gimnásticos y respiratorios, al menos algunos de ellos, pero despojados de su trasfondo doctrinal de índole religiosa.

3. ¿Puede servir el yoga para la meditación?

Ya san Juan Pablo II, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, puso en guardia a los obispos de todo el mundo contra la tentación de los católicos de sustituir la práctica de la oración y la meditación de la Iglesia por los llamados métodos orientales de meditación (yoga, zen, etc.).

Más tarde, refiriéndose a la exclamación de santa Teresa de Jesús: «Apartarse de Cristo…, no lo puedo sufrir», san Juan Pablo II afirmó en un viaje a Ávila, la tierra natal de la santa: «Este grito vale también en nuestros días contra algunas técnicas de oración que no se inspiran en el Evangelio y que prácticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vacío mental que dentro del cristianismo no tiene sentido».

Toda técnica de oración es válida solo cuando se inspira en Cristo y conduce a Cristo, el camino, la verdad y la vida.

4. ¿Puede existir un yoga cristiano?

Aquí debemos hacer una diferenciación por las culturas. En oriente sí es muy marcada la incompatibilidad en todo sentido, mientras que en occidente se podría encontrar alguna salvedad. Hace varios años la revista 30 Giorni hizo una entrevista al entonces Card. Ratzinger, y le formularon esta misma pregunta: ¿puede existir un yoga cristiano?

Benedicto XVI respondió: «En el momento en el que lo llamamos yoga cristiano ya está ideologizado y aparece como una religión, lo cual no me gusta mucho. Mientras que, sobre el aspecto puramente físico, repito, algunos elementos podrían subsistir. Hay que estar muy atentos cuando se habla de un contexto ideológico, que lo lleva a convertirse en un poder cuasi místico.

El riesgo es que el yoga pueda transformarse en un método autónomo de «redención», desprovisto de un verdadero encuentro entre Dios y el hombre. Y en este caso ya nos encontraríamos en lo trascendente. Es verdad que también en la oración y en la meditación cristiana la posición del cuerpo tiene su importancia y significa una conducta interior que se expresa también en la liturgia.

Pero en el yoga los movimientos del cuerpo tienen una implicación diferente con respecto a la relación con Dios, que no es la de la liturgia cristiana. Hay que tener la máxima prudencia, ya que detrás de estos elementos corporales se esconde una concepción del ser como tal, de la relación entre cuerpo y alma, entre hombre, mundo y Dios».

Conclusiones

Existe un yoga reducido a un tipo de gimnasia, del que se excluyen los mantras y que se ofrece como elemento que proporciona ayuda para el relajamiento del cuerpo. Bien, si el yoga únicamente estuviera reducido a un tipo de gimnasia, o sea, a movimientos exclusivamente físicos, se podría aceptar. Pero como este no es el objetivo y centro de cómo se concibió esta práctica, queda claro que adherirse al «estilo de vida» que propone el yoga no estaría bien.

Sobre este punto hay que estar muy atentos para no introducir, en lo que sería mera preparación física, una determinada visión del hombre, del mundo, de la relación entre Dios y el hombre.

Lastimosamente, mucha gente no conoce esto y sin saberlo se van metiendo atraídas por los beneficios externos y terminan perdiendo la fe o incluso cambiando sus convicciones. Por eso es tan importante que nos informemos y estemos seguros de que lo que estamos haciendo es correcto a los ojos de Dios.

Bibliografía que te puede servir

Existe bastante bibliografía sobre estos temas, pero en su mayor parte se trata de libros que no contienen un enfoque crítico, y con frecuencia —incluso algunos escritos por católicos, y aún religiosos— son de publicidad  de esas técnicas y concepciones teóricas.

Te señalo a continuación algunos títulos doctrinalmente correctos:

1. Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana.

2. El yoga que puede «transformarse en un método autónomo de redención». Revista 30 Giorni, número 9, marzo de 1999

3. J. Roger, Yoga, en Gran Enciclopedia Rialp, 23, Madrid 1975, 802-803.

4. Y. Drenikoff-Andhi, Yoga, ciencia del hombre, Barcelona.