Todos hemos anhelado ser amados y acogidos por los demás, queremos una vida que sea claridad plena donde podamos vernos como somos. Tanto es así, que la caridad cristiana siempre ha propuesto llegar a donde están los más olvidados.

El Santo Padre Francisco ha hablado desde el inicio de su Pontificado de llegar a las «periferias existenciales». Ahí donde están aquellos a quienes muchos no se atreven a mirar. Y esto nos recuerda un dato importante: Toda persona anhela ser vista y comprendida en su verdadera identidad.

Pensé en esto luego de ver el documental de HM Television, Pierina Morosi: el silencio de la pureza, que te comparto:

Una mujer que quiso verse con los ojos de Dios

En el video se narra la vida de Pierina Morosini, una joven católica de Italia, quien sintió la necesidad de descubrir su belleza bajo la mirada amorosa de Dios. Para ella, solamente Dios podía custodiar verdaderamente su pureza.

Dice en un momento de recogimiento en oración:

«en tus manos puras, confío mi cuerpo, mi mente, mi corazón y todos mis bienes espirituales, pasados presentes y futuros, para mayor gloria de Dios y para la salvación de las almas. Recoge, Madre compasiva, mi pobre ofrecimiento y obtenme de Jesús, de mi esposo y rey de mi alma, pureza y fidelidad constante. Oh, María, siempre joven porque siempre pura, haz que mi corazón rejuvenezca con la belleza de la castidad».

Esto nos recuerda que no basta con hacer de Dios un compañero de camino, es necesario además ponernos bajo su mirada y devolver todo a sus manos amorosas, y así Dios elevará todas nuestras realidades a Él y nos permitirá percibir la verdadera belleza y bondad que hay en nosotros, en nuestros cuerpos, en nuestros corazones.

La mirada del mundo necesita la mirada de la pureza

Pierina en un momento menciona: «me encantaría ser como María Goretti». Eso desata todo un mar de críticas por su deseo de vivir la pureza. La mirada del mundo no nos muestra el camino de la pureza como un camino de plenitud, nos harán creer que vivir la pureza no es necesaria para un amor auténtico a Dios y a los demás.

Y se nos olvida que solamente cuando el corazón ordena sus deseos interiores al amor es que puede descubrir la verdadera belleza y bondad que hay en sí mismo y en el otro.

En un momento Pierina es cuestionada: «Pierina, ¿cómo haces para estar siempre alegre?». Ella responde: «Olvídate de ti, es lo que siempre hago yo». Para ella, al parecer, sí era claro que no podía centrarse solo en sí misma si quería ser plena; necesitaba aprender a darse libre de egoísmos a los demás. En sí ese es un fruto hermoso de la pureza: darnos sin egoísmos.

Un misterio revelado por Dios

Solamente Dios con la acción del Espíritu Santo nos revela y permite comprender la vocación a la que hemos sido llamados. Pierina va a decir:

«Si de verdad supiésemos que es el cielo, la vida eterna, la santidad, no desperdiciaríamos ni un solo segundo por ganarlo, el tiempo es oro».

Y eso solamente es comprensible al ser tocados por el amor de Dios. Cuando nos encontramos con el abrazo amoroso de Dios, Él nunca nos deja con el corazón insatisfecho.

«Tenéis que estar orgullosas, tenemos una nueva María Goretti»

Cuando Pierina fallece a causa de los golpes, hay tristeza. Pero, inmediatamente, ocurre algo: Hay un clima de gozo por el modo heroico en que murió.

Muchas veces ante la muerte nos podemos quedar con la sensación de que todo ha terminado allí. Pero la experiencia que se narra es de gozo por alguien que ha defendido lo que valoraba tanto, su pureza.

Y esa es una oración que necesitamos aprender a hacer: Señor, enséñame a amar lo que Tú amas, a desear lo que Tú deseas, a buscar lo que Tú buscas y que todo lo que ames en mí, yo lo ame junto a Ti.

La pureza requiere valor (y mucho)

Tenemos que reconocer que hablar de pureza en el mundo actual puede ser tomado de cualquier forma, menos de la forma en que Dios quiere que la tomemos. Porque causa miedo a ser rechazado, a sentirnos vulnerables o ser mal vistos.

Pero, en el fondo, pasa lo mismo que le ocurrió a los amigos de Pierina amigos: «a todos nos causaba admiración, pero no teníamos el valor de imitarla», dijeron.

Vivir la pureza es tan admirable porque ayuda a que brille en nosotros con más fuerza el rostro del amor infinito de Dios, quien nos mira con total pureza. No nos perdamos la oportunidad de vivir y gozar de este amor.