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*DISCLAIMER: Con el presente artículo no queremos tomar posiciones ni justificar de ningún modo los abusos y situaciones lamentables que se están presentando en nuestro país hermano Ecuador. La línea de la reflexión de este artículo va en el sentido de la oración en momentos difíciles y lo que manda la Iglesia en cuando a la defensa de la vida y la búsqueda de la paz.

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Qué difícil deben ser los minutos antes de un enfrentamiento. Aun cuando el cuerpo y la mente estén entrenados, creo que esos momentos previos deben ser muy intensos. Aparecerá tal vez el miedo y la angustia.

El miedo no solo a perder la vida y dejar a los que más amas, sino también el miedo a deshumanizarte, quitarle la vida a otros, dejar heridas que tal vez cuesten mucho sanar, o quizá no sanen nunca. Sentimientos como el odio o el amor profundo por lo que defiendes.

Las fuerzas armadas, tan incomprendidas, luchan por garantizar el orden y la paz, defender la nación y su soberanía. Tanta complejidad junta. A los civiles, nos cuesta entender lo que puede suceder en la mente de los policías o soldados.

Ojalá no los necesitáramos, ojalá la guerra no existiera… somos frágiles en tantísimos sentidos y la violencia entre hermanos se remonta al principio de todo. Caín y Abel, conflictos internos, naciones enfrentadas, sed de poder, envidia, codicia, celos, enfermedades del cuerpo y del alma.

Triste es ser un espectador porque el corazón se conmueve tanto con la víctima de la violencia como con aquél que la ejerce. Porque ambos sufren heridas hondas inevitablemente y a todo nivel.

¿Es lícita la violencia, la guerra? Innumerables conflictos armados se viven alrededor del mundo, cristianos perseguidos, policías y pueblos enfrentados entre sí por crisis políticas, económicas. La violencia aflora junto con la desesperación. La justicia se hace difícil de ver, pero tan necesaria de encontrar.

Apenas unos días atrás en Ecuador, país vecino se han desatado una serie de protestas y disturbios internos por situaciones políticas y medidas económicas tomadas. Y en medio de todo esto un video se ha hecho viral, policías rezando el Padre Nuestro antes de salir a poner orden.

¿Es posible hacer una oración antes de salir a un enfrentamiento?

El uso de la fuerza, indeseable por todos, necesaria en algunos casos. El Catecismo de la Iglesia católica en su Tercera Parte – La Vida en Cristo, nos ayuda a entender el valor y la necesidad de defender la vida, y las situaciones en que el uso de la fuerza para su defensa es justificable.

Entre muchos puntos explica que «La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro». Y que al Estado le corresponde velar por la paz, optando por empeñarse en evitar la guerra. Sin embargo «Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa» (GS 79).

Buscar la paz y encomendarnos a Dios

Es duro entender esto y a la vez importante que lo sepamos y tengamos lo más claro posible. El uso de la fuerza puede ser justificado cuando no existe otro medio más para la legítima defensa y la vida de uno o muchos esté en juego. Empeñarnos en buscar la paz es la primera tarea, lo segundo sería encomendarnos a Dios y su Espíritu para que nos den la claridad para encontrar y discernir la justicia en beneficio de la humanidad.

Válida y conmovedora la oración de estos oficiales. Que Dios dé la claridad a los gobernantes del mundo y a las fuerzas del orden para buscar la justicia y conseguir la paz defendiendo la vida de todos. «Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9).

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