Cuando vi por primera vez este corto animado, me di cuenta que retrataba una actitud demasiado común de nuestra sociedad, la indiferencia. Simplemente no pensemos en los demás. Este corto sirve para que cada uno de nosotros haga un serio examen de conciencia, y nos preguntemos a nosotros mismos: ¿Estoy siendo indiferente ante las necesidades de los demás? Ante lo que ocurre a mi costado. A veces ayudar o tener un gesto de caridad, solo nos toma un minuto de nuestro tiempo. ¿Cómo no recordar la parábola del «buen Samaritano»? (Lucas 10, 29-37)



Seamos humanos, serviciales y cordiales

Hace menos de un año que vivo en Lima (capital del Perú). Los últimos 10 años he vivido en una ciudad al norte del Perú, llamada Piura. Les voy a decir algo muy sencillo, pero que viene al caso. Caminando por las calles de Piura — que todavía tiene un ambiente de ciudad chica, en la que uno experimenta esa calidez con personas que vivimos en un mismo Pueblo — era muy común saludar a la gente, y recibir devuelta otro saludo. Cruzarse, muchas veces, con amigos, conocidos. Incluso, parar unos minutos y conversar, antes de ir a alguna reunión, sin el miedo y angustia por llegar tarde, etc.

¿Por qué comparto esto? Por mi experiencia ahora que estoy en Lima. Una capital que tiene ya más de ocho millones de habitantes. No pocas veces me cruzo con personas que incluso, no me devuelven un saludo como: «buenos días», o un «buenas noches». Parar para conversar… ya sería pedir un acto de sacrificio inimaginable. No es difícil de comprender. Vivimos un ritmo tan acelerado, frenético, lleno de angustias por miles de cosas, que poco a poco nos vamos, literalmente, deshumanizando. En otras palabras, nos olvidamos y abandonamos lo más valioso que podemos vivir: la relación y el amor con los demás. Una relación de tú a tú. Yo que quiero ayudarte, tú que necesitas mi ayuda. Olvidarnos de esto, es el camino que nos lleva a la indiferencia, tan bien retratada en el corto que acabamos de ver, «Mr.Indiferent».



¿Vivimos en burbujitas de cristal?

Las razones por las que somos indiferentes frente a lo que pasa a nuestro al rededor, pueden ser muchísimas. Algunas, incluso, justificadas. Les comparto algo muy personal, y anecdótico. A mí me hizo reír como loco, por lo irónico y — me arriesgaría incluso a decir — surrealista de la situación. Estaba esperando un amigo para almorzar. Había llegado algunos minutos antes que él al restaurante en el que habíamos acordado para encontrarnos, de modo que pude separar una mesa, puesto que a eso de la una de la tarde, ya estaba repleto el sitio.

Para no perder tiempo le empecé a escribir un whatssap, contándole que estaba dentro del restaurante, sentado en una mesa, apenas entrando. En seguida me contesto que ya estaba cerca. Seguí escribiéndole y me dijo que ya me había visto, y obviamente, le pregunté por dónde andaba. Ahí es cuando me empecé a reír de la situación y más aún de mi mismo. Resulta que mi amigo estaba, literalmente,  a mi costado. No estoy exagerando. Podría darle un abrazo en ese mismo instante. Obviamente, mientras los dos nos reíamos, me paré a darle un buen abrazo. Luego, rápidamente, hablamos como había sido «víctima» de algo que tantas veces critico.

Más allá de la anécdota, mi punto es que, estamos tan encerrados en nuestras cosas. Desde preocupaciones necesarias, hasta cosas triviales, que parecemos estar en una burbuja de cristal debido a esos «aparatitos» (celulares) que nos tienen esclavizados. Vemos, en el mejor de los casos, lo que está sucediendo a nuestro alrededor, pero estamos tan absortos en nuestras cosas, que no nos importan los demás.

¡Ojo! Estoy siendo muy benévolo en esta observación. Pienso que, en realidad, lo que sucede es que no queremos ayudar. Nos hace «perder» tiempo, es una incomodidad, pensamos «que se las arregle él mismo». Total…«a mi nadie me ayuda».

Esto me recuerda otro pasaje bíblico muy interesante que está en los primeros capítulos del Génesis: «Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?’. Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra…» (Génesis 4, 9).

La indiferencia también mata

No es un problema para tomarse a la ligera. La indiferencia es, literalmente, negarse a vivir el amor, la caridad. Es negarse a vivir lo que nos pide y enseña el Señor como el principal de los mandamientos: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo» (Marcos 12, 28-34). Por lo tanto, cuando no tendemos «la mano derecha» (esa fue la mano que cambió la vida de Mr.Indiferent en el corto) es como si la persona que está al alcance de nuestro amor, no existiera. A eso me refiero cuando digo que es una forma de matar. La persona no existe para mí.

Problema de fondo

Muchas cosas podríamos hablar sobre el video. Yo quiero resaltar una que a mi parecer es la principal: La experiencia existencial de la caridad. Permítanme algunas líneas más de reflexión para dejar claro mi punto. ¿Qué es lo que genera un cambio radical en la vida de Mr.Indiferent? Una abuelita, que en el guión del corto aparece como de la nada, y le coge el brazo, instintivamente. Sin pedirle permiso, sin preguntarle… nada.

Ese acto de la abuelita que necesita que él sea caritativo, sumado al carro, que casi los atropella, lo obligan a levantar «la mano derecha de la caridad». A partir de ese momento, la vida del personaje — que representa cualquiera de nosotros—  da un giro de 180º. Sufre un cambio extraordinario, lo vemos jugando ya no con una, sino con las «dos manos». 

El problema que quiero dejar claro es el siguiente. Vivir o no vivir la caridad, pone en juego el sentido de nuestra vida. La vivencia del amor cristiano, marca la diferencia absoluta de una vida llena de alegría, felicidad y sentido, más allá de nuestros problemas, cruces y sufrimientos y una vida en la que nos sentimos infelices, angustiados, ansiosos, tristes y solos. Nos preguntamos, totalmente confundidos, ¿qué está mal en mi vida?, ¿por qué no soy feliz?, ¿por qué no le encuentro sentido a mi existencia? Este video nos ofrece una respuesta muy sugestiva y atrayente, que interpela a cualquiera que tenga algo de sensibilidad: la vivencia del amor hacia los demás.

Para terminar, no olvidemos cómo termina el video. Ese cambio que sufre el personaje central, es motivo para cambiar la vida de otros. ¿Cuántas veces nos preguntamos qué podemos hacer para mejorar este mundo? Bueno, este video nos permite entender que el cambio debe empezar primero en cada uno de nosotros. No podemos pretender ayudar a los demás, si primero, no cambiamos nuestro corazón. ¿Te animas?