Antes de entrar en materia, quería aclarar que no publicamos este video para promover al artista o la institución que representa, sino porque nos parece que el mensaje que plantea es de suma importancia y pertinencia en estos tiempos. 

Cuando veía el video me conmovía. No podía dejar de pensar que los protagonistas de esta historia son seres indefensos, frágiles, pobres entre los más pobres, débiles, marginados. Son inocentes que sufren sin habérselo buscado, que pagan las consecuencias de la mezquindad y el egoísmo de otros. Pienso específicamente en los niños víctimas de tantos males de los que somos testigos desde muchos años atrás. Parece mentira que hoy en tiempos donde el hombre ha podido resolver tantas inquietudes, no haya sido capaz de erradicar estas cuestiones: la guerra, el hambre, la violencia, el abuso, la explotación de los más indefensos; más bien pareciera que cada día estos problemas van en aumento.


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Hace poco recordábamos en la Iglesia la Fiesta de los Santos Inocentes. Una historia milenaria, en la que unos pobres indefensos padecieron la crueldad, la avaricia y el deseo de poder de un gobernante. Hoy la historia se repite con los infantes víctimas de tantas crueldades en el mundo, que padecen porque hay corazones como el de Herodes, apegados al deseo de poder, corazones divididos que no saben perdonar, que no reconocen que los demás son igualmente dignos y que sus vidas son valiosas, corazones que le han cerrado las puertas al amor de Dios.

Como dice el cantante: «Duele demasiado»; duele, sí, porque así no tenga yo que ver nada con ellos, así no viva en carne propia esta situación, ellos son mis semejantes, son mis hermanos y duele que sufran injustamente. Aunque yo creo que también duele no poder hacer nada, duele también ver cómo hay quienes no se conmueven, y que haya tanta indiferencia. Duele que esta sea una historia que se vuelve rutinaria, porque la leemos cotidianamente en el periódico o la vemos en las noticias. Duele que sea algo que deje de doler.

Me parece además pertinente recordar que nos encontramos en el marco de la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2017, cuyo lema propuesto por el Papa Francisco es: «Menores migrantes, vulnerables y sin voz». Pienso que esta será una ocasión para renovar la conciencia y la mirada compasiva ante esta realidad, no solo a quienes tienen la labor de gobernar sino la de todos los pueblos.


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Quizá no esté en mis manos ni en las tuyas hacer algo por cambiar directamente la situación o solucionar el problema. Pero mucho se puede hacer dejando la indiferencia, dejando que esta realidad nos toque, que me vuelva a cuestionar, que no me parezca normal, que no piense que es problema de algunos países y no tiene que ver con mi realidad. Que no pierda la esperanza que todo puede cambiar y ser distinto. Que descubra que mucho puedo hacer a través de la oración, poniendo en las manos de Dios esta situación y la vida de estos hermanos. No olvidemos que aunque el Año de la Misericordia ya terminó, la opción por la caridad no pasa de moda.