Los chicos de Catholic-stuff lo han hecho de nuevo, nos ofrecen un cortometraje fantástico, no solo entretenido, sino con un contenido de lujo que te servirá tanto para tu propio combate espiritual, como para tu apostolado. Y si no los conoces, pues aquí podrás saber más de ellos. 

Te introduzco un poco en el tema, para que te prepares a verlo. Trata sobre el combate espiritual de un joven. Su corazón es un viejo edificio lleno de hombres oscuros (las tentaciones), con quienes tiene que ir luchando a lo largo de su camino. Las habitaciones son sus fragilidades a las que debe ir liberando de la prisión a la que están sometidas por los hombres de negro. La lucha (tipo Matrix) que él va dando en el edificio (su alma) se ve reflejada en lo que realmente va ocurriendo en su vida, en sus acciones y en la forma en la que se relaciona con los demás.

Ahora, hecha esta pequeña introducción, te invito a ponerte cómodo y disfrutar de este video que en esta época del año nos viene bien poner en acción.

Es claro, el tema es la santidad y la verdad es que lo han enfrentado de una forma tan clara, que no hay muchos detalles qué agregar, pero sí quiero rescatar algunas ideas importantes que podrías utilizar cuando compartas este video en tus reuniones y actividades apostólicas.

1. Atreverse y enfrentar la realidad

Atreverse a conocer la verdad, a mirarse a uno mismo. Parece que en muchos aspectos de nuestra vida, escondemos las cosas bajo la alfombra, pues enfrentarlas e intentar luchar por cambiarlas es tan incómodo, vergonzoso y doloroso, que nos desentendemos de ello.  En el video observamos cómo el protagonista es puesto en la situación de elegir entre seguir viviendo una vida en la que ignora lo que le ocurre a su alma y por ende, carece de sentido, o introducirse en el mundo espiritual, mirar, con la ayuda de Dios, lo que está pasando en su interior y luchar.

2. Mi alma, esclava de mis pasiones

Las habitaciones de ese edificio representan los diferentes aspectos de nuestra vida que han caído bajo la esclavitud de las tentaciones. Mientras el joven recorre el edificio (su alma), reconociéndolo e intentando escapar, descubre que muchos lugares están fuertemente custodiados y necesitan ser liberados. Revisar nuestra vida interior (sin saltarnos ninguna habitación) es necesario para liberar todo aquello que ha sido esclavizado por el pecado.

3. No solo es un diagnóstico de la situación

No se trata de metermos a un satélite a mirar desde arriba cómo se ve la cosa; no se trata sólo de diagnosticar y descubrir qué es lo que está pasando, sino que, habiendo descubierto lo que ocurre en nuestro interior, debemos luchar, enfrentar la tentación, escapar de sus golpes y disparos, dando valientemente la pelea por liberarnos. No basta sólo con saber que estamos mal en algún aspecto de nuestra vida, sino que debemos hacer algo por remediarlo.

4. Algunas habitaciones más fuertemente custodiadas

Seguro que estos chicos de Catholic Stuff no eligieron estas tentaciones por mero capricho, sino porque son comunes y nos asaltan a todos: la pereza, la ira, el orgullo y la seducción. Luchar contra ellas, buscar formas y estrategias para evitar ser tentado, enfrentarlas y asumir que forman parte de nuestra vida cuando se hacen evidentes. Eso es lo importante.

La pereza, aquella que muchos experimentan incluso al momento de acostarse, cuando, sabiendo que no se levantarán de la cama rápidamente, colocan dos, tres o cuatro alarmas, asumiendo que no se saldrán de la cama al primer llamado. Si sufres de esa tentación, te recomiendo que leas sobre el “minuto heroico”.

La ira, que se pone de manifiesto cuando algo perturba mi paz, y me vuelvo presa fácil de los impulsos. Aprender a controlarnos, a mantener siempre la serenidad en nuestro corazón, es fundamental para no caer en la tentación, sobre todo en estos días de carreras, trabajo, estrés y muchas otras situaciones que ponen nuestra paciencia y tolerancia a prueba.

El orgullo, creer que las cosas que logro vienen por mi propio mérito y capacidad, el mismo pecado de Satanás. Hacerse pequeño, humilde, como Jesús, que no consideró su condición divina para hacerse como uno de nosotros. (cf Filipenses 2, 6-7)

La castidad, una lucha contra la seducción y contra uno mismo. No se trata de victimizarnos pues somos tentados por una sociedad mercantil que vende todo a través de publicidad que usa el sexo como gancho para atraernos, somos también nosotros los que acogemos pensamientos desordenados, nos dejamos llevar por nuestra naturaleza, olvidando lo que Dios espera de nosotros. Para luchar por tu santidad en este aspecto, te invito a que revises este post con algunos santos que, a través de su intercesión y testimonio, te serán de tremenda ayuda.

5. La fuerza de los sacramentos

Es cierto que hay momentos de oscuridad interior, en donde nos vemos acorralados, donde no hay salidas y donde las fuerzas se acaban. No lo podemos todo por nosotros mismos, eso Dios lo sabe; por eso Jesús nos ha dicho que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos (cf Mateo 28, 20) y lo hace a través de la fuerza santificadora de los sacramentos.

Acude a ellos, principalmente a la Eucaristía y a la Confesión. Tu alma lo agradecerá y tus fuerzas se renovarán para seguir luchando por liberarte de la tentación y el pecado, acercándote cada vez más a aquello a lo que has sido llamado: la santidad.