Nuestros amigos de Catholic Staff han producido una vez más un corto con excelente contenido sobre un tema que a veces es difícil de hablar y aceptar, pero que es parte de la vida diaria de toda persona: la tentación.

El video empieza con el relato de cuando Jesús es enviado al desierto para ser tentado por el demonio, quien le pide hacer su voluntad y contradecir a su Padre Dios, pero Jesús no cedió a ninguna de estas tentaciones y le dijo: “apártate, Satanás, porque está escrito: al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él darás culto” (Mateo 4, 1-11).


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Esta historia es un buen comienzo porque nos hace entender que, si Jesús fue tentado por el mismo satanás, ¿por qué nosotros no habríamos de serlo? Les confieso que a veces tengo miedo de hablar de la tentación y el demonio, pero lo hago porque tenemos que saber que existe y tener mucho cuidado de su astucia. Nuestro amigo Álvaro de Catholic Stuff nos da algunas pistas para resolver esta pregunta y entender mejor por qué se da la tentación.

¿Cómo somos tentados por el demonio?

El demonio trata de engañarnos con la tentación para hacernos pecar, porque cuando cometemos un pecado nos alejamos de Dios y nos hacemos esclavos de él con tal de tener lo que aparentemente deseamos. En la escena que representa al pasaje del Evangelio de Mateo, satanás tienta a Jesús con poder y riquezas, algo con lo que los seres humanos somos tentados con frecuencia. A esto se añaden algunos otros frentes de ataque como describe el video: ataca a los pecados que atan nuestra carne como la sensualidad y la gula, para después atacar directamente a lo espiritual: la soberbia, el orgullo, los pensamientos mundanos y los deseos torcidos y desenfrenados.


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¿Por qué lo permite Dios?

Aunque parezca que no tiene mucho sentido, concuerdo con Álvaro cuando afirma que «Dios permite la tentación para nuestro bien». Porque solo cuando pasamos por oscuridades y desiertos al caer en la tentación, somos capaces de entender que ese estado de pecado nos aleja de Dios y de la felicidad plena que quiere para nosotros y así, lucharemos para transformar nuestra vida y volver al camino correcto. Como dice san Agustín: «Nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigos y tentaciones». Es decir que, para llegar aún más lejos en nuestra vida espiritual, primero debemos caer.

La oración es la mejor arma para vencer la tentación

La tentación es algo tan cotidiano, que en la oración que Cristo nos enseñó le decimos a nuestro Padre: «No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal». En la historia de la Iglesia ha habido muchísimas personas que han sufrido tentaciones y precisamente por vencerlas se han convertido en santos. Un ejemplo de los más ilustres es santa Teresita de Jesús, que convirtió la tentación en motivo de oración y usó tres tácticas para ello: primero, enfrentó al mal en lugar de esconderse; segundo, le contaba directamente a Jesús lo que le estaba pasando y por último, ofrecía lo que estaba viviendo por los demás. Como dice el presentador de Catholic Stuff, cuando sentimos que satanás se acerca y somos tentados, no hay que asustarse ni impacientarse, sino rezar porque con María y Jesús, satanás no puede hacer nada.


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