El video de hoy nos muestra una entrevista realizada a Sor Teresita, una religiosa que vivió 86 años en clausura y que desde el año 2014 partió a la casa del Padre. Si, no leyeron mal, 86 años de claustro, encerrada en un convento, entregando completamente su vida a la oración en el silencio. ¿Y cómo se puede vivir tanto tiempo en un claustro? Es la pregunta que muchos nos hacemos, yo misma creo que no alcanzaría a completar ni un año. Pero la respuesta de Sor Teresita es clara: «El Señor me dio la vocación».

En un mundo donde los que abrazamos la vida consagrada somos vistos cada vez más como extraterrestres, testimonios como el de Sor Teresita son definitivamente un signo de contradicción. Desde los 19 años decidió ingresar al monasterio del que no salió nunca más y del cual partió para el cielo a sus 106 años. Su vida nos ayuda a dibujar algunas lineas claras de lo que es la vida consagrada, y sobre todo, a darnos cuenta de que es un llamado capaz de hacer plenamente feliz a quienes lo responden. Aquí les dejo tres consejos tomados de las palabras de Sor Teresita, para los que somos consagrados y también para los que no:


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1. «No se puede vivir aburrida en el convento, o eres feliz o nada»

Muchas personas piensan que la vida consagrada es aburrida, que las monjas o religiosos son unos “amargados”, que no puede haber diversión habiendo renunciado al mundo. Pero la clave está en entender que una vez que descubres el lugar que Dios pensó para ti desde toda la eternidad todo cobra sentido. Las situaciones más cotidianas y hasta las más sencillas pueden ser motivo de grandes alegrías y las dificultades se vuelven llevaderas, se aprende a ser feliz con las pequeñas cosas, en los sencillos momentos, pues la felicidad de haber respondido a lo que Dios te pide y de estar en el lugar que Él quiere que tú estés impregna cada uno de tus días y hace que se pueda vivir en plenitud.

2. «Todo es gracia, no es más que una pura gracia»

Muchos de los que hemos descubierto la vocación a la vida consagrada nos encontramos frecuentemente con la pregunta: ¿Por qué yo? ¿Por qué Dios me llamó para esto, a mi que no soy perfecto, habiendo tantos mejores que yo? Yo misma me he hecho continuamente esa pregunta durante mis 16 años de vida consagrada, y la respuesta es que no hay respuesta. Así de simple. No hay explicación. Dios no te escoge por tus muchos talentos, o por tus pocos, porque seas muy bueno o muy malo, te escoge por su gracia, todo es gracia. El llamado de Dios es un regalo inmerecido, inexplicable, gratuito, es eso, pura gracia, una gracia que te llama y te sostiene a lo largo de los años para que a pesar de tus fragilidades puedas ser fiel a ese llamado.


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3. «Sin oración no te puedes sostener»

Si bien el llamado a la vida consagrada es un camino hermoso y muy feliz, esto no significa que sea fácil. Como todas las vocaciones es un camino de cruz, pues se trata de conquistar el Cielo. Por ello es imprescindible la oración, el encuentro profundo con Aquel que nos ha llamado, quien es la razón de ser de toda una vida de entrega. La oración nos obtiene la gracia que necesitamos para perseverar, para renovarnos en el llamado, para volver una y otra vez al primer amor, y sostener el “Hágase” pronunciado hasta la eternidad.

Pidámosle a Dios que siga suscitando corazones generosos y valientes que quieran responder al llamado a la vida consagrada, y para que existan muchas más Sor Teresitas que pueden contagiarnos su amor a Dios y a su vocación como ella lo hizo.

Oración por las vocaciones:

Dios, Padre y Pastor de todos los hombres, Tú quieres que no falten hoy día, hombres y mujeres de fe, que consagren sus vidas al servicio del evangelio y al cuidado de la Iglesia. Haz que tu Espíritu Santo ilumine los corazones, y fortalezca las voluntades, para que, acogiendo tu llamada, lleguen a ser los Sacerdotes y Diáconos, Religiosos, Religiosas y Consagrados que tu Pueblo necesita. La cosecha es abundante, y los operarios pocos. Envía, Señor, operarios a tu mies. Amén.


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