
Se ha puesto de moda escuchar sobre «roles de género» para referirse a algunos estereotipos tradicionales. En este aspecto, por largo tiempo, el trabajo doméstico se consideró «solo para mujeres», especialmente dentro del matrimonio, ya que los hombres solían estar fuera de casa, no contaban con tiempo ni habilidades necesarias, o simplemente no querían hacerlo.
Esta misma idea aún persiste en muchos hogares. Por eso, utilizando el humor publicitario como estrategia para hacerlo más efectivo, accesible y memorable, la marca «La Villita» del grupo Sigma Alimentos nos presenta la campaña publicitaria «La Escuela del Hogar».
Contenidos como este, de manera dinámica y divertida, nos ayudan a reflexionar sobre estereotipos muy arraigados que pueden ser causa de muchos problemas en el hogar.
«Roles de género»: la visión de la sociedad
Cuando pensamos en los «roles de género», podemos recordar a nuestros antepasados quienes creían que los hombres debían dedicarse exclusivamente a trabajar fuera del hogar. Mientras, las mujeres —esposas e hijas— tenían la obligación de limpiar, cocinar, cuidar a los niños y realizar todas las tareas que ellos solían menospreciar.
Una de las frases del video señala: «El cambio social comienza en el hogar», y no está lejos de la realidad. Muchas veces son las propias madres quienes perpetúan la idea de que las tareas domésticas no son para los hombres, asignándolas únicamente a las hijas.
Esto refuerza en los hijos la creencia de que estas labores son exclusivas de las mujeres, que ellos no saben hacerlas, que no les corresponden o que ellas las hacen mejor. Sin embargo, como todo en la vida, nadie nace sabiendo, y los varones también pueden aprender.
Aunque muchas mujeres son amas de casa a tiempo completo —una tarea exigente y de gran valor—, hay otras que además tienen profesiones fuera del hogar. Al regresar, muchas veces también deben encargarse de las labores domésticas.
En la actualidad, un hombre que realiza quehaceres del hogar no pierde valor ni aprecio. Al contrario, las mujeres buscan compañeros considerados y empáticos, no una carga adicional.
Es esencial que hombres y mujeres asuman por igual las tareas domésticas. Esto no significa que el hombre «ayuda» a su esposa o madre, sino que es responsabilidad de todos los miembros de la familia mantener la casa ordenada, alimentarse, tener ropa limpia y, en el caso de los padres, enseñar a sus hijos a colaborar.
Una solución práctica puede ser crear una lista de actividades diarias, establecer horarios y dividir las tareas según el tiempo disponible. Así, todos pueden participar activamente. Como bien resalta el lema del video: «Juntos lo hacemos mejor».
La visión de la Iglesia
Algunos suelen culpar a la Biblia de fomentar una mentalidad machista. Sin embargo, es importante recordar que las Sagradas Escrituras son obra divina, inspiradas por el Espíritu Santo, pero reflejan el contexto cultural y mentalidad de la época en que fueron escritas.
En el Génesis leemos: «Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó» (Génesis 1,27). Esto significa que ambos son iguales en dignidad ante Dios, aunque diferentes en naturaleza, y por ello se complementan.
Jesús, durante su vida terrenal, siempre valoró a las mujeres. Conversaba con ellas, las sanaba, las perdonaba, y fue a una mujer a quien se apareció primero tras su resurrección. Su madre, María Santísima, ocupa un lugar especial, como lo expresa la canción: «Más que tú, solo Dios».
El Catecismo de la Iglesia Católica señala en el numeral 2203: «Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental.
Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de responsabilidades, derechos y deberes».
En la vida consagrada, numerosos santos realizaron labores consideradas «propias de mujeres». En sus comunidades, todos debían cooperar. Por ejemplo, San Pascual Bailón, patrón de los cocineros y chefs, vivió en el siglo XVI y era conocido por convertir alimentos simples en platillos deliciosos.
San Martín de Porres, por su parte, es reconocido como el santo de las tareas domésticas y los barrenderos, pues realizaba con humildad y alegría todas estas labores.
Como enseña la Palabra de Dios:
«Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús» (Gálatas 3,28).
Además, Jesús nos recuerda en Mateo 22,39: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», y este amor comienza en casa. Si un esposo ama a su esposa o un hijo a su madre, siempre buscará su bienestar. Participar en las tareas del hogar es una muestra de amor, sentido de pertenencia y de trabajar como un verdadero equipo.
El ejemplo en el hogar: formar con amor y responsabilidad
La mejor manera de educar es con el ejemplo. Es mucho más eficaz cuando los hijos ven a sus padres, dejando de lado el cansancio o la pereza, ser empáticos y responsables en las tareas del hogar.
Esto no solo fomenta una familia más unida, sino que forma personas útiles que serán capaces de valerse por sí mismas en el futuro, ya sea que estén casadas o solteras.
El video concluye con un mensaje poderoso y necesario:
«Compartir las tareas del hogar es algo que se practica en casa. Porque el hogar no es deber de nadie, sino tarea de todos».
¿Qué opinas tú? ¿Crees que los «roles de género» son estereotipos superados? ¿Piensas que existe un punto medio? ¿Estás de acuerdo o desacuerdo con el video? ¿Por qué? ¡Cuéntanos en los comentarios!
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