Sin duda, la empatía (ponerse en el lugar del otro) intentando mirar el mundo desde sus zapatos, es un valor fundamental en la vida de cualquier cristiano, es parte de lo que el mismo Jesús ha hecho y es un requisito fundamental para poder amar al prójimo sinceramente, sin caretas ni hipocresía.

Hemos encontrado un comercial que, aunque es muy breve, nos explica la importancia de tomar el lugar del otro, de incluirlo y, por sobre todo, de hacerlo de forma natural. Te dejamos con el video y compartimos contigo algunas ideas al respecto que podrías utilizar en tu apostolado.


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Ciertamente, cosas como esta no ocurren con frecuencia, aunque sabemos y tenemos conocimiento de que, en muchos lugares, hay gente acogiendo a todo el mundo con la misma creatividad y alegría que muestran estos jóvenes basquetbolistas. Lo que ellos hacen por su vecino: cómo lo invitan, cómo lo acogen y como siguen su vida y sus actividades de forma normal, es ejemplar y nos da ideas muy cristianas para reflexionar e intentar vivirlas en nuestra cotidianeidad.

1. No se trata de nivelar

No hay mejores ni peores, no se trata de nivelar para arriba o para abajo. La inclusión al momento de compartir con personas distintas a nosotros, sobre todo, cuando nos relacionamos con personas con discapacidad (física, intelectual o de cualquier tipo) no implica sentir lástima y por ello dejar de hacer lo que hemos hecho siempre para que ellos no se sientan incómodos. Se trata de buscar la forma de que ellos puedan ser parte de lo que hacemos, reconociendo su valor y sus capacidades. De hecho, san Pablo nos invita a reconocer el valor que cada uno tiene, al punto de recomendarnos: «que la humildad los lleve a estimar a otros como superiores a ustedes mismos» (Filipenses 2, 3b).

2. Usar sus zapatos para comprenderlos mejor

Vemos que los niños del video hacen un ejercicio tierno, pero cargado de sabiduría. Ellos no renuncian al uso de sus piernas, sino que buscan formas de “rodar” y de estar a la misma altura de su vecino, para ver el mundo como lo ve él, desde una silla de ruedas. ¿Acaso Jesús no hizo lo mismo al hacerse hombre? Él experimentó, al igual que nosotros, cosas tan humanas como el dolor de panza, el sueño, la risa, el llanto y así, nos amó hasta el extremo, pudiendo haber hecho todo desde el cielo, mirando todo en palco, prefirió hacer lo mismo que estos niños del video y vivió su vida como la vivimos nosotros.


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3. Dios nos ha dado fortalezas para acompañar a los más frágiles

San Pablo, el súper apóstol, sabe de evangelizar, de llevar la Buena Noticia y de ganar corazones para Dios, por eso, con mucha sabiduría, nos recomienda que: «nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (Romanos 15, 1); por lo tanto, cuando hacemos el esfuerzo de incluir a personas distintas en nuestros grupos, en nuestros trabajos y, en general, en nuestras vidas, no lo hacemos para que nos digan que somos buenos cristianos, sino porque Dios nos ha dado salud, fortaleza y amor para poder acompañar y apoyar a aquellos que son más frágiles.

4. Sin fingir, ni actuar; aceptar naturalmente sus diferencias

Vemos en el video cómo los niños, luego de invitar a su vecino a jugar básquetbol, no le hacen una ovación ni le dan una bienvenida especial, sino que lo tratan como a uno más. Si bien se detienen y se alegran por verlo llegar, siguen jugando con toda naturalidad. Acoger y dar un trato especial a aquellos que lo requieran, implica justamente eso, que se sientan como todos los demás; ellos saben que son diferentes y por lo mismo no es necesario acentuar las diferencias, sino que es preciso destacar aquellas cosas que todos tienen en común. En este caso, la capacidad de lanzar una pelota a un aro y jugar con los demás.

5. La empatía, el ingrediente secreto para amar

En el diccionario figura que la empatía es: «la capacidad cognitiva de percibir lo que el otro puede sentir». No se trata de suponer, de estudiar y saber estadísticamente lo que le ocurre a los demás, sino en hacerse como ellos y sentir como ellos sienten. San Pablo lo hace para evangelizar, para amar y conquistar corazones: «Y me hice débil con los débiles para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto, por amor a la Buena Noticia» (1 Corintios 9,22-23a). La invitación a ponernos en el lugar del otro no es un ejercicio de comprensión de su realidad, sino de amor; pues querer experimentar el mundo como ellos lo experimentan nos ayudará a poder amar como ellos aman, a sufrir lo que ellos sufren y de esta forma poder estar cerca de sus corazones.