Hace un par de semanas me escribió un amigo a quien no veía hace bastante tiempo para contarme que estaba en la ciudad y preguntarme si tenía tiempo para comer algo y conversar un poco. El, junto con otros amigos había compartido algunas clases conmigo hace un par de años; desde ese entonces teníamos un grupo de whatsapp donde compartíamos cómo iban las cosas con todos o recordábamos anécdotas de ese tiempo. Después de un rato de estar hablando, le pregunté porque desde hace tiempo no contestaba los mensajes que le enviábamos para saber si todo estaba bien. Me llevé una sorpresa cuando me contó que el año anterior había tenido una época muy difícil en su vida y cómo durante varios meses su único pensamiento antes de acostarse era si se tomaba o no un frasco de un medicamentos que tenía al lado de su mesa de noche para quitarse la vida.

Siguió contándome que durante ese tiempo se sentía constantemente triste, sin ganas de levantarse en las mañanas, pensaba que a pesar de su esfuerzo constante muchas cosas no salían como las había planeado y eso lo hacía sentirse peor. Él sabía que algo no estaba bien, sabía que podía estar deprimido pero se negaba a aceptarlo, porque creía que era normal sentirse triste de vez en cuando y él podía manejarlo, además batallaba con la sola idea de que otras personas pudieran pensar que estaba “mal de la cabeza” si les contaba lo que estaba pasando, así que seguía actuando normal desde afuera, pero en su interior había perdido la esperanza. No quería hablar con su familia porque pensaba que ellos tampoco lo entenderían, si ni siquiera él mismo sabía como alguien con todos los recursos y las oportunidades que él tenía podría sentirse de esa manera. Fue así como pensó que era mejor guardárselo para sí mismo y poco a poco ir tomando distancia de las personas que pudieran preguntarle más de la cuenta sobre cómo estaba o cómo iban sus planes en la vida (incluidos nosotros), hasta que tuviera el valor de dar el paso para acabar con su sufrimiento de una vez por todas.

Para hacer corta la historia, me contó que un día decidió que era momento de buscar ayuda profesional y aceptar que no podía solo, fue entonces cuando consultó a un psiquiatra y se dio cuenta que desde hace mucho tiempo tenía una depresión mayor, así que aceptó iniciar tratamiento con medicamentos y al mismo tiempo asistir a terapia psicológica. Durante ese proceso pudo compartir con sus padres y su familia que había estado deprimido y que por mucho tiempo había considerado quitarse la vida. Recibió el apoyo de ellos y ahora había retomado sus actividades de manera normal y sentía ganas de seguir adelante con su vida, al tiempo que seguía trabajando en su terapia.

Al final, le agradecí por compartir su historia conmigo y le dije que podía contar sinceramente con mi apoyo, si así lo consideraba. Ya de camino a casa empecé a pensar: ¿Por qué no confió en alguno de nosotros? ¿Por qué decidió simplemente aislarse? ¿Por qué alguien para quien todo parecía ir tan bien en su vida y con un gran futuro por delante había llegado al extremo de considerar terminar con su vida? ¿Pude haber hecho algo más para ayudarlo a pesar de la distancia? ¿Cómo es que ninguno de nosotros vio ni una sola señal de lo que estaba pasando? ¿Cuántas personas pueden estar viviendo lo mismo en estos momentos y no saben que hay otras opciones de ayuda?

Decidí escribir este post porque como católicos algunas veces no sabemos cómo abordar ciertas situaciones que pueden ser muy difíciles y requieren algo más que un enfoque desde el aspecto espiritual, y el suicidio es uno de ellos. Quiero compartir algunos recursos prácticos, señales de alarma y condiciones que pueden implicar un mayor riesgo de depresión y de suicidio, de manera que podamos identificarlos cuando alguien en nuestras familias, amigos, o incluso nosotros mismos este atravesando por una situación similar.

El centro de control de enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reportó este mes que la tasa de suicidios en hombres y mujeres mayores de 10 años de edad aumentó un 25% desde 1999. Uno de los hallazgos más  interesantes es que un poco más de la mitad de las personas que murieron por suicidio no tenía historia conocida de ninguna condición mental. Esto implica, en otras palabras, que cualquiera puede estar en riesgo y refuerza la necesidad de reconocer los signos de alarma.

En promedio, un suicidio afecta íntimamente a otras 6 personas. Si ocurre en una institución educativa o en un lugar de trabajo puede afectar a cientos de personas. El suicidio es lo que se conoce en medicina como una condición “multifactorial”, es decir que no hay solo una causa conocida que lo pueda causar o aumentar el riesgo.

Los factores que con más frecuencia contribuyen al suicidio son:

  1. Problemas de salud mental (particularmente trastornos del afecto como depresión y ansiedad, también esquizofrenia o ciertos trastornos de la personalidad, especialmente cuando hay limitación para el acceso a tratamiento)
  2. Intento previo de suicidio o historia familiar de suicidio
  3. Problemas en relaciones personales (pérdida reciente de una relación, familias disfuncionales, rechazo, vivir solo, etc.)
  4. Situaciones estresantes en la vida (historia de trauma o abuso, falta de apoyo social, aislamiento)
  5. Crisis recientes incapacitantes de cualquier tipo (perdida del trabajo o crisis económica)
  6. Problemas de salud física mayores y dolor crónico.
  7. Consumo de sustancias psicoactivas y alcohol (especialmente cuando no se puede o no se quiere acceder a opciones de tratamiento)
  8. Problemas propios en la manera de afrontar las situaciones (impulsividad, pobre tolerancia a la frustración, expectativas demasiado altas de sí mismo o de los demás, humor inestable, comportamiento antisocial, sentimientos de inferioridad, etc).

Con esto hay que entender que no todas las personas que atraviesan crisis económicas o problemas en sus relaciones personales tienen un riesgo mayor de cometer suicidio, pues lo que para una persona puede ser estresante en la vida para otra puede no ser tan importante. Es necesario tener presentes no solo los factores asociados sino también a la persona quien está viviendo esas situaciones, y como él o ella responden frente a diferentes condiciones adversas o difíciles en la vida.

Algunos de los factores que protegen frente al suicidio son: tener una buena red de apoyo, buenas relaciones con el núcleo familiar, buenas habilidades sociales, buscar ayuda para tomar decisiones importantes o frente a las dificultades, ser receptivo a las experiencias y consejos de otras personas, factores culturales, participación en deportes, ser parte de la iglesia, asociaciones deportivas, u otras.

En el caso de que les compartí al principio, por ejemplo, no había ningún problema relacional o económico evidente que pudiera explicar que se sintiera así, lo cual hizo más difícil sospechar que pudiera estar considerando el suicidio, incluso para sus mismos familiares.

Cuando sospechar depresión:

Estado de ánimo depresivo o tristeza constante.

Trastornos del sueño: dormir muy poco o en exceso.

Pérdida de interés en las actividades que antes disfrutaba.

Pensamientos constantes de culpa o desesperanza.

Pérdida de energía: sentirse constantemente cansado o fatigado.

Dificultad para concentrarse en el trabajo o el estudio.

Aumento del apetito y el peso corporal, o disminución del apetito y pérdida de peso.

Movimientos corporales muy lentos o muy rápidos.

Ideas de muerte o de suicidio.

Signos de alarma que pueden ayudar a determinar si un ser querido puede estar en riesgo de suicidio y necesita ayuda:

Sentimientos frecuentes de depresión, ira, ansiedad o irritabilidad.

Manifestar el deseo de morir o suicidarse.

Acceso fácil a medios para hacerse daño como armas de fuego o a cualquier otro tipo de armas.

Haber considerado una manera específica de morir (buscar en internet páginas sobre suicidio o maneras de morir “sin dolor”, comprar un arma recientemente, etc.).

Manifestar ideas de desesperanza como: “siento que no hay esperanza para mí”, “la vida está llena de miseria”, “no vale la pena vivir”, “la vida no tiene sentido”, etc.

Manifestar sentirse atrapado en la vida o en un dolor insoportable.

Hablar acerca de ser una carga para otros (expresiones como: “sería mejor para todos si yo no estuviera acá”, “estoy cansado de ser una carga para todo el mundo”, etc.).

Aumento reciente en el uso de alcohol o sustancias psicoactivas.

Actuar de manera ansiosa o agitada, o tener conductas peligrosas o temerarias.

Dormir muy poco o en exceso.

Aislarse progresivo de las demás personas, incluso de amigos cercanos y familiares.

Visitar o llamar a otras personas para despedirse, empezar a regalar las cosas que más le gustan.

Mostrar signos de rabia o hablar acerca de buscar venganza.

Cambios de humor extremos (estar feliz de manera súbita luego de haber estado triste o deprimido por un largo tiempo).


El suicidio es la segunda causa de muerte en personas entre los 10 y 34 años de edad en los Estados Unidos. Lo cual también nos lleva a tener presente, además de los signos descritos anteriormente, algunos signos de alarma en adolescentes y adultos jóvenes:

Comportamiento violento o rebelde que sea inexplicable o muy marcado.

Pobre imagen personal y baja autoestima.

Historia de abuso o rechazo en la familia o por parte de amigos.

Comportamientos de promiscuidad sexual, actos de vandalismo o faltar constantemente a la escuela.

Comportamientos autodestructivos: hacerse cortes en la piel (mutilación), quemaduras o exceso en piercing o tatuajes

Cambios recientes y drásticos de personalidad.

Intranquilidad, angustia, agitación o ataques de pánico

Hablar más o escribir sobre suicidarse, así sea en broma.

Deterioro del rendimiento en la escuela.

Es importante no tener miedo a preguntar a la persona si se siente triste o deprimido, y preguntar específicamente si está considerando el suicidio como una opción en este momento y si tiene un plan específico para hacerlo.

En caso que alguna persona que usted conozca esté considerando suicidio en el momento o le manifieste un plan específico para hacerlo:

Permanezca tranquilo y dispuesto a escuchar.

Asegúrese de permanecer todo el tiempo con la persona.

No entre en una actitud crítica o de condena.

Llame a la línea de emergencia en su país, o a las líneas locales para la prevención del suicidio.

Busque ayuda médica o de un profesional en salud mental de inmediato. En caso de poder hacerlo de manera segura, lleve a la persona a la sala de emergencias más cercana.

Elimine los medios que tenga a su alrededor y puedan ser letales como armas de fuego, armas blancas, medicamentos o cualquiera que la persona le haya mencionado como parte de su plan.

Una vez este seguro que no hay un riesgo inminente para la vida de la persona en ese momento, y la persona haya manifestado pensamientos suicidas, también puede:

Hacer una cita para buscar ayuda con su médico de cabecera u otro proveedor de salud.

Llamar a un amigo cercano o un ser querido para recibir apoyo.

Contactar a su sacerdote, ministro, líder espiritual o alguien más en su comunidad de fe.

Nunca ignore los comentarios o preocupaciones acerca del suicidio.

Me gustaría compartir además el link para este documento titulado: «Cómo enfrentar el suicidio, enseñanza católica y respuesta pastoral», el cual contiene recursos adicionales e información más detallada desde una perspectiva católica.

Finalmente, quiero pedirles perdón por extenderme un poco más de la cuenta y agradecerles por leer este recurso que espero sea de ayuda para muchos. No está de más recordar que tenemos un Dios que nos ama sin límite y para quien nuestra vida es muy valiosa, independientemente de las circunstancias por las que hayamos pasado o estemos pasando. Él siempre nos invita a dejarnos llenar de su amor. Las situaciones difíciles siempre van a existir, y habrá momentos donde sintamos o veamos que alguien cercano esta considerando el suicidio como la única salida, allí es donde se nos invita a confiar aún más en Dios, en los demás y a hacer uso de todos los recursos que se nos han dado para preservar la vida.

*Adaptado de:

https://www.medpagetoday.com/psychiatry/depression/73396

Ten leading causes of death by age group, United States -2016. National Center for Injury Prevention and Control, CDC. (Las diez causas más frecuentes de mortalidad por grupo de edad, Estados Unidos – 2016), producido por el Centro Nacional para la prevención y el control de lesiones (en inglés).

Stone DM, Simon TR, Fowler KA, et al. Vital Signs: Trends in State Suicide Rates — United States, 1999–2016 and Circumstances Contributing to Suicide — 27 States, 2015. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2018; 67:617–624. DOI. (Signos vitales: tendendcias en las tasas de suicidio por Estado: Estados Unidos, 1999-2016 y circunstancias que contribuyeron al suicidio en 27 Estados), por Stone DM, Simon TR y colaboradores.

Risk factors and warning signs. What leads to suicide? (Factores de riesgo y signos de alarma. ¿Que lleva al suicidio?, por la Fundación Americana para la prevención del suicidio.

www.suicidepreventionlifeline.org (Línea nacional para la prevención del suicidio: 1-800-273-TALK o 1-800-273-8255). 

Prevención del suicido. Un instrumento para médicos generalistas, por la Organización Mundial de la Salud.

Prevención del suicidio. Un instrumento para docentes y demás personal institucional, por la Organización Mundial de la Salud.

Prevención del suicidio: recurso para consejeros, por la Organización Mundial de la Salud.