Es irónico que probablemente hayas visto este video y estés leyendo este artículo desde tu smartphone, comportándote de forma distraída y al mismo tiempo ensimismado dentro del aparato sin atender a lo que ocurre a tu alrededor. 

Si vemos este video sin audio y sin poner atención a la letra de la canción, la crítica es evidente, dura y fatal. Es difícil no sentirse interpelado (porque muchas veces hemos sido nosotros mismos) los que concentrados en una conversación importante, cerrando un negocio o hablando con alguien de nuestra familia; ignoramos descaradamente al prójimo que pasa a nuestro lado buscando hacer contacto visual, buscando un “cristiano” con el corazón disponible.


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Pudiéramos argumentar que la crítica es repetida, que se ha hablado suficiente del tema y que todos sabemos y tenemos consciencia de las nefastas consecuencias del uso desmedido de la tecnología: como es que esta nos enajena y nos empuja hacia una cultura del individualismo y del materialismo, que sabiendo lo que hacemos hemos optado por seguir el modelo cultural predominante y que tenemos todo “controlado”, que nunca se nos escapará de las manos, pues somos cristianos y sabemos de esto.

Ahora, si solo ponemos atención a la letra de la canción y si incluso no hubiera un video que la acompañe y empuje la interpretación que le damos, podría incluso ser un “himno” que nos representa a varios de nosotros –y no en una mala forma– sino reflejando lo que nos pasa cuando tratamos de buscar pares, comunidad, amigos, compañía… cansados de un sistema que nos aleja y con una carencia de sentido en la vida que abruma.


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«¿Estás perdido en el mundo igual que yo?» nos canta la letra del coro. Una pregunta que solo habla de una cosa, la búsqueda de sentido, de un propósito, de una misión. Es la pregunta que ronda en el corazón de todos los cristianos que sabemos que hemos sido creados no solo para existir, sino que con una razón particular, para cumplir un plan ideado por Dios. Por eso nos sentimos extraviados, porque nos alejamos de ese plan, de ese propósito. No podemos ser de los que nunca se han hecho esta pregunta, dejan de buscar y “rellenan los espacios vacíos” con lo que venga: trabajo, preocupaciones, consumismo, egoísmo, y así una lista bien grande y poco virtuosa…

Pero basta de diagnósticos, que de eso tenemos suficiente. Lo importante es mirar nuestra propia vida y pensar qué vamos a responder la próxima vez que se nos acerque alguien como el niño del video, alguien que nos diga que se siente perdido, sobrepasado, solo, cansado y golpeado por la vida. ¿Cómo ayudamos a los demás a encontrar sentido a sus propias vidas? ¿Qué hacen nuestras comunidades para dar respuestas a los desorientados? Sin duda el desafío es enorme.

Pero a pesar de esto, me parece esperanzador reconocer que gran parte de las soluciones están al alcance de la mano, comenzando por dejar de mirar la pantalla y poner la mirada en el otro, en medir conscientemente el uso que le damos a las cosas materiales, no excedernos y aprovechar esa pasión que a muchos nos despiertan las cosas tecnológicas y materiales y volcarla en la misión de cada uno.

Que al terminar de leer este artículo, no simplemente le des “like” y lo compartas en tus redes sociales, para luego pasar al siguiente y así caer en una espiral de videos y artículos espirituales, sino que te pongas de pie y salgas a compartir tiempo, intercambiar miradas y abrazar la vida de quienes están a tu lado.


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