Me ha sido imposible controlar las lágrimas luego de ver a este niño llorar por su padre.

Emanuele, tiene 10 años y perdió a su padre hace poco. Durante la visita del Papa a la parroquia de San Pablo de la Cruz, en el barrio de Corviale, en la periferia de Roma, este niño le preguntó al Papa al oído y sin poder contener las lágrimas. «¿Está mi padre en el cielo?»



Muchos de nosotros, así como Emanuele, nos hemos hecho esa pregunta sobre el destino final de nuestro seres queridos y hemos llorado con amargura por no saber la respuesta. ¿Cómo podríamos imaginar una felicidad eterna sabiendo que la eternidad la pasaremos sin aquel al que tanto amamos?



Dar respuesta a esta última pregunta es casi una osadía, pero a la vez es absolutamente válido que nos lo preguntemos. Es fácil caer y juzgar por sus acciones a los que ya no están, pero no olvidemos que el único con ese poder es Dios. Más importante aún, no olvidemos que su misericordia es infinita, mucho más grande de lo que siquiera podamos intentar comprender.

El amor de Dios es un amor personal, y es esto lo que el Papa Francisco nos comunica con la respuesta que le da a este niño: «Dios no abandona a sus hijos». Y a esto podría yo agregarle: Dios no abandona a sus hijos incluso cuando ellos escojan abandonarlo. Dios no se cansa de llamarnos, de atraernos a Él una y otra vez. La misericordia de Dios es infinita y solo Él conoce lo que verdaderamente está dentro de nuestro corazón.

Entender el misterio de Dios es imposible, y sin embargo es casi un deber esforzarnos por conocerlo cada vez más, aún sabiendo que nuestra razón limita con su inmensidad.

Que estas palabras que el Papa Francisco responde a Emanuele, nos sirvan de consuelo y esperanza para continuar esforzándonos por confiar en el amor de nuestro Padre. Recemos por los que ya partieron a su encuentro.