El tiempo de Navidad y fin de año es caldo de cultivo para la creatividad de publicistas y profesionales de las comunicaciones, quienes vuelcan todo su ingenio, no solo para lograr mayores ventas, sino para comunicar, a su modo, lo que creen que es el verdadero sentido de la Navidad. Sin duda no están lejos de ello, muchos spots y campañas publicitarias navideñas hacen que la vista se nos ponga borrosa y la garganta apretada, apelando a conceptos como el amor, la amistad, el compartir, el regalar, la generosidad y la reconciliación. 

De esto último, de la reconciliación nos habla el siguiente video. Un material que podrías utilizar para provocar profundas reflexiones, no solo en la intimidad de tu vida, sino que en tus reuniones y actividades comunitarias.


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El tema no es precisamente una idea muy original, eso de que Navidad es tiempo para reconciliarse, limar asperezas, buscar puntos de encuentro, renunciar a sí mismo para poder acercarnos al otro, sanar relaciones rotas y volver a encontrarnos con aquellos que, por discusiones y diferencias, nos hemos alejado durante mucho tiempo.  Todo eso, aunque repetido, es verdad: Navidad es un tiempo especialmente dedicado a la reconciliación.

Un Dios de regalos

Más allá de tener un árbol con regalos a sus pies o incluso ir más allá e invitar a los “reyes magos” para que ellos sean los que traen presentes a nuestros niños como lo hicieron con el Niño Jesús, es Dios Padre quien nos da el mejor de los regalos, incomparable en la historia de la humanidad, inédito y original. Personalizado y para cada cual es único, a su hijo Jesús.

Jesús no es un regalo masivo como si un avión fumigador lo rociara desde lo alto. Jesús viene de forma personal e íntima para cada uno. ¿Qué tiene que ver esto con el video?; pues porque Jesús viene, por sobre todas las cosas a reconciliarnos con Dios Padre. El creador nos envía un mediador para ayudarnos a volver a él, ayudarnos a volver a la relación de amistad que habíamos perdido a causa de nuestros pecados; es Dios quien sale a nuestro encuentro, quien hace ese camino por la nieve, el frío y las inclemencias del tiempo para golpear la puerta de nuestra vida y reconciliarse con nosotros por medio de su hijo.


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El reconciliador

Jesús viene a hacer muchas cosas por nosotros, el mismo se describe como quien viene a dar libertad a los cautivos, anunciar la gracia de Dios sobre los hombres, sanar a los enfermos y así, muchas otras actividades que llenaron su “currículum” mientras estuvo en la tierra.

Pero si hay algo que vino a hacer es reconciliarnos. Ese camino hacia la reconciliación que vemos en el video, un camino simbólico que todos los que hemos intentado reconciliarnos con alguien, hemos tenido que enfrentar, lleno de obstáculos y razones objetivas para dar pie atrás y dejar todo en nada, es el mismo camino que recorrió Jesús para ayudarnos a reconciliarnos con Dios Padre y por sobre todo reconciliarnos entre nosotros.

Jesús es el reconciliador por excelencia, sus méritos en la cruz nos devuelven la amistad con Dios y nos permiten relacionarnos con él desde la misericordia y el perdón, a pesar de nuestro pecado y fragilidades; al mismo tiempo, su predicación y mensaje están cargados hacia la relación de amor que debemos tener con el prójimo. Jesús nos enseña como hacer las pases.

«Cristo es nuestra paz, que reúne a los separados: Él es la Reconciliación, por encima de todas las diferencias de las épocas históricas y culturales» (S.S. Benedicto XVI, Discurso a los Cardenales, Arzobispos, Obispos y Prelados Superiores de la Curia Romana, 22/12/06).

El duro camino para alcanzar la reconciliación

Todos hemos recorrido un camino hacia la reconciliación, aunque muchos nos hemos arrepentido en la mitad del trayecto y emprendemos el viaje de regreso. Espero que tus intentos de reconciliarte con Dios o con los demás no haya tenido lagos congelados, lobos, tormentas y precipicios; pero quizá tuvo palabras desafortunadas, expresiones corporales y faciales poco apropiadas, silencios incómodos, justificaciones mediocres y así, tantas razones para detenernos, volver al aparente calor, confort y comodidad que nos da rencor y la falta de perdón y quedarnos encerrados en nosotros mismos aceptando como una verdad innegable el que restaurar las relaciones es algo que simplemente no se puede hacer.

Reconciliarnos implica un esfuerzo personal y aunque Jesús, en Navidad y en todo tiempo nos tiende una mano, gran parte del trabajo requiere de nuestra recta intención, decisión sincera y disposición a momentos poco gratos con el fin de alcanzar lo anhelado. No se trata de recitar unas palabras mágicas, ponerse de rodillas algunos minutos, un poco de agua por aquí, velas por allá y listo. El camino para alcanzar la reconciliación es un camino difícil; de hecho, Jesús tuvo que pasar por la cruz para lograrlo.

Amigos, hermanos, familias, colegas, empresas, barrios, equipos de fútbol, políticos, naciones enteras se saben ahora mismo necesitados de reconciliación y al mismo tiempo se niegan a recorrer el camino que les permite acercarse. Nosotros, a imagen de Jesús, tenemos que hacer de mediadores, de reconciliadores, primero acercándonos a aquellos de los que nos hemos alejado y luego, tomando la iniciativa para acompañar a cuantos podamos a recorrer el duro, pero reconfortante camino hacia la reconciliación.

«La reconciliación, por tanto, se concreta y consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer la esperanza. Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación será un fracaso» (Papa Francisco, Colombia 2017).


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