El apostolado nos invita a encontrarnos con todas las personas. A menudo dialogamos con ateos, agnósticos, otros cristianos; pero: ¿cómo acercarnos a quienes practican el judaísmo para hablar de Cristo?

La encíclica «Nostra Aetate» del Concilio Vaticano II terminó de dar cierre al repudiable antijudaísmo cristiano. Hoy, con un mejor entendimiento de nuestra Teología, no hay errores o actitudes que nos impidan acercarnos a nuestros “hermanos mayores”, como los llamara el Papa San Juan Pablo II.


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En sintonía con este propósito, te acercamos un video que nos invita a dialogar con los hebreos y nos regala un recurso bíblico muy importante para iniciar una conversación a partir de puntos comunes: una profecía de Isaías.

La comunidad judía, aquel pueblo elegido por Dios en su alianza con Abraham, aún espera al Mesías, a aquel redentor que instaurará el reino de Dios, donde israelitas y gentiles terminarán unidos bajo el reinado de Yahveh en un estado de paz y felicidad. Así, por ejemplo, Génesis menciona en términos generales del linaje de la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente (Gén 3,15) o el libro de Jeremías menciona un Mesías que reinará y será prudente, y practicará la justicia y el derecho (Jer 23,5). Sin embargo, la descripción del Isaías que se incluye en el video es increíblemente precisa.


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Como sabemos, el libro de Isaías es el más extenso de los escritos proféticos. Reúne los oráculos que prenunció aquel profeta del siglo VIII a. C. y muchos otros textos provenientes de épocas posteriores, incluidos por discípulos que trabajaron en su redacción.  El libro de Isaías repite con insistencia ciertos temas clave, como la santidad de Dios, la necesidad de la fe, la gloria futura de Jerusalén o la esperanza mesiánica. El video que te acercamos en esta ocasión refiere a este último tema recurriendo al capítulo 53 del libro de Isaías. Allí se describe con admirable exactitud lo que habría de ocurrirle al Mesías que aún esperan los judíos. Y vaya sorpresa la del los entrevistados al escuchar la descripción: será alguien despreciado y desechado por los hombres, que al ser maltratado se humillará y ni siquiera abrirá su boca, que será detenido y juzgado injustamente, y ofrecerá su vida en sacrificio de reparación… ¡encaja perfectamente con la vida de Jesús!

¿Pudimos haber perdido a nuestro propio Mesías? Con este interrogante finaliza el video interpelando a nuestros hermanos judíos sobre la necesidad de profundizar en los signos que ofrecen las profecías del Antiguo Testamento para reconocer al Salvador. Jesús en una ocasión dijo a los hebreos que examinaran las escrituras, que ellas dan testimonio de Él (Jn 5,39); es allí donde debemos comenzar el diálogo.

Las diferencias entre el cristianismo y el judaísmo no se reducen solo al reconocimiento del Mesías. Entre los elementos más importantes de su fe, los judíos creen que Dios es absolutamente Único, por lo que no aceptan la Trinidad de personas en Dios; además de no tener y nunca asumir forma alguna, descartando posibilidad de la Encarnación. Por otro lado, no adhieren a la idea de un intermediario entre Dios y el hombre ni a la realidad del Pecado Original, de modo que no cree que haya “herida” en la naturaleza humana sino que el alma se mancha durante la vida con los pecados personales. Por esta razón es tan importante vincular las profecías del Antiguo Testamento con la figura de Cristo, porque una vez que se lo reconoce, todos los elementos de la fe judaica se alinean y adquieren su plenitud en Jesús.

Esperamos que este breve recurso te haya brindado un nuevo elemento y te ayude a llevar a Cristo a más personas, no sin antes compartirte una curiosidad: ¿sabías que la Parusía, la segunda venida de Jesús, será precedida por la conversión de todos los judíos a la fe cristiana?

*Fuente: «Cristo y las religiones de la Tierra» de Franz König publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y “Introducción a la Teología” de Raúl Petrinelli y Juan Carlos Bilyk publicado por Universidad Libros. La cita del final corresponde a este último texto y al Catecismo de la Iglesia en el n°674.


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