A principios de este mes, Jim Caviezel, el protagonista de «La Pasión de Cristo», causó revuelo cuando se dirigió a miles de jóvenes reunidos en el Congreso SLS18 (Student Leadership Summit 2018 – Cumbre del Liderazgo Estudiantil 2018), evento que reunió a jóvenes universitarios católicos en Chicago, Estados Unidos. El también actor de la nueva película «Pablo, Apóstol de Cristo» arengó y enardeció a los asistentes al hacer un poderoso llamado a vivir la fe, luchar por la verdad y conquistar la santidad.

En el video que les presentamos a continuación, vemos al actor hablando primero de la necesidad de «hacerse pequeño para ser grande ante los ojos de Dios», aclarando que este tipo de grandeza no es como la entiende el mundo, sino que es la grandeza de los santos. Así, Caviezel hace hincapié en que es de esta forma cómo Saulo (que significa “grande”) se convirtió en el gran apóstol san Pablo (que providencialmente significa pequeño).

Asimismo, el actor hace un pequeño recuento de su propia experiencia personal y de distintos hechos en su vida que le han ayudado a entender de una forma más profunda el poder de la vocación y el valor redentor del sufrimiento. Menciona incluso que al estar en la cruz –durante el rodaje de la película «La Pasión de Cristo»– pudo entender que «en el sufrimiento está nuestra Redención y que el discípulo no es más que su maestro». Dijo también que «todos debemos llevar nuestra cruz» pues «hay un precio por nuestra fe, por nuestras libertades».

Hacia la mitad del video, sin embargo, la intensidad de su discurso aumenta y hace vibrar a su audiencia, pues Caviezel hace una proclamación de fe como pocas veces se ha visto en un actor de Hollywood. A continuación, incluimos un fragmento de su arenga (desde minuto 8:31):

«El sufrimiento labró mi actuación [en la Pasión de Cristo], así como labra nuestras vidas. Algunos de nosotros –ustedes los conocen–se aferran a un falso cristianismo, donde todo son palabras bonitas (yo lo llamo “el Jesús feliz” y “gloria”). Chicos, hubo mucho dolor y sufrimiento antes de la Resurrección. Sus caminos no serán diferentes, así que carguen su cruz y caminen hacia su meta.

Quiero que salgan a este mundo pagano, quiero que tengan la valentía de pararse frente a este mundo pagano y muestren, sin vergüenza, su fe en público. El mundo necesita guerreros orgullosos animados por su fe. Guerreros como San Pablo y San Lucas, que arriesgaron su nombre y su reputación para llevar al mundo su fe y su amor por Jesús.

Dios nos llama a cada uno de nosotros, a cada uno de ustedes, a hacer grandes cosas, pero ¡con cuánta frecuencia fallamos en nuestra respuesta, rechazándolo como si fuera una mera divagación de nuestra mente! Es hora de que nuestra generación acepte esa llamada; la llamada de Dios urgiéndonos a todos a entregarnos enteramente a Él y ver su dulce mano guiando nuestro camino.

Pero antes también debemos hacer el compromiso de empezar a rezar, a ayunar, a meditar en las Sagradas Escrituras y a tomar en serio los santos sacramentos. Porque ahora somos una cultura en decadencia. Gente en peligro de sucumbir a sus excesos, el mundo entero está aferrado al pecado. Pero allí, en el silencio de nuestros corazones, Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a entregarnos enteramente a Él y con qué frecuencia lo ignoramos, ignoramos su dulce llamada…

El gran santo de Auschwitz, San Maximiliano Kolbe, dijo que la indiferencia es el gran pecado del siglo XX. Queridos hermanos y hermanas, es también el gran pecado del siglo XXI. Debemos sacudirnos esta indiferencia, esta destructiva tolerancia del mal. Solo nuestra fe en la sabiduría de Cristo puede salvarnos, pero exige guerreros dispuestos a arriesgar su reputación, su nombre, incluso la propia vida para defender la verdad.

Diferénciense de esta generación corrupta. Sean santos. No han sido creados para encajar, ¡nacieron para destacarse! Porque ahora en nuestro país se nos hace muy fácil ir con la corriente… hemos elevado un altar a la libertad donde todas las opciones son iguales sin importar cuáles sean las consecuencias. ¿Honestamente piensan que esta es la verdadera libertad? El Papa Juan Pablo Magno decía que la democracia no puede sostenerse sin un compromiso compartido a ciertas verdades morales sobre la persona humana y la comunidad humana. La cuestión básica que se plantea una sociedad democrática es: ¿cómo debemos vivir juntos? Buscando respuesta a esto: ¿puede la sociedad excluir la verdad moral y la razón moral? Cada generación de americanos tiene que saber que la libertad existe no para hacer lo que quieras, sino para tener derecho a hacer lo que debes. Esta es la libertad que deseo para ustedes: libres del pecado, libres de sus debilidades, libres de esta esclavitud del pecado que nos somete a todos. Esta es la libertad por la que vale la pena morir».

Luego de recordar la arenga en el film «Corazón Valiente», Jim Caviezel concluyó diciendo: «Pueden quitarnos la vida, pero nunca nos podrán quitar la libertad. Todos los hombres mueren, pero no todos viven verdaderamente. ¡Por Dios debemos vivir, y con el Espíritu Santo como escudo y Cristo como espada, puedan unirse a san Miguel y todos los ángeles y enviar a Lucifer y a sus secuaces al infierno donde pertenecen!». 

En este mismo espíritu de coraje y batalla espiritual, comparto con ustedes una frase del gran san Juan de Ávila que hace referencia a la lucha constante que es la vida y que, personalmente, me devuelve la perspectiva ante las incongruencias de la vida: «¿Si nuestro Señor regresó al Cielo herido y llagado, iremos los siervos vestidos y bañados?».

Que el llamado de Jim Caviezel de vivir la fe, luchar por la verdad y conquistar la santidad se haga realidad en nuestras vidas, para nuestro bien y el de todos los que nos rodean. Pidamos a nuestro Señor que nos dé esta gracia.