Ocho monjes abandonan su monasterio de Sión, en los Países bajos, después de perder a la gran mayoría de sus compañeros, y regresan al lugar dónde se encontraron con Dios por primera vez: el monasterio Schiermonnikoog en Holanda, que significa “isla de los monjes grises”. A partir de ahí los ocho monjes comenzarán a cuestionarse desde cómo han llegado ahí, su vocación y la llamada que hizo que se convirtieran en monjes. Esta es la hermosa historia del documental «La isla de los monjes» dirigido por Anne Christine Girardot («God in the Lage Landen»), y que será estrenado este 8 de diciembre. Una historia que nos adentra en la vida de un monasterio.

La directora cuenta cómo comenzó esta aventura: «Tengo una tía que fue monja carmelita. Vivía en los Alpes, en un convento que parecía un auténtico paraíso, donde permaneció más de 40 años. Era muy feliz. Pero enfermó y tuvo que dejar su austero convento para integrarse en otro más confortable. Murió dos años después. Cuando me enteré de lo ocurrido y me imaginé lo que la mudanza debió de significar para ella después de toda una vida, me vinieron inmediatamente las ganas de hacer una película sobre su historia. Pero en su convento llevaban una estricta observancia y supe que sería imposible “colarme” entre sus muros».


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Un tiempo más tarde se entero de que los monjes cisterciences que vivían cerca de su casa querían vender su gran monasterio (construido inicialmente para acoger 120 monjes y en el que hoy vivían únicamente 8) para empezar una vida nueva de silencio en una isla aislada del norte del país. «El coraje y atrevimiento de esos monjes me conmovió, pero sobretodo me imaginé que conocerían los dilemas, las dudas, el dolor que supone soltar la riendas de tu vida, la seguridad y el lugar que escogieron para el resto de su vida. Aunque hoy en día nos resulta difícil ponernos en los zapatos de un monje, sus problemas en este caso me parecieron universales: todos tememos abandonar nuestras seguridades para seguir un sueño, una vocación, un camino…».

Anne Christine ha sido la única persona que ha logrado entrar en la intimidad de este monasterio cisterciense. ¿Cómo fue posible que la dejaran entrar en lo más íntimo de su vida y en un momento tan complicado? Los monjes no están acostumbrados a que alguien externo se meta en su día a día, mucho menos una cámara. Lo que los convenció fue la motivación de Anee para querer contar su historia.


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Ella relata: «Los primeros días me sentí como “caminando sobre huevos”. Pero el abad me dio un consejo muy importante: “Ten paciencia. Abre la mano y espera que las aves vengan a comer sobre tu palma”. Y así fue. Poco a poco, todos se fueron abriendo, me dieron toda su confianza y me permitieron entrar en la intimidad de su vida con Dios. Espero que «La isla de los monjes» comunique un mensaje de esperanza. No temas, aunque tengas la impresión que la causa está perdida, no tengas miedo. La historia de estos monjes es una prueba de que es posible. Si no crees en Dios, cree en tus propios sueños y en tu propia fuerza».


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