Quizás a muchos les sea familiar el término; hablamos de influencers para referirnos a aquellas personas que destacan en canales digitales. Estas son seguidas por miles o millones de suscriptores por lo que, a la hora de promocionar un producto, logran “influir” en los usuarios que las siguen, quienes se basan en sus consejos o recomendaciones.

A los marketeros les encanta contar con influencers que hablen de sus marcas, lo cual no suele salirles gratis, además. Pero este video que compartimos nos rompe un poco el esquema que manejamos y nos habla de otro tipo de influencers, aquellos que (incluso anónimamente) también tienen un impacto en la vida de los demás, pero uno menos comercial y más profundo.




Quién sería un influencer 

Creo que todos deberíamos ser buenos influencers, en el sentido del video y el que refiero en este artículo, seamos católicos o no. Simplemente, es cuestión de ser un poco más humanos y querer transmitir un poco de bondad. Claro, igual vale aclarar, que la bondad que transmita incluso quien se identifique como ateo no es un valor inventado, sino que viene del mismo Dios, pues Él es la suma de todo lo bueno; toda bondad viene de la Bondad.



Pero yendo al tema que quería tratar: ¿a qué me refiero cuando hablo de un influencer católico? Yo creo que a una persona a la cual se pueda ver y decir “este es coherente con lo que practica”. O, incluso si nos encontramos con un desconocido que ignore nuestro credo, que pueda pensar “qué buen sujeto, esta persona tiene algo especial”. ¡Qué bueno sería si, además, le diéramos a conocer que es ese “algo especial”! Y ahí entra en juego el apostolado. Entonces, creo que un influencer católico sería una persona coherente y, por ende, alguien que lleve su fe en obras, incluso anónimamente, quizás sin sobresalir. Con esto podemos referirnos al apostolado, tal vez a veces un poco más notorio, o a veces el que podemos hacer en silencio por otros. ¡Que sean nuestras obras las que a gritos digan cosas buenas –en un mundo donde hay más publicidad a lo negativo-, aunque nosotros las hagamos callados!

Influir y no ser influenciables

Al hablar de un tema que nos hace referencia a la influencia, no me parece descabellado advertir que hay que prestar atención y poder distinguir la positiva de la negativa. Para eso es importante tener un carácter que nos lleve a poder dejar una marca positiva, en lugar de dejar que nos marquen, y no positivamente. En el libro «Las Bienaventuranzas, de Georges Chevrot, el autor habla de este tema así:

«Un individuo sin carácter es como una blanda cera que el primer recién llegado moldea a su gusto, mientras que el hombre de carácter imprime su sello personal sobre todo lo que toca. Ya obre o ya sufra, ya actúe o ya resista, sigue siendo lo que quiere ser. (…) El cristiano puramente cristiano – limpio de corazón- es el que obra como cristiano en cualquier circunstancia. Es fiel a su palabra; llega hasta el límite de sus convicciones, sin dejarse trabar por ningún compromiso. Sus actitudes, sus decisiones, sus gestiones lo señalan, lo “caracterizan” como un cristiano.  (…) San Pablo exhortaba a los cristianos de Roma a que no se conformaran con las máximas y con los usos de un mundo efímero y cambiante, sino que se transformasen bajo la acción renovadora del Espíritu de Dios (ROm. XII, 2). Lo cual requiere, no lo neguemos, una real valentía. Mientras que el espíritu conformista impulsa a pensar y a comportarse “como los demás”, la vocación del cristiano le obliga a vivir “para los demás”».

Influir en comunidades en las que nos desenvolvemos

Obviamente, al hablar de impactar en la vida de los demás asumimos que nos desenvolvemos en un entorno, con demás personas. Cada persona forma parte de distintas comunidades: la familia, los amigos, el trabajo, el estudio, en los deportes, etc. Si forjamos nuestro carácter y nos esforzamos por traducir aquello en lo que creemos en obras, podemos ir mejorando nuestro ambiente. ¡Y es contagioso! Sin darnos cuenta, podemos ver cómo luego aquellas personas a las que dimos una mano, luego ofrecen la suya a alguien más.

La caridad es lo más importante

Ante todo, debemos actuar con misericordia, con un corazón que se conmueve. Eloi Leclerc escribió: «Dios (…) ha querido que su bondad pase por el corazón de los hombres. Hay en eso algo de maravilloso y también de temible. Depende de cada uno de nosotros, por nuestra parte, que los hombres sientan o no la misericordia de Dios. Por eso la bondad es una cosa tan grande»

Cuando hacemos algo por los demás es, justamente por ellos. Por los otros, pasando por el Corazón de Dios. No por nosotros mismos. Sonreír cuando no nos apetece a quien no nos cae tan bien, ayudar al compañero a terminar una tarea con la que está atrasado en vez de usar ese tiempo para descansar curioseando en Instagram, lavar los platos para que nuestra mamá descanse, abrirle la puerta a un desconocido… desde cosas simples hasta cosas más heroicas: la caridad es la que nos mueve y es la que mueve al mundo, la que le da un respiro cuando las malas noticias agobian.

No pretender aplausos. Que el que aplauda sea Dios

Si bien los influencers logran destacarse, ser reconocidos y tener la aprobación de sus seguidores, no pretendamos que nosotros (comunes influencers del bien) logremos tener alguna repercusión mediática. Como dice en el Evangelio, obremos en lo secreto, dejemos que el que aplauda sea Dios. Si pretendemos que nos vean, eso es lo que buscamos y, por obtenerlo, tenemos nuestra recompensa. En cambio, si buscamos hacer la Voluntad de Dios, y la hacemos solo para eso, aunque no recibamos aplausos humanos, Dios nos lo tendrá en cuenta.

Así, aunque solo tengas un seguidor, trata de que ese sea Dios 😉 

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