Por la noche, a la hora que acuesto a mis hijos y les doy el último beso antes de salir de su cuarto no puedo evitar el preguntarme cómo es que yo tengo la fortuna de ver dormir a mis hijos en la paz de sus camas, abrigados, en silencio, con la seguridad que mañana despertarán felices y saldrán corriendo afuera, a jugar sin miedo. Duermen tranquilos, ninguna bomba les arrebatará el sueño o la vida…

Cuando la vida pasa sin sobresalto, más aún, cuando la vida sonríe y los tiempos de bonanza llegan, es muy difícil pensar en quiénes sufren el horror de la guerra. Mientras nosotros planeamos cosas simples como el almuerzo y salimos a comprar al mercado los alimentos para el día o soñamos con la casa nueva y las vacaciones del año, al otro lado del mundo, una guerra se desata, hombres, mujeres y niños mueren y los que sobreviven solo pueden soñar (los que sueñan) con algún día despertar sin miedo.


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Este comercial de IKEA interrumpe nuestra vida cotidiana para mostrarnos algo, una pequeña porción (25m2) de la realidad del pueblo Sirio y con esa realidad darnos cuenta de lo afortunados que somos solo por el hecho de vivir en tiempos de paz. Por tener un techo y alimento, por poder acostar a nuestros niños sin mayores sobresaltos.

No se trata de ponernos negativos sino valorar lo que tenemos y trabajar por una cultura de paz. Tal vez pensemos que no podemos hacer mucho por los pueblos en guerra, no nos dejemos ganar por esa idea porque podemos hacer y mucho. En primer lugar fortalecer nuestra vida espiritual; continuar por formarnos y formar en los demás una cultura de amor, de aceptación, de respeto y de verdad. Esto de ninguna manera significa vivir en un positivismo vacío, en el que “acepto” todo mientras “no haga daño a nadie”. No. Significa ser firme pero respetuoso, vivir en verdad y acoger al que lo necesita.


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Descubrir la fortuna de vivir una vida tranquila, además de ser una bendición es una responsabilidad para con los demás. Si yo tengo todo lo que necesito y vivo tranquilo, es momento de romper esa tranquilidad y salir a dar al mundo, a ayudar al que lo necesita no solo con tus bienes materiales sino con tu tiempo, con tu conocimiento y con todo lo que esté a tu alcance.

No nos quedemos estancados en una vida de comodidad rascándonos la panza planeando el siguiente fin de semana. ¡Levántate! ¡Haz algo! Que la rutina de lo cómodo no te adormezca y sal a ayudar donde te toque hacerlo. El papa Francisco en Cracovia ya nos advertía de no confundir la felicidad con un sofá, un sofá que nos mantiene atontados y no nos permite dirigir el curso de nuestras vidas ni tampoco tomar parte activa en el curso de la historia. A ser valientes, a levantarse del sillón, que si bien Siria es un ejemplo crudo de la realidad del horror hay horrores que no percibimos en nuestros propios países, la necesidad existe y no porque no la veas desaparece. El mundo te necesita, los que sufren te necesitan. Levántate y haz algo.

«Jesús es el Señor del riesgo, el Señor del siempre ‘más allá’. Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados» (Papa Francisco – Cracovia 2016).