Te presentamos a continuación un testimonio sorprendente. En Santa María, una playa ubicada en Sal Island, isla que pertenece al archipiélago de Cabo Verde, ubicado frente a la costa de Senegal, vive Alcindo Almeira Soares. Es un hombre de 43 años que se dedica a pintar en trabajos de construcción. Desde pequeño fue un aficionado al deporte, especialmente al fútbol, al que se quiso dedicar profesionalmente. Ahora sabe que es demasiado tarde para eso, pero mantiene una gran vitalidad y un espíritu magnánimo. En este video te darás cuenta por qué. Luego de ver su historia brotan reflexiones que pueden ayudar mucho para nuestra vida. Ellas se podrían separar en tres dimensiones: la relación con nosotros mismos, la relación con los demás y la relación con la naturaleza.

Desde la relación con uno mismo Alcindo nos demuestra la importancia de preocuparse por la propia salud, la necesidad de trazarse metas, de seguir los propios sueños, de perseverar en tareas emprendidas, de hacer pequeños sacrificios para fortalecer el cuerpo y la voluntad, de mantener un equilibrio en la vida, de dedicarse con empeño a un trabajo y, sobretodo, de dirigir nuestros afanes y talentos hacia causas comunes y solidarias.


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Para él un día en el que trabaja, luego entrena y finalmente nada en el mar representa un tipo de día completo. Sin embargo, no vive pensando en sí mismo, en sus horarios, sus músculos o propia imagen, sino que se abre a pensar en las necesidades de los demás y se esfuerza en compartir con otros aquello que a él le hace tanto bien. Y es aquí que Alcindo se convierte en un ejemplo de relación con los demás. Sabe que en su pueblo hay muchas personas que no pueden acceder a un gimnasio por la falta de recursos, así que encontró la genial idea de construir un gimnasio público en la playa. Y no lo hizo con materiales comunes o los implementos que se utilizan en todos los gimnasios sino que lo construyó con materiales reciclados que se dedica a recoger de las playas para mantenerlas limpias, para cuidar el entorno y favorecer al turismo, principal fuente de ingresos para Santa María. Muchos se vienen favoreciendo del gimnasio gratuito y abierto para todos que Alcindo ha construido. Tremendo ejemplo concreto de lo que podría ser una civilización del amor. Uno de sus principales sueños es mejorar y embellecer el gimnasio para integrarlo al turismo del lugar.

Como parte de un círculo virtuoso, todo el proyecto de Alcindo está en perfecta armonía con el entorno y la naturaleza. No solo se dedica a recoger la basura de las playas, como se dijo, sino que decidió instalar el gimnasio frente al mar para que la gente practique deportes en la naturaleza, bajo el sol, en la playa y con aire fresco: una combinación formidable.


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El testimonio de Alcindo nos impulsa a salir al aire libre, salir de nuestras perezas, de nuestros egoísmos y de nuestros ambientes encerrados para encontrarnos con la maravilla de la naturaleza y del encuentro con los demás. Además nos recuerda aquello que alguna vez dijo San Juan Pablo II sobre el deporte y que dejamos para tu propia reflexión:

«Todo tipo de deporte lleva consigo un rico patrimonio de valores, que se debe tener presente siempre, para ser realizados: el entrenamiento a la reflexión, el uso justo de las propias energías, la educación de la voluntad, el control de la sensibilidad, la preparación metódica, la perseverancia, la resistencia, el soportar la fatiga y las contradicciones, el dominio de las propias facultades, la fidelidad a las tareas, la generosidad hacia los vencidos, la serenidad en la derrota, la paciencia con todos…: son un complejo de realidades morales que exigen una verdadera ascética y contribuyen válidamente a formar el hombre y el cristiano».