¿Juntarías a una feminista con un antifeminista, a alguien que cree en lo perjudicial del cambio climático con alguien que no, o a una persona transgénero con alguien que no está de acuerdo con eso? Te presentamos un experimento social elaborado por la marca de cerveza Heineken. Ellos se atrevieron a hacerlo. Juntaron a tres pares de personas que pensaban absolutamente distinto y ellos participaron voluntariamente en un experimento con cuatro pasos: romper el hielo, hacerse preguntas y respuestas sobre sus características personales, construir un bar y, finalmente, ver los videos en donde se revelan sus posturas opuestas. Finalmente quedaban libres para decidir si se iban o se quedaban a conversar compartiendo una cerveza. Los resultados fueron sorprendentes. Muchas sonrisas, brindis, números de teléfono compartidos para seguir en contacto, mutuo reconocimiento de las cualidades del otro y un ambiente genuino de encuentro.

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Esto hace pensar inmediatamente en la naturaleza humana. Iluminados por nuestra fe sabemos que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios para participar del amor con el prójimo y con Él. Llevamos en lo más profundo un anhelo intenso de comunión, sin embargo, por nuestra propia debilidad muchas veces no alcanzamos a realizar ese deseo. Nuestro egoísmo y otros errores tienden a aislarnos y distanciarnos en lugar de acercarnos. Eso pasa muchas veces cuando nos encontramos con personas que piensan distinto sobre un determinado punto o tienen una cosmovisión distinta. Más que dialogar podemos caer en el error de encerrarnos y volvernos ciegos.


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El Papa Francisco viene impulsando hace mucho tiempo la creación de una cultura del encuentro. Nos alienta a construir una sociedad donde pueda haber complementación entre las diferencias, enriqueciéndonos e iluminándonos mutuamente. Esto parte de la certeza de que la verdad es objetiva y, aunque podamos acercarnos a ella, siempre nos trasciende. Es un don que nosotros recibimos de Dios. En ese sentido, siempre debemos tener la mente abierta para ampliar nuestro mundo, es decir, adentrarnos cada vez más en el mar de la verdad. Sería una buena opción entender de esta manera el slogan final de Heineken: «Open your mind, open your world» (Abre tu mente, abre tu mundo). Siempre debemos estar abiertos al encuentro con los demás, por encima de diferencias de todo tipo. Dice el Papa:

«Lo que Jesús nos enseña es primero encontrarnos y, en el encuentro, ayudar. Necesitamos saber encontrarnos. Necesitamos edificar, crear, construir una cultura del encuentro. ¡Tantos desencuentros! Líos en la familia. Líos en el barrio. Líos en el trabajo. Líos en todos lados. Y los desencuentros no ayudan. Hay que salir a encontrarnos» (7 de agosto de 2013).

Dios nos creó para vivir en la sociedad y en la Iglesia. Siempre el otro puede ver cosas que yo no veo. En todos los hombres hay semillas de la verdad, o semillas del Verbo. En ese sentido debo valorar la identidad del otro, pero también manifestar la mía, ya que la alimentación e iluminación puede y debe ser mutua. Afirma Mons. Víctor Manuel Fernández, Rector de la UCA, reflexionando sobre el mensaje del Papa Francisco sobre una cultura del encuentro: «No es sano huir de los conflictos, o ignorarlos. Hace falta aceptarlos y sufrirlos hasta el fondo, no esconderlos. Pero siempre con el ideal de resolverlos, de lograr armonizar las diferencias. De dos cosas diferentes se puede hacer nacer una síntesis que nos supere y nos mejore a los dos, aunque los dos tengamos que renunciar a algo. Siempre hay que apuntar a algo nuevo donde se superen las tensiones violentas y los intereses cerrados».


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Para poder hacer presente a Dios en el mundo viviendo una cultura del encuentro podemos acoger lo que se nos dice en la primera carta a los Tesalonicenses: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (5,21). Y siempre vivir el encuentro con todos nuestros hermanos bajo la perspectiva del anuncio y la escucha. Haciendo esto podremos beber siempre de la comunión en el encuentro.