¡Feliz día de san Agustín! Un gran abrazo a todos los que tienen el corazón inquieto por conquistar eso que muchos llaman felicidad.

Un gran abrazo también para quienes han encontrado la abundancia de la vida en el Evangelio de Jesús, camino hermoso tan antiguo y tan nuevo. Y otro abrazo para quienes han hecho del amor su estilo de vida, convirtiéndose en ladrillos para construir la ciudad de Dios donde todo humano tenga el derecho a ser llamado hermano.

La carta que verán en el video que les comparto hoy se hizo uniendo diferentes frases de san Agustín de sus libros y sermones. Es como si el mismo santo de Hipona nos escribiera una carta para lo que estamos viviendo en este tiempo.

El resultado te hará vibrar el corazón. Este proyecto audiovisual estuvo liderado por Fray Gustavo Moreno OSA de la Provincia Nuestra Señora de Gracia del Perú.

Antes de ver el video, ponte cómodo. Haz una pequeña oración invocando al Espíritu Santo. Y cuando pongas «play», deja que el mismo Dios que abrazó a san Agustín, encienda tu corazón el día de hoy.

Quiero compartir contigo tres enseñanzas que san Agustín me regaló con este video:

1. Descubre el tesoro que llevas en tu interior

San Agustín fue un apasionado por buscar la felicidad. Si hubiera nacido en esta época, sería un mochilero buscando respuestas por diferentes lugares, religiones, corrientes, hasta que finalmente se daría cuenta de que la verdad que tanto buscaba se hallaba en lo más profundo de su corazón.

¿Sientes que buscas algo pero no sabes exactamente qué?, ¿te sientes inconforme con algunas cosas de la vida?, ¿quieres encontrar una luz que alumbre tu caminar?, ¿tu corazón es como una brújula que te pide algo más de lo que ya tienes? ¡Entonces te pareces a Agustín! ¡Sigue buscando! ¡El Amor también te está buscando! Cuando se encuentren, será un amanecer que no olvidarás nunca.

Piero Vinces, un maestro y amigo agustino me decía: «Interioridad es como hacer turismo interior y encontrarte con el amor de Jesús que vive dentro de ti». Suena loco en un mundo lleno de pantallas, series y el adictivo Tik tok que no me deja dormir.

Pero el camino interior siempre será un viaje que te sorprenderá. ¡Entra en ti! Lleva tu historia en la mochila, no borres nada de ella. Carga como antorcha la luz de la Palabra de Dios. Ponte el calzado de la contemplación, y camina con confianza, que aquél a quien buscas, se hizo camino especialmente para encontrarte.

«¿Necesitas un templo para orar? Ora en ti mismo. Sé un templo de Dios» —San Agustín.

2. El milagro de la hermandad

Me encanta san Agustín porque se apasionó por contagiar la fraternidad entre sus hermanos. Los años más sublimes de mi vida los pasé en el movimiento juvenil agustino Communio Perú, que en poco tiempo se convirtió en mi segunda familia por todos los hermanos y hermanas que Dios me regaló.

Ahí aprendí a convertir a extraños en mis hermanos. Cada reunión de los sábados era un gimnasio de caridad. Sin embargo, esto suena a utopía. Vivimos en un mundo donde la división es pan de cada día. Construimos rápidamente muros con quien piense diferente, con quien nos incomode o con quien no actúe como nosotros seguramente lo haríamos.

Nos hemos acostumbrado a ponerle fronteras al amor, incluso dentro de la Iglesia. Es muy fácil hacernos bandos y tirarnos bombas. Nos olvidamos que nuestra bandera es ese amor que ama incluso a quienes parecen nuestros enemigos. ¡Cuidemos la unidad!

Es y será nuestra gran evidencia de que la tumba está vacía. Por eso el mensaje de san Agustín, ese grito por la unidad en la diversidad, es un grito de revolución para nuestra época, una verdadera revolución de fraternidad.

Piensa en todas las personas con las que te cuesta vivir la comunión porque tienen otras creencias, religiones, posturas, expresiones culturales. O sin ir tan lejos, piensa en las personas de tu familia, del trabajo o de tu comunidad a las que les hayas construido muros. ¿Las tienes? ¡Ánimo! Los muros se rompen cuando estás dispuesto a lavar un par de pies.

«¿Dices que amas a Cristo? Pues guarda su mandamiento de amor a tu hermano, porque si no amas a tu hermano ¿cómo podrás amar a aquel cuyo mandamiento desprecias?» —San Agustín.

3. ¡Apóstoles de la Iglesia!

Para san Agustín el amor era cosa seria, era dar la vida. Hacer de las necesidades de sus hermanos las suyas. Y ver a los más pobres y vulnerables con la misma compasión que tendría Jesús. El camino de interioridad no es una experiencia de introspección para sentir paz, olvidarte de todo lo que pasa a tu alrededor y que todo «fluya».

¡Todo lo contrario! Si te encuentras con Dios que habita en tu corazón te darás cuenta que estás hecho para amar hasta el extremo, y por eso saldrás a dar la vida, a convertirte en un ladrillo más de esta ciudad nueva, a construir puentes que rompan los muros de la indiferencia.

A ponerte la camiseta de la Iglesia cada vez que alguien necesite de buenas noticias, a cargar las necesidades de tus hermanos como si fueran las tuyas, a cantar esperanza en medio de la desolación.

En resumen, a convertir a los humanos, en tus hermanos. El Padre Nuestro sonríe. Nos acompaña con su gracia, y aunque tarde lo amemos, su corazón también estará inquieto hasta que descansemos en Él.

«No basta con apartarse de lo malo; hay que hacer lo bueno. No basta con no robar de lo ajeno; hay que dar de lo propio» —San Agustín.

¡Feliz día de san Agustín! Cor Unum in Deum.