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El video del Papa en Agosto nos trae una reflexión importantísima y un tema que el Papa Francisco ha recalcado mucho a lo largo de su papado: La misión de la Iglesia es evangelizar.

Y apenas comenzado el video nos hace una distinción importante: La Iglesia tiene que evangelizar, pero NO dedicarse al proselitismo. ¿Qué es el proselitismo? ¿Por qué el Papa está preocupado para que conozcamos la diferencia entre el proselitismo y la evangelización?


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El proselitismo se define como el empeño o afán con que una persona o una institución trata de convencer y ganar seguidores o partidarios para una causa o una doctrina.

Y ¿qué tendría de malo convencer a más gente y ganarla para la Iglesia de Cristo? La acción del proselitismo es más una acción política que una acción apostólica: consiste en buscar al prójimo para formar un número y no por el genuino interés por la salvación de su alma.

El Papa Francisco retoma una enseñanza de Benedicto XVI en esta insistencia en la evangelización en oposición al simple proselitismo.

El Papa Benedicto XVI dijo en la inauguración de la conferencia de Aparecida en 2011: «Igual que Cristo atrae con la fuerza de su amor, culminado en el sacrificio de la cruz, la Iglesia cumple su misión en la medida en que, asociada a Cristo, cumple con su obra».

De ese modo, señalaba que la Iglesia no hacía proselitismo, al modo de los partidos políticos, sino que mostraba al mundo el Amor de Dios, y predicaba lo que Cristo nos había enseñado.

¿Pero está mal querer almas para el Cielo?

No, no está mal el celo de querer almas para ganarlas para Cristo. San Juan Bosco decía «Dame almas, quédate el resto». El problema es cuando ese afán de «conseguir almas» se hace en pos del número, como una cuestión estadística.

Si queremos que la Iglesia sea lo que Cristo quiere que sea, tenemos que ganar almas para Cristo, pero haciéndonos responsables de ellas, buscando su Salvación eterna.

Y para ello se necesita que alguien las pueda amar personalmente a cada una, que cada una de ellas tenga una relación personal con el Señor.

Si tenemos parroquias llenas de gente, pero esa gente está desatendida, porque no participamos de los grupos de formación, ni ayudamos al párroco con la catequesis, con la Liturgia, entonces no estamos ganando almas para Cristo, las estamos ganando para la estadística.

¿Y cómo hacemos para evangelizar y no caer en el proselitismo?

Lo primero, es que, como dice el Papa, actuemos por atracción. Le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta qué cambiaría de la Iglesia, y ella contestó «Me cambiaría a mí misma».

Nuestra principal responsabilidad es nuestra salvación eterna, y luego ver por la salvación de otros. Si yo no cuido mi alma y recomiendo a los demás que cuiden la suya, ¿no estoy haciendo una labor hipócrita? Entonces, la verdadera evangelización comienza con una verdadera conversión.

Luego, por supuesto, nuestro deber de estado. Hay que hacer lo que tenemos que hacer de acuerdo a nuestro estado de vida. Citando de nuevo a la Madre Teresa: Hacer las cosas ordinarias, de un modo extraordinario.

Si somos casados, no podemos abandonar a nuestros hijos para dedicarnos a un apostolado. Si somos religiosos, o sacerdotes, no podemos abandonar a nuestra Parroquia para hacer un congreso o una feria. Cada uno tiene que ocuparse de lo que Dios le manda, como Dios manda.

¿Y qué tiene que ver eso con la evangelización?

¡Pues todo! Si los sacerdotes tienen una parroquia en la que de verdad se atiende a las almas, las almas van a venir solas, no hace falta salir a buscarlas.

Los casados vivamos con alegría y entrega mutua, así, cualquier persona que nos vea querrá vivirlo así y aquel que tenga dificultades con su propio matrimonio nos va a pedir consejo.

Si queremos ser buenos evangelizadores, los primeros evangelizados debemos ser nosotros. 

Los católicos no vendemos un «producto» del que tengamos que publicitar sus bondades, estamos llamados a ser testigos del Amor de Cristo, y mediante ese testimonio, atraer a más personas a disfrutar de los beneficios de ese amor.

No tenemos que apuntar a ser maestros, sino testigos, y nuestro testimonio tiene que ser con hechos más que con palabras. Como lo decía San Francisco de Sales: «Predica todo el tiempo, y si es necesario, usa las palabras».

Evangelización que llega a todos lados.

El papa dice «Sólo podremos renovar la Iglesia en el discernimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida diaria».

El querer que la Iglesia crezca puede parecernos una misión enorme, pero para ello tenemos que entender y aceptar qué es lo que nos pide Dios en nuestra vida diaria.

Dios no nos pide que vayamos a África o a Oceanía a evangelizar: nos pide como a Lázaro, todos los días, «Levántate y anda». Y luego Él nos da los medios para llegar a África, o a nuestro vecino que tiene más necesidad de Dios probablemente que los hermanos de África u Oceanía.

Y hasta puede ser que la ayuda que le prestemos al vecino de al lado tenga repercusión en África y Oceanía, ¿Cómo? ¡Por la comunión de los Santos!

Si ayudamos a nuestro vecino, nuestro prójimo más cercano, tal vez él puede volver a unirse a la Oración de la Iglesia, y de esa oración sacar el Buen Dios gracias para volcarlas a manos llenas en África y Oceanía, o en donde Él crea que sean necesarias.

Rezar por la transformación de la Iglesia.

El video de Papa para el mes de agosto, finaliza pidiéndonos que recemos por la Iglesia para que reciba del Espíritu Santo la gracia para reformarse a la luz del Evangelio.

Pidamos al Espíritu Santo para que esa conversión, para que esa reforma, empiece primero en nuestros corazones, para que seamos fieles discípulos y podamos atraer a otros hacia Jesús.

 

video del papa