«Alike» es un video con el que no es difícil sentirse identificado. No por nada ha sido tan elogiado y ha recibido numerosos premios y nominaciones. Una sociedad indiferente, un trabajo al que la monotonía o las circunstancias, le han quitado el sentido y un niño que empieza a vivir y se enfrenta a un sistema educativo intransigente. La figura no es desconocida: “luchemos contra el sistema”, “seamos libres”, “ellos contra nosotros”.

Yo creo que el video tiene un mensaje aún más profundo que la figura de luchar contra el sistema que nos divide entre “ellos y nosotros”. En mi opinión personal, esas figuras crean aún mayores distancias…


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Copy y Paste son los nombres de estos personajes. Pienso que estos nombre no solo simbolizan el aprendizaje directo que los hijos reciben de los padres, algo así como decir “de tal palo tal astilla”, sino que también el seguir haciendo lo que todos hacen sin cuestionar, sin siquiera mirarse dentro y ver qué es lo que está pasando con uno. Simplemente seguir la corriente, sin aportar nada, y si uno no da, tampoco puede recibir, que no significa que uno dé solo porque espera recibir. Es un poco enredado pero así funciona: dar-recibir-y dar más (si no la vemos así empezamos a sentirnos atacados por el sistema)

Volviendo al video. Copy es un padre responsable que le enseña a su hijo “lo que hay que hacer”, lo acompaña a la escuela, está pendiente de sus deberes, y lo ama. La importancia de su hijo es tan grande que prácticamente el sentido de su vida está en las manos de su hijo. Ese abrazo en el encuentro luego del trabajo que le devuelve su color original ilustra muy bien lo que el hijo significa en la vida del Padre. ¡Qué padre no ha sentido que cualquier esfuerzo o sacrificio tienen sentido luego de recibir un abrazo de uno de sus pequeños!


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De pronto una mañana el equilibrio se rompe, un parque colorido en medio de una ciudad monocromática y un hombre, también con un color diferente, nos presenta algo nuevo. Algo que el niño percibe, pero que los padres metidos en nuestro rol de padre frecuentemente no nos detenemos a observar. ¡El niño ha descubierto algo! Y el padre, ¡no se ha dado cuenta!

Cuántas veces, los planes, el sentido del deber, y la estrechez que no pocas veces se presenta en la vida, no nos permite ser flexibles y detenernos unos minutos a ver qué es lo que está pasando alrededor, sobre todo con los hijos. Tal vez pensamos que ellos son niños y no saben, y en cierta manera es verdad, pero no olvidemos que están viendo el mundo por primera vez. Ellos descubren, crean, miran el mundo con asombro.

«(Los niños) Traen su manera de ver la realidad, con una mirada confiada y pura...Al mismo tiempo, su mirada interior es pura, no aún contaminada por la malicia, por las dobleces, por las “incrustaciones” de la vida que endurecen el corazón. Sabemos que también los niños tienen el pecado original, que tienen sus egoísmos, pero conservan una pureza, una sencillez interior» (Papa Francisco – Catequesis sobre la Familia- 8 de marzo 2015).

A veces por no detenernos un momento (y continuar con el deber) a ver lo que nuestros niños descubren, un descubrimiento que muchas veces tiene que ver con quién es el niño, nos perdemos de oportunidades increíbles de conocer a nuestros hijos y ayudarlos a encaminarse de acuerdo a sus dones y talentos. No es raro que actuemos como este padre que lo fuerza a seguir con lo que debe de hacer, y ojo que aquí no estoy diciendo que no vaya a la escuela ni tal, porque la escuela también tiene su función: hay que aprender a leer, escribir y adquirir habilidades académicas necesarias para la vida, entre otras cosas que aprendemos en la escuela.

Pero si como padres, y esto también va para los educadores, no percibimos lo que al niño desde temprana edad le llama o lo mueve, el niño se va apagando. En lenguaje pedagógico nos perdemos de los períodos sensitivos del niño que son momentos especiales en su vida. Si nos perdemos estos períodos, estos pasan, y más adelante (cuando el niño ya esté grande) será más difícil que aprenda, o tal vez que no lo haga y pierda su color (su talento) como Paste lo empieza a perder.

No es un simple corto, ¡nos pasa todos los días! Qué tristeza más grande ver a un niño desmotivado, incomprendido. Pero qué hermoso es ver a un padre que se da cuenta, que lo mira, que sufre con él y busca el origen de este sufrimiento. En el amor verdadero el sufrimiento de uno es el sufrimiento del otro. Y qué maravillosos resultados cuando el padre descubre aquel talento en su hijo y lo promueve.

Más allá de la lucha contra el sistema, de “ellos contra nosotros” o “nosotros contra ellos”, este corto parece que nos hablara de fijarnos, y escuchar; de que a pesar de las dificultades y los dolores de la vida es importante permanecer despiertos y descubrir la belleza que Dios nos regala. El sistema no cambia si cada uno no empieza a cambiar, si dentro de las particulares situaciones que cada uno vive, no hace el esfuerzo de salir de uno mismo y mirar hacia los demás desde dentro de uno mismo. Y en ese sentido los niños son unos grandes maestros.

«Los niños nos recuerdan que somos siempre hijos: aunque uno sea adulto, o anciano, aunque sea padre, ocupe un puesto de responsabilidad, en el fondo sigue estando la identidad de hijo. Y esto nos remite siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado sino que la hemos recibido. A veces corremos el riesgo de vivir olvidando esto, como si fuéramos nosotros los dueños de nuestra existencia, y en cambio somos radicalmente dependientes. En realidad, es motivo de gran alegría sentir que en cada edad de la vida, en toda situación, en  toda condición social, somos y seguiremos siendo hijos. Este es el principal mensaje que los niños nos dan, con su misma presencia» (Papa Francisco – Catequesis sobre la Familia- 8 de marzo 2015).


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