Recuerdo cuando era niña mi mamá tenía unos gatitos de cerámica que me encantaban. Ella muy cuidadosa me dejaba tocarlos y observarlos siempre bajo su cuidado. Sabía que eran importantes para ella y solo los podía tocar pidiendo permiso. Y bueno, llegó el día en que mi mamá no estaba cerca y yo moría por tocar esas pequeñas figuritas que tanto me gustaban. Tomé precauciones, iba a tener mucho cuidado, hasta puse un cojín debajo por si se me caían al suelo no se rompieran… Y como es de esperar, ni por todo el cuidado y precauciones que puse, los gatitos cayeron al suelo y se hicieron pedazos. Me sentí tan triste y a la vez asustada. Seguro mi mamá me iba a dar un castigo terrible.

Mi mamá no me dió tal castigo, sabía lo arrepentida que estaba. Luego juntas pegamos los gatitos que quedaron de recuerdo a ese incidente.


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El video tan simpático que estos niños nos presentan, de alguna manera, me recuerda a este evento con mi madre, algo tan sencillo, tan pequeño a los ojos de muchos, pero que encierra la grandeza de un corazón infinitamente lleno de amor. ¡Cuánto más grande y generoso podrá ser el corazón de Dios, capaz de perdonarlo todo si te acercas a Él con un corazón arrepentido y humilde!.

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