El video que les presentamos hoy retrata la relación filial entre un padre y su hija adolescente. Los protagonistas parecen tener una relación cercana y pasan tiempo juntos en su vida cotidiana. Sin embargo, aunque la hija sepa que su papá está con ella, lo siente ausente, ocupado, y casi desinteresado. Hacia el final del video, descubrimos que la realidad era muy distinta…

Acá te dejamos algunos elementos apostólicos que encontramos en el video. ¿Qué otros encuentras tú?


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La importancia de la presencia activa del padre en la familia

Aunque en el video, vemos a un padre de familia que -en medio de la vida diaria intenta pasar tiempo con su hija- esto, lamentablemente, no es un escenario común en nuestra sociedad. Como explicó el Papa Benedicto XVI durante una audiencia general en el 2013:

«No es siempre fácil hablar hoy de paternidad. Sobre todo en el mundo occidental, las familias disgregadas, los compromisos de trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones […]: son algunos de los muchos factores que pueden impedir una serena y constructiva relación entre padres e hijos. La comunicación es a veces difícil, la confianza disminuye y la relación con la figura paterna puede volverse problemática; y entonces también se hace problemático imaginar a Dios como un padre, al no tener modelos adecuados de referenciaPara quien ha tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o incluso ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y abandonarse a Él con confianza».


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Así, el Papa emérito Benedicto XVI nos insta a reflexionar en el rol que juega la figura paterna no solo en el desarrollo de los hijos, sino en su propia vida espiritual y en la relación que éstos tendrán con Dios Padre. Estas palabras cobran especial importancia si consideramos que casi el 50% de matrimonios terminan en divorcio, lo que resulta -muchas veces- en padres ausentes e hijos sin bases. Si somos o queremos ser padres en el futuro, hemos de tomar conciencia de nuestro papel en la salvación de las almas de nuestros hijos. Como cristianos, debemos ser Cristo no sólo en nuestros centros de estudios o trabajo, sino principalmente, debemos pedir la gracia del Padre para ser Cristo en nuestras propias familias.

Confianza en Dios Padre, saberse hijo amado de Dios

La figura paterna en este video puede ser también traducida al plano espiritual, y ver en ese personaje a Dios Padre.

¿Cuántas veces las circunstancias de la vida, el desasosiego, el miedo parecieran empujarnos a dudar del amor de Dios? La tentación de este pensamiento en un día normal, cuando las cosas van aceptablemente bien puede parecernos inofensiva, pero qué rápido esta tentación cobra fuerza cuando nos encontramos en medio de la angustia, en medio de un problema que parece irresoluble… Puede ser desde algo relativamente simple, como cuando la hija adolescente está en el escenario petrificada por el miedo, hasta alguna tragedia dentro de nuestra familia. Sin embargo, son estos mismos momentos de noche oscura, de sufrimiento, de angustia que pueden convertirse en verdaderos aliados de nuestra alma, pues nos ayudarán a cimentar nuestra confianza y a purificar nuestro amor por el Padre. Como decía el recientemente beatificado Padre Oscar Romero:

«Pasarán estos sufrimientos. La alegría que nos quedará será que, en esta hora de parto, fuimos cristianos». Qué dichosa será aquella alma que, a pesar del miedo y la incertidumbre, se supo asir del amor de nuestro Dios, aprendió a amarlo no por lo que pudiera recibir de Él, sino por Él mismo. Aprender a buscar más que su favor y sus bendiciones, buscar Su rostro… todo esto es ganancia.

Dios es fiel. Su amor y su presencia no nos abandona

Como hijos de Dios estamos llamados a confiar en el Padre, pues si hay algo de lo que podemos estar seguros es que Dios es fiel (1 Cor 10, 13). Por supuesto, esto es más fácil de decir que de vivir pues hasta nuestro mismo Señor en la cruz experimentó la soledad y el desconsuelo, producto de hacerse pecado por nosotros. El Padre Hurault lo explica de la siguiente forma: «El mismo Jesús, el propio Hijo de Dios, tuvo el sentimiento de llamar en vano a su Padre, que calla y priva a su Hijo de toda consolación celestial. Tal fue la prueba suprema, a la cual Jesús quiso someterse para cargar con nuestros pecados. Pero, en medio de estas tinieblas tremendas, hay en lo más profundo del alma de Jesús una luz que no vacila. Sabe que, a pesar de su silencio, el Padre está siempre con Él…».

También, aunque -como en el video o en la cotidianidad de nuestra vida- nuestro Padre parezca a veces ausente, hemos de tener la certeza que siempre estuvo ahí. Es un Padre que no solo nos escucha y se interesa por nosotros, sino que nos ha amado desde el principio de los tiempos. Un Padre que verdaderamente se duele con nosotros y está atento a cada uno de nuestros pasos. Si hemos comprendido esto, diremos como en el salmo: «¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él cuides?» (Sal 8, 5). Más aún, nuestro Señor lleva esta enseñanza a su culmen cuando nos confirma: «No teman, hasta los cabellos de sus cabezas están contados» (Mt 10, 30). ¿Cómo dudar entonces de un Dios tan tierno que se inclina hacia nosotros, de un Padre que no se cansa de comunicarnos su amor?

Si abrimos nuestros ojos a la realidad de ser hijos de Dios, practicaremos lo que San Josemaría Escrivá llamaba “filiación divina”. El sabernos hijos amados de Dios Padre transformará nuestro actuar, seremos verdadero testimonio y podremos evangelizar a los demás con nuestra propia vida, pues: «Evangelizar no es hacer propaganda para el Evangelio, sino demostrar la fuerza que tiene para sanar a los hombres de sus demonios» (Padre Bernardo Hurault). Seamos pues luz y testimonio en medio de este mundo tan necesitado de cristianos comprometidos, de verdaderos seguidores de Cristo, que junto a Él se saben hijos amados del Dios vivo -fuente de su alegría- y que se comportan en coherencia a tamaña dignidad.