¿Qué es la amistad? Pregunta perenne como el amor. De esas que no se pueden responder con el concepto, mas con el contacto. Solo la experiencia vivida, en primera persona, puede desvelar su misterio. Conocimiento por connaturalidad dirían los medievales. Es una de esas dimensiones de la vida que no se dejan atrapar fácilmente. No por nada, Aristóteles le dedica un entero capítulo de reflexión en su libro Ética a Nicómaco (libro VIII), donde nos regala perlas de gran valor: «La más alta forma de justicia parece ser una forma amistosa», «La amistad consiste más bien en amar que en ser amado», «La amistad es la cosa más necesaria en la vida», «La amistad es una virtud o, como mínimo, va acompañada de virtud».

A través de estos extractos, poco a poco se va aclarando nuestro horizonte, sin embargo, ¿qué es exactamente la amistad? Visto que es una virtud o va acompañada de ella, ¿qué persona es la medida ejemplar de ella?, ¿dónde podemos contemplar estas reflexiones en carne y hueso? Especialmente hoy en nuestro tiempo, tan desvirtuado y desencarnado a causa de las nuevas realidades virtuales, que tanto nos alejan del verdadero contacto y del auténtico compromiso existencial. Hoy, tiempo tan distinto de aquel en que reflexionó Aristóteles. Hoy, cuando para entablar  una amistad basta tan solo hacer un click. ¿Qué es la amistad?


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En ese sentido, creo que el video de hoy nos sale al paso para darnos una pista. En él encontramos parte del correlato existencial, o de la corroboración vital, de muchas de las ideas e intuiciones del gran filósofo griego: amistad que es virtud; amistad que es justicia; amistad que es más amar que ser amado. ¿Tienes un amigo así, es decir, alguien que encarne estas dimensiones? No es fácil. Dicen que a los verdaderos amigos se les puede contar con los dedos de una mano… tal vez se debe exactamente a esto. Pero, ¿cómo podemos encontrar un amigo auténtico? ¿Con qué criterios podemos juzgar? La Biblia, que supera a todos cuando de afronta este enigma se trata, en su emblemático y conocido libro del Eclesiástico 6, 5-17, nos alecciona sobre este discernimiento con maravillosa profundidad:

[dropcap]«L[/dropcap]as palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones. Que sean muchos los que te saludan, pero el que te aconseja, sea uno entre mil. Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto. Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de aflicción. Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa. Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción. Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores; pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista. Sepárate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos.

Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor.  El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo».


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El video de hoy también refleja la amistad como aquí viene descrita: amistad fiel, que  no es ocasional; amistad probada, que no se deja amedrentar ante la aflicción, sino que por el contrario se vuelve más fuerte; amistad que es refugio… que es bálsamo de vida.  ¿Qué es la amistad entonces? Todo esto y más. El sacerdote ortodoxo Pavel Florenskij, en un libro del título homónimo, llega incluso a afirmar que se trataría del amor más alto, vértice incluso del amor esponsal. La amistad según este gran teólogo ruso no sería algo opcional, algo añadido o accidental a nuestra existencia, sino más bien la esencia misma de nuestro “yo”, nuestra más profunda vocación, o en otras palabras, se trataría de la meta para la cual hemos sido creados y llamados por Dios: llegar a ser un único Cuerpo con los demás para compartir con ellos una misma mirada en el amor, «esa capacidad de participar en la visión del otro, ese saber compartido, que es el saber propio del amor» (Lumen Fidei 14).

Como el amigo en la mochila avanzamos también nosotros, a través de la historia, sobre la espalda de gigantes (amigos vivos o del pasado, que ahora viven en el cielo). Ellos nos permiten amar y ver más allá (y mejor). De hecho, «la experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible tener una visión común, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada. El amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada común de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad. En esto consiste también el gozo de creer, en la unidad de visión en un solo cuerpo y en un solo espíritu» (Lumen fidei 47)

Repitámoslo, la amistad es la esencia misma de nuestro “yo”, y nuestra existencia solo encontrará auténtica paz, plenitud y realización si alcanza este estado profundo de comunión amical con los demás. Meta tan hermosa, cuanto desafiante: ¿cómo lograremos superar las tantas dificultades (miedos, inseguridades, heridas pasadas, etc) que nos llevan a escondernos detrás de una pantalla? No depende de nosotros, de nuestras fuerzas. Es el Señor quien nos da este don. Busquémoslo a Él, pidámoselo a Él. Su amistad es la fuente y la meta de todas nuestras amistades. En Él, con Él y por Él es que conseguiremos abrir de par en par nuestro corazón. Él es la medida y el fundamento de nuestra unidad. Fue Él mismo a confirmárnoslo:

«Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,12-15).