vidas de santos

Seguro que el título llamó tu atención, ¿verdad? Solo, antes de que te alarmes y cierres la página, déjame explicarte por qué lo escogí. Muchas veces pensamos que los santos tuvieron vidas aburridas o que nacieron con una aureola en la cabeza, que fueron casi inmaculados y perfectos. Y, aunque sea cierto que algunos llevaron vidas calladas o ejemplares desde niños, no todos vivieron o viven así.

Con un sencillo listado y una pequeña descripción de sus vidas, quiero proponerte que reflexiones sobre las concepciones erróneas que podemos tener sobre los santos: que los santos tuvieron vidas monótonas, que eran genios, que no tuvieron éxito profesional, que la mayoría son ancianos y célibes. Y así, ayudarte a relacionarte mejor con ellos en el Día de Todos los Santos.

Aquí encontrarás vidas ejemplares — no todos en este listado han sido canonizados — , de todas las épocas, lugares y condiciones sociales, para que veas que todos, incluso tú y yo, podemos llegar a serlo. A ser, como solía decir San Josemaría, «Santos de altar».

De pescador a Papa

vidas de santos

Ya todos conocemos la historia de San Pedro, ¿verdad?, fue el primer Papa. Lo que nunca hemos pensado es en sus compañeros de pesca. Deja que me explique, la decisión de San Pedro de seguir a Jesús le llenó la vida de aventuras: viajó por el mundo, participó en momentos históricos y habló con reyes y emperadores. ¿Aún crees que seguir a Jesús te hará ser aburrido, encerrarte o no salir de la parroquia?

Por otro lado, ¿qué piensas que hicieron sus compañeros de profesión? Probablemente, nada más que pescar en el Mar de Galilea, lo que no tiene nada de malo. Lo que quiero transmitirte es que ser santo, seguir a Jesús, no es aburrido: te llenará la vida de aventuras, experiencias y emociones.

El malabarista de la Virgen

«Vieron a Bernabé — un monje francés — ante el altar de la Santa Virgen, cabeza abajo, los pies en el aire, haciendo malabares con seis pelotas de cobre y doce cuchillos. En honor de la santa Madre de Dios realizaba estos actos, que antes le habían ganado renombre».

Una historia sencilla que nos ayuda a recordar que no todos los santos tienen que ser teólogos, filósofos o saber hablar latín.

Jesús va a recibir con igual, o más cariño, si le entregamos todo lo que sabemos, aunque sea poco: Él lo convierte en frutos extraordinarios.

Pienso que el final de la historia de Bernabé lo transmite mejor, «vieron que la Virgen María bajaba la escalinata del altar y avanzaba para enjuagar con un pliegue de su túnica azul el sudor que bañaba la frente del malabarista».

El lord canciller de Enrique VIII

¿Sabes quién es? Si no, no importa, yo tampoco lo sabría. Es santo Tomás Moro, lord canciller del rey. Y hago énfasis en su puesto, la mano derecha de un rey muy poderoso, porque nos puede ayudar a reflexionar en lo siguiente, ¿puedo servir a Dios desde un puesto alto? ¿Es mejor no ser político o empresario por qué es fácil alejarse de Dios?

Algunas veces podemos pensar – al menos a mí si se me ha pasado por la cabeza – que las personas en puestos altos (empresarios, políticos o, incluso, los ricos) no pueden ser santos.

Como si los exitosos no pudieran entrar al cielo o agradar a Dios. Nada más lejos de la realidad, Santo Tomás Moro lo demuestra: no es contradictorio tener éxito profesional y ser santo.

Con la fuerza de la juventud

Estamos acostumbrados a ver pinturas y estatuas de santos ancianos, envejecidos, con sus largas barbas blancas o con los rostros demacrados. Se nos olvida que los jóvenes también pueden serlo, especialmente porque aún poseen, innatamente, la «fuerza de la juventud». El ejemplo de Montse Grases durante su enfermedad lo demuestra.

A pesar de los dolores causados por un cáncer de hueso, que comenzó a sentir a los 17 años, nunca perdió su contagiosa alegría ni su capacidad de hacer amigos.

Acercó a muchos de sus amigos y compañeros de clase, que fueron a visitarla, a Dios. Sus seres más cercanos fueron testigos de su progresiva unión con Dios y de cómo transformó su sufrimiento en oración y apostolado.

¡Nunca es tan temprano para ser santo!

Al cielo de dos en dos

En este caso no hablaré de un santo, sino de dos: de Tomás y Paquita. Un matrimonio que se santificó junto: convirtiendo las actividades ordinarias de su familia en una alabanza a Dios. En palabras de San Josemaría, hicieron de su casa «un hogar luminoso y alegre».

Para que no pensemos que solo los religiosos o sacerdotes pueden ser santos. Todos podemos serlo, sin importar nuestro estado civil: solteros, casados, viudos…

Se santificaron juntos. Y no hicieron nada extraordinario, solo quererse cada día más. Son un gran ejemplo para todas las parejas. Nos pueden enseñar cómo convertir los problemas matrimoniales, los quehaceres diarios, el cansancio del trabajo y el cuidado de los niños en amor a Dios. Es sorprendente ver cómo mantuvieron tanto amor y cariño a lo largo de tantos años.

Si quieres, puedes aprovechar este día, para encomendarte a tu santo favorito: con el que conectes mejor o el que creas que entendería tus luchas. También, no olvides contarnos en los comentarios cuál es tu santo favorito y lo que piensas sobre este listado.

¡También dinos qué otras vidas de santos consideras ejemplares!