via crucis y estaciones

Una devoción para el Viernes Santo es el rezo y la contemplación de las estaciones del Vía Crucis . Te comparto uno meditado, que puedes rezar en familia, en la parroquia o, simplemente, llevándolo a la oración personal.

Antes de rezar las estaciones del Vía Crucis

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R/. Amén.

Querido Jesús:

Tú sabes que también nosotros tenemos cruces, cada uno de nosotros tenemos dificultades, cosas que nos duelen y nos dan miedo. Tú nos escuchas, nos tienes en cuenta y nos invitas a compartir contigo este momento de amor, de entrega, de sacrificio. Aquí ponemos delante de ti todo lo que nos da miedo, todos nuestros deseos e inquietudes. 

Querido buen Jesús: tú sabes lo que es sentirnos solos, sabes lo que es tener miedo, sabes lo que es sentirte defraudado. En este momento te pido que de la misma manera que tú confiaste en la voluntad de Dios Padre, nos ayudes a tener en mente esa única voluntad que nos llevará al Cielo, a ese encuentro deseado contigo.

Mi querido buen Jesús: quiero permanecer a tu lado. En este momento quiero quedarme en cada uno de los pasos que vas a dar por mi. Quiero que tu dolor se convierta en mi dolor, que pueda sentir el peso de la Cruz, de ese sacrificio que has hecho porque me amas con locura. 

También te pido que nos ayudes a cargar con nuestras cruces cada día como Tú cargaste con la tuya. Ayúdanos a ser cada vez más buenos, a ser como Tú nos quieres. Y te agradezco porque sé que siempre estás cerca de mí y que nunca me abandonas, sobre todo cuando tengo más miedo, y porque has enviado a mi Ángel custodio que cada día me protege e ilumina. Amén. 

A continuación, las 14 estaciones del Vía Crucis, meditadas

I Estación: Poncio Pilato condena a Jesús a muerte

via crucis y estaciones

Pilato les habló de nuevo, porque quería liberar a Jesús, pero ellos gritaban: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Entonces Pilato decidió acceder a su petición: les dejó en libertad al que pedían, que estaba en la cárcel por disturbio y homicidio, y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran (Lc 23,20-21.24-25).

Meditación

Cuantas veces no he sido yo el que he gritado “crucifícalo” con mis pecados. Muchas veces te he olvidado, te he traicionado, he olvidado las cosas maravillosas que has hecho en mi vida y he preferido darte la espalda y te he dejado solo. 

Pensemos en esas veces que hemos preferido a Barrabás, las muchas veces que antes de hacer el bien hemos elegido ese mal que no nos hace felices. No lo recordemos con tristeza, sino con el propósito de no seguir haciéndolo, o por lo menos de ser cada vez más conscientes de nuestra debilidad 

Oración 

Jesús, concédeme un corazón sencillo y sincero, así tendré el valor y la fuerza de caminar en tu justicia, aun en las dificultades. «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo» (Sal 22,4).

Oremos

Señor, Padre bueno,
infunde en nosotros tu Espíritu Santo
y concédenos tu fortaleza,
porque solo así tendremos la valentía
de testimoniar tu verdad,
que es camino de felicidad y paz
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

II Estación: Jesús con la cruz a cuestas

Los hombres que habían detenido a Jesús se burlaban de él y lo golpeaban y, tapándole los ojos, le decían: «¡Adivina!, ¿quién te pegó?». Y le gritaban toda clase de insultos (Lc 22,63-65).

Meditación

Es posible que no nos reconozcamos burlándonos de Jesús, pero es posible que alguna vez hayamos presenciado alguna burla y no hemos sido capaces de defenderte. Podemos ser débiles y haber tenido miedo a levantar la voz para proclamar nuestra fe.

Pensemos en las veces que no hemos sido capaces de hablar de ti, las veces que nos hemos ocultado por comodidad o por miedo, y pidamos a Dios que nos ayude a ser valientes, a amar de la misma manera que Él nos ha amado: hasta el extremo. 

Jesús nos ha enseñado a amar y en su amor se encuentra la respuesta a todos los sufrimientos. Tenemos que estar dispuestos a todo para no hacer el mal a los demás, por el contrario, para hacerles el bien.

Oración 

Jesús, nada nos separará de tu amor. Haznos capaces de amar a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que sufren el dolor de la incoherencia o la falta de amor.

Oremos

Señor, Padre bueno, que nos has enviado a Jesús,
obediente hasta la muerte,
concédenos la fuerza de tu amor
para tomar con valor nuestra cruz.
Concédenos tu esperanza y sabremos reconocerte
incluso en los momentos más oscuros de nuestra vida.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

III Estación: Jesús cae por primera vez

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Él cargaba y soportaba nuestros dolores; nosotros lo consideramos un castigado por Dios, golpeado y humillado. Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y quebrantado por nuestros crímenes (Is 53,4-5).

Meditación

Tú te has hecho débil por mí, has sufrido el dolor, la soledad, la incomprensión por mí. Gracias por haberme querido tanto. 

Quiero pensar en todas las veces que yo me he caído y tú, de manera tan generosa me has levantado. Te quiero dar las gracias por el amor que me tienes y por el peso que has cargado. Quisiera que mi amor aliviara el peso de la Cruz. 

Hoy sé que cada día vacilamos y podemos caer, pero Jesús está siempre ahí para tendernos la mano, para hacerse cargo del peso de nuestras cruces y volver a encender en nosotros la esperanza.

Oración 

Jesús, has caído debajo de la gran cruz que llevabas. También yo caigo a menudo y me lastimo. Protégeme en mi camino y concédeme la fuerza de llevar mis cargas junto a Ti.

Oremos

Señor, has asumido nuestros sufrimientos
y los has compartido hasta el patíbulo que aplasta y humilla.
No nos abandones bajo el peso de nuestras cruces,
que a veces nos parecen demasiado pesadas.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

IV Estación: Jesús encuentra a su Madre

Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: «Ya no tienen vino». Pero Jesús le contestó: «Mujer, ¿qué tiene que ver eso con nosotros? Todavía no ha llegado mi hora». Pero su madre dijo a los que servían: «¡Hagan lo que él les diga!» (Jn 2,3-5).

Meditación

Unámonos por unos instantes al dolor de María, entremos en esas miradas. El dolor de esos corazones que se encuentran y se miran con un amor, sin rastro de pecado, sin odio ni resentimiento, en la plena y absoluta libertad que da el amor y la elección de entregarse sin medida.

Quedémonos por unos segundos contemplando a María, ¿qué pasará por su mente? Seguro recordará cuando llevaba a su precioso Niño en brazos, ¿cómo deseará poder llevarlo ahora?

Ahora mira a Jesús, su mirada limpia, con dolor, pero con la firmeza del amor. En esa mirada nos ve a todos y nos dice “lo hago por ti”. 

Oración 

Jesús, haznos capaces de dejarnos abrazar por María nuestra madre del Cielo.

Oremos

Señor, Padre bueno,
concédenos que encontremos la mirada amorosa de María,
para que cada uno de nosotros,
libres de la propia soledad interior,
podamos descansar en el abrazo maternal de Aquella
que en Jesús abrazó y amó a todos los hombres.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

V Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

via crucis y estaciones

Cuando se llevaban a Jesús detuvieron a un hombre de Cirene, llamado Simón, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz para que la llevara detrás de Jesús (Lc 23,26).

Meditación

Hoy yo quiero ser tu Cirineo, quiero tomar tu Cruz y cargala contigo. Sé que mi ayuda puede llegar tarde, puede que no sea suficiente, pero sé que me agradeces lo poco que puedo hacer. 

Quiero quedarme contigo, ayudarte así sea mínimamente, estar detrás de ti y susurrarte, ¡gracias Jesús! Sé que estás cansado, que todo te duele y que poco puedo hacer para aliviarse, pero aquí estoy. Te veo y no puedo más que agradecer el enorme esfuerzo que haces y sigues haciendo. Veo que no te rindes, que sigues derramando tu Preciosísima Sangre por mí. Me sigues guiando y mostrando el camino. Ayúdame a ver en mi cruz de cada día el camino para seguirte a ti y amarte más y más. 

Oración 

Jesús, hazme acoger con amor a todos los hermanos que encuentre en mi camino y que pueda ayudarles a cargar con sus cruces. Quiero acompañar a los que más sufren.

Oremos

Señor, haznos capaces de reconocerte en los
que encontramos a lo largo de nuestro camino;
danos la valentía y el gozo
de dar de comer al que tiene hambre,
dar de beber al que tiene sed, acoger al extranjero,
vestir al que está desnudo y curar al que está enfermo,
para encontrarte y acogerte en todos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

VI Estación: Una mujer enjuga el rostro de Jesús

Entonces los justos le preguntarán [al Rey]: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que siempre que ustedes lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (cf. Mt 25,37-40).

Meditación

Una de las estaciones del Vía Crucis que nos deja nos has dado un rgalo inmenso: el regalo de la imprenta de tu rostro. Nos has dejado tu imagen con la tinta preciosa de tu Sangre. Nos has dejado verte y contemplar la magnificencia de tu amor por nosotros. En este encuentro tú nos has permitido servirte. Piensa que eres tú quien limpia el rostro del Amado. Quédate delante de su rostro ensangrentado y deja que su dolor perfore lo más profundo de tu corazón. Deja que su dolor se convierta en tu dolor y póstrate ante el amor más grande que se entrega por ti. 

Ahora piensa que un encuentro, una mirada, un gesto pueden cambiar nuestro día y llenar nuestro corazón. En el rostro afligido de un amigo, o incluso de un desconocido, está el rostro de Jesús que pasa por el mismo camino que yo… ¿Tendré la valentía de acercarme?

Oración 

Jesús, concédeme cruzarme con tu mirada en los momentos de dificultad, para que así pueda encontrar consuelo en tu amor.

Oremos

Señor, haz que la luz de tu Rostro,
lleno de misericordia,
alivie las heridas del abandono y del pecado que nos afligen.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

VII Estación: Jesús cae por segunda vez

via crucis y estaciones

Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Él cargó sobre su cuerpo nuestros pecados, llevándolos al madero, para que, muertos al pecado, viviéramos para lo que es justo (1 P 2,22.24).

Meditación

Y caes, otra vez. El peso de la Cruz, de mis pecados, es enorme. Lo haces por mí y no me lo reprochas. No me miras con ojos de juicio o de resentimiento, sino con compasión y ternura. ¡Qué fuerza más grande! Sigues adelante por el amor que me tienes. No te quedas ahí, sino que te levantas para seguir con el camino que llevará a la plenitud de tu entrega. 

Pareciera que quieres llegar. Aunque se hace pesado, tu amor lo hace posible, te levantas y continuas con la entrega. Yo sigo ahí a tu lado. Quisiera darte la mano, ayudarte a levantarte y seguir diciendo gracias, Señor. 

Oración 

Jesús, hazme instrumento de tu amor, haz que yo escuche el lamento de quien vive una situación difícil, para poder consolarlo.

Oremos

Señor, Tú caíste por tierra como cualquier otro hombre.
Concédenos la fuerza de volver a levantarnos
aun cuando no tenemos ni siquiera el deseo de hacerlo.
Aumenta en nosotros la convicción
de que, aunque estemos cansados y desanimados,
contigo a nuestro lado siempre podemos volver a caminar.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

VIII Estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: «¡Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí! Lloren más bien por ustedes y por sus hijos» (Lc 23,27-28).

Meditación

En esta estación, nuevamente nos recuerdas que lo haces por nosotros. Nos recuerdas que el pecado duele y que debemos intentar huir de la tentación. Nos pides que reflexionemos en nuestras propias cruces, en las que nos llegan impuestas de fuera y en las que nos construimos con nuestros pecados. Ayúdanos a reconocer la diferencia y a emprender el camino de la sanación y liberación de esas cruces construidas que hacen más pesadas las que nos vienen impuestas. 

Hoy te pedimos que nos abras los ojos y nos ayudes a ver esos pecados que hacen nuestras cruces más pesadas: la soberbia, el orgullo, la pereza, la gula o tantos otros que nos hacen la vida más difícil. Te pedimos que reconociéndolos empecemos un camino de liberación y, de tu mano, podamos llevar la cruz de cada día menos pesada. 

Oración 

Jesús, que has llenado nuestros corazones de dulzura y sensibilidad, haznos capaces de ver cuando nos alejamos de ti, condúcenos a la vida de la luz y la paz.

Oremos

Señor, Padre bueno,
haznos testigos creíbles de tu misericordia;
haz que nuestras palabras y nuestras acciones
sean siempre un signo sincero y gratuito de caridad
y que vivamos con fe y fervor nuestra vida, 

cargando con nuestras cruces y siguiéndote siempre.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

IX Estación: Jesús cae por tercera vez

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[Jesús dijo:] Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere queda solo; pero si muere da mucho fruto. El que se apega a su vida la perderá; el que desprecia la vida en este mundo la conservará para la vida eterna (Jn 12,24-25).

Meditación

Y vuelves a caer, qué dolor más grande, ya no te queda más para dar y aún sigues siendo generoso. Caes por falta de fuerza, pero te levanta la fuerza del amor. Las ganas de seguir entregándote, sabiendo lo que nos ibas a dejar: tu propia vida, tu presencia y la promesa de la resurrección. 

En este momento caes por la fragilidad de tu humanidad herida y continuas por la grandeza de tu divinidad fiel. Te levantas para mostrarnos los frutos que puede dar el sufrimiento el dolor cuando se entregan por amor, cuando se ofrecen por los que más lo necesitan. Nunca dejes que tu dolor o sufrimiento pase en vano, únelo a la Cruz redentora de Jesús. 

Oración 

Jesús, luz eterna, te suplico que resplandezcas cuando me pierdo en oscuros pensamientos y me alejo de Ti. 

Oremos

Señor, que subiste al Calvario como cordero para el sacrificio,
ilumínanos en esta noche oscura,
para que no nos extraviemos en estos momentos difíciles.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

X Estación: Jesús es despojado de las vestiduras

[Los soldados] lo crucificaron y se repartieron su ropa por sorteo, para ver qué se llevaba cada uno. Así se cumplió la Escritura: Se han repartido mi ropa entre ellos y sortearon mi túnica (Mc 15,24; Jn 19,24b).

Meditación

Lo has entregado todo, hasta tu vestidura, quedas desnudo delante de todos, mostrando que no tienes nada que quieras quedarte, que te das sin reservarte nada. ¡Qué generosidad más grande has mostrado con nosotros, Señor. Tú nos muestras el camino del verdadero desapego. 

Ayúdanos a ver esas cosas que nos tienen esclavizados. El deseo de poder, el dinero, la buena fama, alguna cosa. Es posible que tengamos algo de lo que no nos queremos desprender, pensemos en esas cosas valiosas económicamente que nos aprisionan, puede ser el móvil, el coche, alguna joya de la que no nos queremos desprender. 

Que las cosas sean eso, cosas y que nada se nos vuelva indispensable, porque teniéndote a ti, qué más puedo desear. 

Oración

Jesús, vela sobre mi corazón, hazlo libre de la esclavitud de las cosas materiales. Ayúdame a no dar solo lo superfluo, sino también algo necesario.

Oremos

Señor, Padre bueno, llena nuestras lagunas,
haznos generosos para compartir con los hermanos
los dones de tu providencia.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

XI Estación: Jesús es clavado en la cruz

El pueblo estaba contemplando. Los jefes se burlaban y le decían: «¡Salvó a otros! ¡Que se salve a sí mismo si este es el Mesías de Dios, el elegido!». Los soldados también se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «¡Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo!» (Lc 23,35-37).

Meditación

Recibes burlas e insultos y sigues mirando con amor. Te desprecian y humillas y tú perdonas con el corazón. ¿Cuántas veces no hemos sido humillados y nos hemos resistido a recibir lo que no creemos merecer, nos hemos quejado y reprochado? Tú, siendo Dios, dejaste que te hicieran todo esto y perdonaste, en ese mismo momento, no dejaste pasar tiempo, no tuviste que pensarlo, simplemente perdonaste. 

En esta estación, Señor, ayúdanos a comprender el misterio de la entrega. El darlo todo sin pedir nada a cambio, sin echarlo en cara. Ayúdanos a ver en la humillación que recibimos, la posibilidad de perdonar y ser más como tú. Que cuando recibamos los golpes, las humillaciones y seamos rechazados, recordemos que tú los has vivido primero y que nos has enseñado que el amor siempre da frutos. 

Oración

Jesús, líbranos de nuestro orgullo y de nuestros prejuicios, haz que nuestro corazón esté abierto a los demás.

Oremos

Señor, danos la gracia
de no permanecer abrumados por nuestros pecados,
y ayúdanos a ver en cada una de nuestras debilidades
una posibilidad nueva
para manifestar la fuerza de tu cruz,
que da vida y esperanza.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

XII Estación: Jesús muere en la cruz

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Era casi mediodía y se oscureció toda la tierra hasta media tarde, porque el sol había dejado de brillar. La cortina del Templo se rasgó por la mitad. Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «¡Padre, en tus manos entrego mi espíritu!». Y, después de decir esto, expiró (Lc 23,44-46).

Meditación

Nuestro Dios, el más bello de los hombres, ha muerto. Humillado y despojado, ha entregado la vida por ti. En este momento contemplemos, cada rincón de su piel herida, cada centímetro sangrante. Veamos el dolor de su madre y contemplemos la escena con los ojos del arrepentimiento y la gratitud. 

 Es verdad, no hay amor más grande que el de Aquel que no teniendo, decide libremente, entregar su vida por todos, aun por los que lo humillan, lo rechazan e ignoran. El amor de este Dios hecho hombre es incomparable y al mismo tiempo es el amor al que estamos llamados por la gracia. 

Te pido Señor nos des un corazón como el tuyo y nos ayudes a entregarnos sin reservas. 

Oración 

Jesús, danos la fuerza de perdonar, Tú que has dicho: “Habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”.

Oremos

Señor Jesús,
que has muerto en la cruz por nosotros,
acoge nuestra vida
que se une a la tuya
como una ofrenda perenne y definitiva.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

XIII Estación: El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz

Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea llamado José, quien también se había hecho discípulo de Jesús, y se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran (Mt 27,57-58).

Meditación

En esta estación te vemos ya sin vida, traspasado, ser bajado de la cruz y entregado a las manos de tu madre. Virgen preciosa, en este momento nos quedamos a tu lado. Te agradecemos tu generosidad. Dijiste si al plan de Dios, fuiste la sierva obediente y te despojaste de tu preciado tesoro. Tu hermoso Niño. Tú nos lo diste hecho niño, suave y tierno, amoroso, dulce, y nosotros te lo devolvemos herido, ensangrentado y humillado. 

No hay dolor más grande y tú lo vives con la serenidad de no tener pecado alguno. Vives el dolor sin odio por los que lo hemos matado con nuestros pecados. No nos recriminas que hemos matado a tu hijo y todavía más nos recibes como hijos tuyos. Madre buena, gracias por tu amor, gracias por tu intercesión. 

Oración 

Te damos gracias, Jesús, porque con tu muerte en la cruz nos has dado la fuerza de la esperanza.

Oremos

Oh Señor, Padre bueno,
concédenos sentirte cercano,
como presencia que consuela y reconcilia,
hasta el momento en que, por un don de tu providencia,
nos llames para que seamos uno solo contigo.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

XIV Estación: El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro

José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en el sepulcro nuevo que él había excavado en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y se fue (Mt 27,59-60).

Meditación

Por fin reposas, descansas de nuestro castigo. Ya recostado, con las marcas del amor, descansa el Dios hecho hombre. Te vas sin nada, ni siquiera tu lugar de descanso. Realmente te hemos dejado sin nada. 

Quiero ser como José de Arimatea, dejarte lo poco que tengo. Ser como esas mujeres que limpiaron tu cuerpo. Servirte y entregarte todo. 

En esta estación ayúdanos a recordar que no tenemos nada sin ti, que todo lo que creemos tener, ha sido un regalo que tú nos has dado. Quiero vivir en el reconocimiento de que tú eres mi más grande tesoro. Que tu amor es lo más grande que puedo tener y que las cosas (dinero, fama, éxito) son solo pasajeros y me han sido dados para servir. Quiero recordar que mis dones y talentos no son míos, sino que tú me los has dado para servir a los que pones a mi alrededor.  

Oración

Jesús, ayúdanos a no interrumpir nuestra oración cuando sentimos el corazón pesado ante la piedra de tu sepulcro.

Oremos

Oh Señor, Padre bueno,
cuando el camino de la vida nos muestra historias difíciles,
concédenos la esperanza de la Pascua,
paso de la muerte a la resurrección.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Oración final

Después de caminar contigo en esta vía dolorosa, queremos guardar un silencio interior, sabiendo que dejaste de estar entre nosotros, pero que has prometido volver. Esta es una despedida con la esperanza del reencuentro. Contemplamos el dolor de cada una de las escenas con la mirada del amor y de la esperanza. 

Es verdad que solo tú puedes sacar bien del mal, y de este enorme mal que es tu muerte en la Cruz, nos has traído el gozo de la salvación. Has abierto las puertas del Cielo y nos has hecho la invitación a cargar con nuestra cruz, para que al final de nuestros días vivamos contigo la dicha de la resurrección. 

Por Cristo nuestro Señor. Amén.

¿Qué estaciones del Vía Crucis te conmueven especialmente?

Comenta cuáles son las estaciones del Via Crucis que en esta oportunidad te sorprendieron, que te hablaron de una manera nueva.

Luego, comparte con otros esta devoción, háblales de la preciosa costumbre de rezar el Via Crucis y contemplar las 14 estaciones que nos ayudan a meditar en la Pasión de nuestro Señor.