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Hace poco me pidieron una charla acerca de Jesús, y tuve la tentación de hacer algo teórico, como si fuese una clase de catecismo. Obvio no habría tenido nada de malo, aunque quizás resultase un tanto aburrido.

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Al pensarla, sin embargo, recordé una impresión que había tenido al leer durante las últimas semanas el libro de Hechos de los Apóstoles. Cuando los apóstoles predicaban acerca de Jesús no lo hacían compartiendo una teoría, sino como testigos de lo que habían visto.

Contaban lo que habían visto y oído, y ese era su testimonio. Me hice entonces la pregunta: ¿Qué he conocido acerca de Jesús? ¿qué he visto y oído de Él?, ¿qué nos une y cómo definiría mi relación con Él?

No busqué la respuesta en la teoría, ni en libros de teología. La busqué en mi vida, en los momentos donde yo había experimentado más cerca a Jesús. Quiero compartirles lo que encontré, y quizás animarlos a que cada uno complete, desde su propia experiencia, a aquel Jesús que hemos conocido en nuestra vida.

Obvio es siempre el mismo Jesús, solo hay uno, pero cuando nos acompaña en diversos momentos de la vida, vamos conociendo distintas facetas de Él y enriqueciendo nuestra relación. Les quiero presentar al Jesús que en estos años he conocido:

Yo he conocido a un Jesús…

1. Un Jesús que me llamó amigo

Increíble pero cierto. Me dijo que yo era importante para Él. Que se preocupa por mí, que siempre lo puedo buscar, y que nunca se apartó ni dejó de quererme. Me hizo experimentar lo bonito que es estar con gente que me ama por quien soy, sin importar qué haga o qué no haga.

Me dijo: «Ustedes son mis amigos… a ustedes los he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer. No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes». (Jn 15,14–16)

2. Un Jesús que me dijo que no tenía por qué estar solo

¿Quién no se siente solo a veces? Incomprendido, incluso que no cuenta con alguien que lo ayude en un problema o en una situación, o siquiera para abrirle el corazón sin miedo.

«Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». (Mt 28,20)

3. Un Jesús que me consoló cuando estaba triste

Cansado, preocupado, o me sentía mal. Todos nos hemos sentido así a veces. ´Pero él me hizo ver lo bonito de la vida, me devolvió la sonrisa y la alegría.

«Vengan a mí todos los que están cansados y atribulados, y yo les daré descanso». (Mt 11,28)

4. Un Jesús que me tranquilizó cuando la conciencia me remordía

Cuando sabemos que hemos hecho algo mal, algo de lo que nos arrepentimos. Cuando pensamos que si los demás supieran esto que he hecho o que me ha pasado… ¿qué pensarían de mí?

«Les escribo esto para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el Justo». (1Jn 2,1)

«En esto sabremos que somos de la verdad, y tendremos nuestra conciencia tranquila ante Él, aunque nuestra conciencia nos condene, pues Dios, que lo sabe todo, está por encima de nuestra conciencia». (1Jn 3,19-20)

5. Un Jesús que me dijo que no debía tener miedo

Qué horrible es tener miedo. Sentirse amenazado, débil o frágil, y que no depende de uno la solución o la seguridad.

«Pero al instante les habló Jesús diciendo: ¡Ánimo!, soy yo; no teman». (Mt 14,27)

6. Un Jesús que me invitó a amarme a mí mismo

A mirarme con amor y no con reproche, amargura o tristeza. Suena raro, pero a veces parece que amarse bien a uno mismo es lo más difícil. Viene a nuestra mente todo lo que nos falta, nuestros errores, imperfecciones, dolores, angustias…

¿Qué tengo yo para ser amado? A veces queremos que nos amen por cosas tontas, y les ponemos tanto esfuerzo. Jesús me ama por cosas que de verdad son dignas de amar.

«Jesús, fijando en él su mirada, le amó». (Mc 10,21)

7. Un Jesús que me invitó a amar a otros

¿Se imaginan algo más bonito que alguien diga: descubrí que Dios me ama porque tú me amaste? «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Que, como yo los he amado, así se amen también ustedes los unos a los otros». (Jn 13,34)

«Mayor felicidad hay en dar que en recibir». (Hech 20:35)

8. Un Jesús que me invita a ser mejor

No a tener éxito, sino a ser mejor persona. El ideal que tenemos de ser mejores no siempre es el que Jesús sueña para cada uno de nosotros.

Él me invita a lo que de verdad vale la pena y me dice: «Alégrense de que sus nombres estén escritos en los cielos». (Lc 10,20)

9. Un Jesús que me invitó a ser libre

Porque muchas veces experimentamos que no lo somos, y que nos importa mucho lo que otros piensan. Me invitó a ser libre también de cosas que me hacen daño o me hacen más difícil el camino. ¿Cuál es la libertad de verdad? Solo hay una: la del amor. La que me hace amar, y esa está llena de servicio y oblación.

«Para ser libres nos ha liberado Cristo». (Gál 5,1)

10. Un Jesús que dio su vida por mí

«No hay mayor amor que dar la vida por los amigos». (Jn 15,13-14) Y yo, de verdad, de corazón, no quiero que esa muerte de Jesús, al menos en mí caso, haya sido en vano.

Por último y la más importante: Conocí a un hombre llamado Jesús que me dijo: soy Dios, y le creí. Siendo Dios, puedo confiar absolutamente en todo lo que me dice, sé que cumple todo lo que promete. ¡Y nunca me ha fallado! ¿A qué Jesús conoces tú?, ¿con qué versículo te sientes identificado?

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