¿Te suena la frase «He aquí la esclava del Señor?», seguro que sí. Ese Fiat perfecto y hermoso de nuestra Madre del Cielo es el gesto de amor, entrega y fe más grande que haya podido existir. Es un sí al que todos estamos . Pero, siempre me pregunté a qué se refería María cuando dijo ser la esclava del Señor. Ella hablaba, obviamente, no de una esclavitud terrenal, sino a aquella esclavitud de aquel que ha encontrado un verdadero amo a quien servir, alguien a quien confiarle la vida.

Viendo la película sobre la vida de santa Bakhita, pude entender un poquito más sobre lo que significa la verdadera esclavitud. Te dejo estos consejitos que aprendí con ella. (La puedes encontrar aquí).


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1. Las cruces son para llegar al cielo, pero también para ofrecerlas

Jesús nos dice en Mt 16,24: «Quien quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga». Las cruces estarán en nuestra vida, independientemente si las queramos o no, si las carguemos o no, si nos gusten o no; esto no hace que Dios sea un ser malo ni mucho menos. Precisamente, por ser Dios, es el único que puede sacar un bien mayor de algo que nos parece malo. Si Dios permite estos sufrimientos, pruebas, tentaciones, etc., es porque sabe que de ellos podemos sacar grandes frutos, siempre que los unamos a su cruz, que se los entreguemos.

2. Da, sin esperar (literalmente), nada a cambio

Esta santa me enseñó que no importa todo el sufrimiento que hayas vivido, lo más agradable a los ojos del Señor no serán tus sufrimientos, sino lo que hiciste con ellos, el amor que diste. Hay dos clases de personas: las que se quedan sufriendo y los que aprenden a sufrir con Cristo. 

El mayor acto de amor de Jesús fue la Cruz, allí dio todo por amor a nosotros, esa es la medida de nuestra donación. Entregarlo todo.


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3. Escoge un buen amo

Si hemos servido tantas veces al mundo, obedecido normas sociales, siguiendo modelos terrenales; ha llegado el momento de buscar un buen amo. Ésta elección parece de locos, pues para el mundo ser esclavos de alguien que “no vemos” es ilógico, pero para santos como santa Bakhita lo más lógico era obedecer a aquel que nos creó, lo veamos o no.

4. No preguntes. Si lo haces, que sea solo en casos extremos

El verdadero esclavo (aquel que sigue al verdadero amo) no cuestiona a su amo, busca confiar en Él. El amo ordena y él obedece con amor. Sabe que Él no hará algo para dañarlo, porque ese amo pagó un precio muy grande por él.

Dios es el mejor amo, uno muy bueno que al preguntarle, siempre nos responde.

5. Hazte uno con tu amo

La comunión con tu amo te ayudará a caminar con firmeza y seguridad en todos los momentos de tu vida. Dice San Pablo: «Ya no soy yo quien vive, es Cristo que vive en mi», la unión con Cristo no significa anular mi voluntad, significa unirme tan perfectamente a Él, que su deseo sea el mío y que mi deseo sea solo hacer su voluntad.

Escrito por Isabel Lombeida Suárez.